Reivindicando su sonrisa y contra el olvido, recordaron a Julio Castro
En 1933 Uruguay estaba invadido por langostas. En el verano de ese año Julio Castro estaba dedicado, de sol a sol, a matarlas.
«Estamos, otra vez, ante la posibilidad de ser víctimas de otra invasión, pero de milicos», le decía a su esposa, Amalia, en una carta que le enviaba desde el establecimiento de su familia, en La Cruz. Una carta repleta de humor, de precisiones milimétricas explicando cómo llegar en ómnibus al campo, que bien pueden asemejarse a las de las cartas de Seregni a Lilí Lerena instruyendo cómo rotar las ruedas del auto (auxiliar incluida).
Una breve carta cargada de momentos de humor, de minuciosidades, y de señas de amor, en vísperas del golpe de Gabriel Terra, contra el cual se levantó en armas junto a Basilio Muñoz.
Esa imagen fue la que Hebe Castro, hija de Julio, prefirió que quedara de su padre en los actos de homenaje por el centenario del maestro y periodista floridense desaparecido durante la dictadura.
Con una sonrisa
Regaló a la escuela de Pintado, a la Junta Local de La Cruz y a la UTU un cuadro en el que su padre aparece regalando una tenue sonrisa, contrastando con el gesto áspero que muestran las mayorías de las fotos publicadas. «La elegimos especialmente (a la foto) porque no aparece circunspecto. Mi padre era una persona sumamente alegre, dicharachero, y transmitía alegría a todos los que lo rodeaban», explicó.
Consiguió eso, así como desalmidonar el traje solemne de homenajeado frente a los escolares que participaron de los tres actos. Así, en definitiva, fue recordado Julio Castro el día de su centenario.
El homenaje fue organizado por la Intendencia de Florida, la Junta Departamental de Florida, el Consejo de Educación Técnico Profesional, el de Educación Primaria, el Instituto de Formación Docente de Florida, y la Federación Uruguaya de Magisterio-Trabajadores de Enseñanza Primaria (FUM-TEP).
Oscar Gómez, presidente interino del CEP, recordó que Julio Castro «preparó las condiciones para que muchos otros maestros sigan alumbrando la huella, la necesaria etapa que debemos cumplir para que no sólo no existan más analfabetos, sino para exista en Uruguay plenamente la justicia social, la igualdad de oportunidades, sino que la vida permita que esas oportunidades se desarrollen».
«La verdad y la justicia sobre tu vida, tu desaparición será presente. (…) Enseñaste que hay preguntas que necesitan respuestas: ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿por qué? Son preguntas que todos nos estamos haciendo y que la historia, que es mucho más tozuda que algún decreto, seguramente nos permitirá mirarnos a los ojos para que esta placa también sonría», expresó Gómez, en el mismo camino que el intendente Juan Francisco Giachetto, que recordó la frase de Carlos Quijano: «Un día nosotros haremos justicia, Julio, y si el tiempo se nos va, otros lo harán por nosotros».
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