TIENE LA PALABRA
Operación Milagro, el Hospital Saint Bois y el diario El País
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Que el matutino «El País», se vende poco, nadie lo duda. Se salva los domingos con «El gallito Luis». Cuando Di Candia escribía en el suplemento «Qué Pasa» de los sábados, llegué a leerlo en varias oportunidades. Pero el sábado 29 pasado, llegó a mis manos accidentalmente y lo miré. Me llamó la atención una nota escrita por una tal Eloísa Capurro. Al leerla, me llevó a mirar el staff del «Qué Pasa», el editor es Fernán R. Cisneros y en la redacción figuran César Bianchi, Fabián Muro y la anteriormente nombrada Eloísa Capurro; por no leer «El País», me inhibe de saber quiénes son, tampoco me interesa saberlo, me llamó si la atención de que no figuraba para nada Di Candia, cosa que tampoco es de mi incumbencia.
La nota se titula «Milagro a medias», y comenta que el gobierno destinó tres millones de dólares al Hospital de Ojos, donde atienden técnicos cubanos, y que ahora deriva pacientes a clínicas privadas y hospitales públicos.
Bueno, Eloísa Capurro, queda claro que sabes muy, pero muy poco de periodismo, y lo peor todavía es que ni cuenta te das de lo que es para un pobre en Uruguay no ver. Tampoco te preocupaste cuando Jorge Batlle quería demoler el viejo hospital «Gustavo Saint Bois», que fuera comenzado en el año 1928 con más de 1.500 camas para enfermos de tuberculosis, que por esos años causaba estragos en América; fue un hospital de referencia para toda Latinoamérica. Al erradicarse la enfermedad en los hechos, el viejo hospital en la práctica fue literalmente abandonado, y a Jorgito Batlle se le ocurrió que había que demolerlo. Los vecinos de Lezica, Colón y hasta de Las Piedras, al impulso de una radio comunitaria que logró instalarse dentro del propio hospital fueron perseguidos y volvían a salir desde el lugar que podían lograron levantar firmas y el hospital Saint Bois no fue demolido. A todo esto aparece en el escenario político del país un nuevo gobierno con la Presidencia del Dr. Tabaré Vázquez, y se llega a un acuerdo para solucionar la gravísima situación de miles de uruguayos que si no disponían de no menos de 1.500 dólares tenían que seguir viviendo sin ver, pues además de la operación y «la lentilla» estaban los lentes. Traduce mal lo que puede haberle dicho el Dr. Bermúdez, uruguayo, que los cubanos salieron a buscar pacientes con «cataratas» y los enviaron a Cuba, lo único que suena con un sentido de realidad en lo comentado por Eloísa, es que fuimos 2027 a Cuba, en lo referente a los lentes, todos los operados de «cataratas» recibieron dos pares de lentes, como es totalmente lógico entender, los lentes no se los dan al otro día de ser operados, continúan en un proceso de estudios, que puede llegar al mes, si se hubieran operado en una clínica privada, no creo que en un mes los pobres pudieran conseguir el dinero para pagar los lentes, que con los cubanos son gratis, lo mismo que las famosas «lentillas». Un conocido periodista televisivo comentando esto dijo algo que es una realidad: «se les acabaron los curros», se refería a las clínicas privadas; los oftalmólogos uruguayos, al principio «patearon», hoy no hablan más, al parecer también se les terminaron «los curros». Claro, se operan más de 40 pobres por día. Otra cosa que no comentaste para nada, es que todos los trabajos de «aire acondicionado» del Hospital de ojos fue realizado por trabajadores uruguayos, lo sé muy bien pues estuve muy vinculado a todos ellos, los trabajadores de la construcción también dieron su aporte y los electricistas y pintores también, en cuanto a que los cubanos salieron a buscar enfermos de «cataratas», no fue en todos los casos, en el mío personal yo mismo fui a buscar a los cubanos por intermedio del Ministerio de Salud Pública, los datos me los dieron la actual directora Sandra Menotti y la Dra. Rosalía Otero, y estoy hablando de noviembre del año 2005. Una cosa por demás importante es que si se pudieran realizar pesquisas a fondo en todo el país, muy probablemente hasta nos asombraría la cantidad de pobres que están afectados de la vista, lo más común son las «cataratas», sin descontar otras afecciones. Una pregunta que sale sola es si hay algún gobierno anterior a este que se le haya ocurrido enfrentar la ceguera de los pobres. Hay para más.
AURELIO PICCONE CI: 3.546.119-0
La Ley de Educación
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Hay algo que la política de este país todavía no me deja muy claro respecto a la educación y a los actores más importantes de la misma: los docentes. En primer lugar, se vota una Ley de Educación que por primera vez desde la caída de la dictadura militar es participativa y meditada concienzudamente. Una Ley, que más allá de algunos retoques normales que se le pueda dar a toda Ley que ingrese al Parlamento, favorece a mucha gente, desde los más chicos hasta personas de la tercera edad. Pero siempre tenemos a los extremistas docentes, aquellos que tienen en sus manos la educación y el futuro de nuestros hijos, aquellos que no analizan las cosas por su propia inteligencia, sino que crean una inteligencia colectiva para dejarse llevar por la vieja «manija», sin siquiera buscar información por ellos mismos. Yo me pregunto: ¿cuántos de ellos leyeron, se informaron o saben de la Ley? Hagan una encuesta y verán que la mayoría no puede decir qué cantidad de artículos han cambiado, se han modificado, agregado o cuáles son los sustanciales cambios en el sistema educativo. Eso sí, cuando tenemos que salir a quemar cubiertas para protestar somos los primeros, y somos pocos, porque si miramos los reportes gráficos de los principales medios veremos que los manifestantes son contados. También sumemos el no muy certero desacato del PCU y la incentivación negativa que generó la maestra comunista Alicia Pintos, exaltando a la barra a generar incidentes como los que ocurrieron dentro y en los alrededores del Palacio Legislativo. Realmente una vergüenza que la educación y el futuro de mis hijos quede en mano de este tipo de docente.
E. DELAVALLE C.I. 2.589.635-1
Domingo 7, diciembre 2008 | SECCION 2 | La República
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