Un destino entre dos fuegos. En medio de una muy buena temporada, Colonia del Sacramento recuerda su larga historia

"La abuela del Uruguay" cumple 329 años de vida

Surgió a orillas del Río de la Plata, frente a la siempre misteriosa Buenos Aires, como consecuencia de la política de expansión del imperio portugués, que para esa tarea convocó al maestre de campo Manuel Lobo, capitán general de Río de Janeiro.

El 8 de diciembre de 1679, Lobo partió del puerto de Santos al frente de una ecléctica caravana, compuesta por cinco barcos, a bordo de los cuales viajaban soldados, negros esclavos, indígenas, sacerdotes y ocho mujeres. Parte de aquella tripulación había sido reclutada en las cárceles y salía a la aventura como lo hace ahora cualquier mercenario.

El 20 de enero, Lobo llegó a las proximidades de la isla San Gabriel y en ese territorio de 24 hectáreas construyó algunos ranchos para una circunstancial estadía, ya que era en tierra firme donde tenía orden de instalarse. Aunque no hay fecha que indique ese segundo proceso poblacional, se toma el 28 de enero de 1680 como punto de referencia.

Dos capillas junto a ranchos de adobe y piedra con techos de paja dieron forma a la inicial Nova Colonia do Santo Sacramento, cuenta el historiador departamental Hugo Dupré, quien define el lugar como «un campo atrincherado».

Enterados de lo que estaba ocurriendo de este lado del río, los españoles de Buenos Aires reaccionaron y en la madrugada del 6 al 7 de agosto de aquel año una tropa encabezada por Antonio Vera Muxica, y complementada con escuadrones de indios guaraníes, arrasó el incipiente fortín. El capitán Lobo, herido y enfermo, fue hecho prisionero y trasladado a la vecina orilla. Murió en Córdoba tres años más tarde.

 

Entre la guerra y la paz

Colonia del Sacramento, marcada a fuego, comienza a vivir su repetida peripecia de sobreviviente, tironeada alternativamente por hispanos y lusitanos. Tuvo su crecimiento verdadero en 1690, cuando el gobernador Francisco Naper de Lencastre trajo familias de Río de Janeiro, dispuso que se edificaran las primeras viviendas de piedra y cal con techos de tejas, amplió el espacio poblado y consolidó murallas para poder resistir invasores en mejores condiciones. El contrabando desarrolló un amplio corredor que se las ingeniaba para burlar trabas de imperios enfrentados.

El 16 de marzo de 1704, el ejército español atacó de nuevo y la ciudadela «quedó reducida a escombros», explica Dupré. Entre 1705 y 1715, Colonia del Sacramento, abandonada, fue literalmente tierra de nadie. En los salones europeos se sucedían conversaciones para decidir hacia qué lado se volcaba la balanza.Finalmente, con la Paz de Utrech, volvió a la tutela portuguesa. Repoblaron el lugar y la ciudadela renació. Durante 27 años estuvo instalado en calidad de gobernador Antonio de Vasconcellos. Los fuegos de la guerra no terminaban de apagarse. Por el Tratado de Madrid, los españoles recuperaron la Colonia en 1750, pero por el Tratado del Pardo volvieron a obtenerla los portugueses. El gobernador Cevallos la reconquistó para España luego de bombardearla durante 28 días, pero Soarez de Figueredo la devolvió como preciado trofeo a la Corona portuguesa.

Destrucciones y reconstrucciones no se dieron tregua, hasta que en 1777 el gobernador lusitano Da Rocha alza bandera de rendición ante la incontenible expedición española que lo sitiaba. La ciudadela volvió a ser arrasada y recién tres años después asomaron allí signos de vida, con nuevas familias venidas de Asturias y Galicia. El acuerdo final al que llegaron las potencias en pugna fue cederle a España la posesión de tan estratégico enclave. Otros tambores de combate sonarían a lo largo del tiempo, pero eso ya es parte de otra historia.

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