Brisas del Plata, un rincón escondido
De ese queremos contarle, del que está escondido en la zona de San Pedro, a poco de llegar a Colonia. Hay que entrar siete kilómetros por un camino sinuoso rodeado de sembrados de trigo, cebada y soja. Al mediodía los lagartos asoman para ver si a algún acampante se le cayó alguna sobra de la comida, pero no se acercan. Sólo miran. Es el parque Brisas del Plata, en el paraje San Pedro. Esto queda en el kilómetro 189 de la Ruta 21. Allí se entra en lo que los lugareños conocen como el Comercio Buschiazzo y le da nomás al acelerador, derecho hasta el fondo.
Un lugar de ensueño
El lugar es de ensueño, tal cual lo documenta la imagen de www.clubdeturistas.com.uy que ilustra esta página. No es un camping municipal sino que fue creado hace muchísimos años por una sociedad de vecinos de la Colonia San Pedro, paraje en el que se encuentra, y es la que lo mantiene en excelentes condiciones. Sobre una barranca que hace las veces de balcón a los grandes edificios que se ven de Buenos Aires a lo lejos por suerte lejos, hay un parador con todos los servicios y un camping que no le tiene ninguna envidia a los campings organizados.
Es un lugar ideal para disfrutar de la naturaleza a pleno, lejos de la muchedumbre de los balnearios convencionales cerca de las ciudades colonienses, un lugar tranquilo ideal para plantar la carpa e instalarse a la sombra de algún viejo roble. Allí sólo concurren los fines de semana muchos de los pobladores rurales de la zona, así que el ambiente es muy agradable y familiar.
Bajando la barranca por unas escaleras naturales se llega a la playa, que además de una de las arenas más blancas del departamento tiene el agua súper limpia y da la sensación de estar disfrutando de un lugar que sólo conocen unos pocos privilegiados.
Puede bañarse sin peligros en esa playa segura pregunte en el parador para zafar de una parte en la que hay piedras o caminar kilómetros y kilómetros por una costa de playa solitaria.
Durante el día, si no quiere tomar sol en la playa puede tirar una hamaca paraguaya entre algunos de los frondosos y añejos árboles que tiene el camping en su amplia extensión.
Por la noche está bueno sentarse a lo oscuro, bien oscuro de esa zona inhabitada, fijar la vista en esa cúpula negra en la que como perlas le brillan las estrellas que a veces parece que están cerquita, ahí nomás, al alcance de la mano. a
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