Calendiario
30 DE ENERO
1979.- Formalmente era el pase a retiro, la despedida. En realidad fue «Nos vemos en un rato». Este día, en la sede del Comando General del Ejército, el teniente general Gregorio Conrado Alvarez Armelino, deja su cargo como máximo jefe de esa arma y le pasa las responsabilidades a Luis Vicente Queirolo.
«El Goyo», todos los orientales lo sabían, era el cabeza de la dictadura desde los primeros momentos, ya cuando era jefe del Estado Mayor Conjunto y luego por su pasaje en la División de Ejército 4, con sede en Minas.
Claro que no fue el único. Avivar la memoria y que despierte lleva a recordar que en ese período sin democracia fueron muchos los comandantes en Jefe en el Ejército.
Primero, Hugo Chiappe Pose, luego siguió Julio César Vadora, tras quien llegó Alvarez, luego Queirolo y en pocos años, tres al hilo, Boscán Hontou, Pedro Aranco y Hugo Medina.
En esta jornada del cambio de mando castrense, Alvarez promete que será » un ciudadano más del país«. ¿Quién podía creerle? Nadie lo consideró nunca un igual, un vecino con el que tomar el mate y hablar de fútbol.
Más aún cuando advirtió, para tranquilizar a los suyos, que seguiría preocupado y muy atento la marcha de la política, cuestión que hizo hasta que logró su propósito, transformarse en el primer militar presidente de esa dictadura, ya sin petimetres.
Un editorial de LA REPUBLICA, ya en nuestra actual democracia, se repasaba un episodio vivido con un periodista que le preguntó en Artigas, acerca de qué ocurriría con las denuncias de las violaciones de los derechos humanos que dentro del país empezaban a expresarse.
Sin vacilaciones el general Alvarez respondió: «Acerca de lo que hemos hecho no tenemos nada que ocultar. Asumimos, defendemos y reivindicamos todo lo hecho por los gobiernos del proceso. Hemos salvado la patria. No tenemos nada que ocultar. El resultado de lo hecho está ahí». Lo de asumir lo hecho por los gobiernos de la tiranía, bien que se ha tratado de evitar.
Lo de la salvación de la patria parece un tiro al aire, un decir sin sentido ya que Uruguay nunca estuvo peor que en esos años ya que nada hicieron más que acumular desgracias. Pero además, si se salvó la patria se debería haber tenido coraje para sentir orgullo y no irse antes de entregarle el mando al electo Julio María Sanguinetti. Y si hubiera sido así, porque ha sido procesado por delitos de coautoría de homicidios y siguen sumándole otros ataques a nuestra humilde humanidad.
FELIZ DIARIO
*** Nace Jorge Pignataro Calero, primero crítico de cine, con dedicación total al teatro donde es uno de los estudiosos más profundos del mundo de las tablas. Tiene varias publicaciones sobre teatro independiente y hasta un Diccionario sobre directores y autores. «Los antifaces de la realidad» también registra su capacidad de veedor del teatro.
*** Nace Beatriz Santos Arrascaeta, escritora, investigadora con la mira puesta en el fenómeno «afro» y su inserción en América. Su labor la colocó, además, en un papel importante como activista defensora de los derechos humanos. Presidenta del Centro Cultural por la paz y la integración (CE.CU.PI.), «Afrodescendientes en el Uruguay», «Historias de Vida. Negros en el Uruguay», ambos con Teresa Porzecanski, «Mercado de esclavos. Se vende un negro», algunos de sus escritos. Ganó el Morosoli de Plata en el rubro Candombe.
*** Nace Eduardo Palacios Maceira, ingeniero agrónomo, economista blanco en la línea del Herrerismo. Fue integrante del Directorio del Banco Hipotecario del Uruguay.
*** Nace Magdalena Helguera, maestra, escritora con preferencia en lo infantil («Una enorme montaña de pasto», «Azul es el color del cielo», «Hoy llegan los primos», «Como un volcán», «A salto de sapo», «Un desafío como hay pocos», entre muchos).
LO PIENSO, LO DIGO
«La revolución es buena para los histriones. Sirven todos los gritos, todas las necedades tienen valor, todos los pedantes alcanzan un pedestal». Pío Baroja
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