Tiene la palabra

«No es posible perdonar aquello que no podemos castigar».  Habbag Arendt

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Pregunto a Nicolás Cotugno, que no puede ignorar que en mi país el gobierno es republicano, demócrata y laico; ¿con qué autoridad moral la Iglesia Católica Apostólica Romana se arroga el derecho de excomulgar a los legisladores que apoyan la despenalización del aborto? Siendo que la propia iglesia:

1. Instigó, defendió y apoyó las Cruzadas.

2. Los papas tenían su ejército con el cual llevaban a cabo guerras de exterminio y arrasaban con todas las riquezas que encontraban a su paso.

3. Instauró la Inquisición que en proporción costó más vidas que la primera y segunda guerra mundial.

4. Apoyó y defendió el genocidio de 90.000.000 indígenas en Latinoamérica.

5. Apoyó y defendió la venta, esclavitud y tormentos de los negros.

6. Apoyó a Hitler y a Mussolini.

7. Apoyó y defendió a Franco y a todos sus cómplices, los franquistas hasta el día de hoy.

8. Apoyó y bendijo todas las dictaduras latinoamericanas homenajeándolos con sus Te Deum a los dictadores y acompañó a los torturadores en las salas de tortura y exterminio.

9. Se opone y persigue a los que se afilian a la Teología de la Liberación.

10. Apoyó todas las guerras de conquista y dominación de los imperios.

11. Encubre todos los delitos sexuales de sus sacerdotes

12. Encubre todos los ilícitos económicos de sus vicarios que realizan en provecho propio o de la iglesia.

En síntesis, la Iglesia Católica Apostólica Romana ha sido una eximia violadora de todos los Derechos Humanos.

«Lo más atroz de las cosas malas que hace la gente mala es el silencio de la gente buena». Mahatma Gandhi

CARMEN ELISA PINTO DA SILVA ROMA – C.I. 1.474.705-0

 

Una llamada para la Ley de Educación

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Hace unos días he recibido la factura de Antel y me he encontrado con algo realmente fantástico. Un inserto del Ministerio de Educación y Cultura que explicaba en detalle los puntos más importantes de la nueva Ley de Educación. Mucho se puede discutir y polemizar, incluso pueden aún existir aquellas mentes estancadas que vean en esto un hecho político y no un mensaje innovador, de bajo costo para el país y de llegada masiva a más de un millón de uruguayos. Yo soy un ciudadano que vive buscando una educación adecuada para mis hijos e incluso para mí mismo, dado que mi trabajo es altamente técnico y necesita de constante actualización. Creo que optimizar, conjuntar y utilizar los diferentes recursos del Estado para informar a la sociedad es algo que se debería hacer más seguido. Sabemos bien que empresas como Antel, que tiene un alcance nacional, es una forma muy efectiva y democratizadora de hacer llegar información de interés nacional, más allá de folletería donde se publicita sus productos y servicios. Aplaudo esta nueva forma de comunicación e incentivo a otros Ministerios y empresas públicas a seguir este ejemplo.

E. DELAVALLE

 

«El chantaje de la Iglesia Católica»

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Con mi familia nos encontramos en el exterior desde hace unos meses. No nos consideramos exiliados, afortunadamente, sino que por razones profesionales nos encontramos desarrollando un emprendimiento uruguayo lejos de nuestro querido país.

Seguimos atentamente lo que sucede en Uruguay, y hoy nos alarma la actitud incalificable de la Iglesia Católica uruguaya. Con indignación y asombro leemos la decisión medioeval de excomulgar, en particular, a los legisladores que votaron a favor del proyecto de salud sexual y reproductiva más conocido como de legalización del aborto.

Frente a tal afrenta a la institucionalidad, el tema de fondo pasa a un segundo plano, y solo resta preguntarse si nadie tomará cartas en semejante intento de chantaje y extorsión.

No se puede soslayar que las víctimas de esta actitud no son solo los ciudadanos que toman posición a favor o en contra de una ley en una consulta popular, situación en la cual no deja de ser condenable la actitud eclesiástica, pero que en definitiva podría intentar justificarse en que la condición para pertenecer a dicha iglesia implica cumplir sus dictámenes en todos los aspectos de la vida.

Pero, quienes hoy son excomulgados, son representantes electos por voto popular. El ser representante implica, en el sentido ético de la función, que en situaciones tan sensibles como la de la ley en cuestión no solo deben considerarse las convicciones personales, sino las de los representados; y recíprocamente, los representados, estemos en una u otra posición, esperamos que aquellos representantes que ahí pusimos con nuestro voto, interpreten nuestro sentir, en el acierto o en el error. Esto, para dejar claro ante quienes se sienten solo intérpretes de la divinidad, que un representante no vota por sí y ante sí, y mucho menos por dictado eclesiástico, sino en nombre de decenas de miles de uruguayos, la mayoría de los cuales no estamos dispuestos a que nuestros representantes privilegien la opinión de una iglesia frente a su interpretación del sentir de la sociedad, o la parte que entienden representar. Si el representante, aún no compartiendo filosóficamente una posición, entiende que el sentir de sus representados no es aquel que le dicta su concepción religiosa, está éticamente comprometido a interpretar a aquellos y obrar en consecuencia. Los representantes no acceden a su condición por gracia divina sino por sufragio universal, se deben al soberano, y requieren de libertad en la interpretación del sentimiento de éste.

Cuando vota un representante, Sr. Cotugno, no vota solo él, votan miles de uruguayos, laicos, judíos, católicos, musulmanes, ateos, masones, umbandistas, la lista es muy larga. Su visión de la realidad, con la iglesia imponiéndole indirectamente una posición a quienes no la profesan, es además de retrógrada, extemporánea y antidemocrática.

Primero la amenaza y luego la decisión de la Iglesia Católica uruguaya, son una extorsión, un chantaje, que en forma premeditada o no («solo dios lo sabrá») persigue que el representante deje de lado un aspecto fundamental de su condición, interpretar al soberano y actuar en consecuencia.

Como demócratas, no lo podemos aceptar ni permitir impávidamente; como tampoco admitiríamos que se obligara a los candidatos a representantes a hacer una declaración de credo religioso y pertenencia a otros grupos de opinión previo a cada elección.

Nuestro Estado es laico hace más de un siglo, pese a que algunos parecen no recordarlo. Nos sorprende la pasividad o tibieza de la clase política y los poderes del Estado frente a semejante afrenta. Recordando las desafortunadas palabras del Dr. Lacalle en un almuerzo de ADM, me permito recordarle que las instituciones y los valores democráticos de este país se han forjado en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad surgidos en la revolución francesa, tan combatidos por la espada disfrazada de cruz. Antecedentes no le faltan a la Iglesia Católica para extrañarse por esta posición, apenas hace unos años aceptó a regañadientes la teoría de la evolución de las especies.

La palabra de Saramago parece haber sido profética, «Marx nunca tuvo tanta razón».

Cordialmente

ING. MARCOS BIGATTI – C.I. 1.631.440.7

 

Despenalización del aborto

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Me pregunto, ¿nadie le informó a la Iglesia que el Estado es laico desde hace mucho? ¿No será más correcto que los representantes del pueblo a los que sus convicciones religiosas les impiden analizar un tema como el aborto desde un punto de vis
ta laico dejen en manos de los suplentes y no interfieran con el tema?

Nosotros, los votantes, cuando visiten nuestros barrios y pueblos de todo el país tendríamos que preguntarles a los futuros candidatos a cargos públicos cómo actuarían en un caso así y no votarlos si no pueden separar una cosa de otra. Soy frentista conforme con mi gobierno pero no votaría de nuevo a un presidente que vetara lo que la mayoría del Parlamento y la gente (según encuestas de opinión) aprueba y, Señor Presidente, sea un poquito más democrático y si tanto le preocupa el costo político que esto pueda tener o el no poder dormir por cargo de conciencia denos la oportunidad de llevar la ley a un plebiscito y ser nosotros los que tengamos la palabra, ¡delegue en nosotros esa responsabilidad!

Gracias por este espacio de opinión saludos desde Tacuarembó.

CARLOS – [email protected]

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