Don Genaro Puente
Bolichero de otros tiempos: amigo, psicólogo y confidente de sus parroquianos, podía escuchar en silencio el desahogo de un cliente o contar largamente sus historias de vida (desde su arribo del natal Santiago de Compostela a mediados de los sesenta, a los cuentos de su almacén en Comercio y Nancy, anécdotas de sus contertulios o historias de cómo alimentar mejor a los cerdos que criaba en Pando).
Casado con doña Digna, tuvo dos hijos: Juan Carlos, quien lo sucede en el bar, y Julio, que eligió el oficio de sanitario, quienes les dieron tres nietas: Laura y Natalia, uno, y Augustina, el otro. Pero también supo educar a muchachos del barrio o transformarse en referente paterno de sus empleados. Con él, todos eran familia… Se murió el pasado 9 de octubre a los 79 años. Ni Raúl Legnani ni yo, habitués de la «confitería» (al decir de Julio, el mozo), tuvimos el coraje de tocar una tecla para su obituario. Hasta que días atrás, el negro Daniel Moreno, un hombre que Don Genaro amparó de gurí, me acercó estos octosílabos, para que los publicáramos hoy, «A un mes de su triste partida», según los tituló cuando los creaba acompañado por la guitarra de su hijo Lucas, de 12 años…
No sé qué estaba pensando
dejé seguir mi expresión
y sentí mi corazón
que fuerte está palpitando.
Es que me estaba ordenando
que estas letras yo escribiera,
que ya no las escondiera,
que las fuera redactando.
A Genaro estoy nombrando.
Un padre, un amigazo,
un viejo compañerazo,
pa’ los que andamos rodando,
por los caminos andando,
te mando este fuerte abrazo.
Hombre con todas las letras
sin escaparse ninguna.
Hombre con tanta fortuna
enriquecida en su ser.
Hombre que supo querer
a la vida con locura.
Ayudar con gran cordura
es lo que más le gustaba,
pero si no le fallabas,
entrabas en su fortuna,
te enriquecía de una
con su palabra certera
no erraba, era una fiera
defendiendo su postura.
Gracias Genaro, te digo,
por fijarte tu en mí.
Por enseñarme la vida
siendo tan solo un gurí.
Te agradezco los consejos
que siempre tendré presente,
el trabajo, la honradez
y el cariño de la gente.
Cuántos momentos oscuros
que en la vida me tocaron
Genaro estuvo a mi lado
con su palabra sincera,
él levantaba a cualquiera
y te estrechaba la mano.
Con tus pasos bien cortitos,
pero seguro en tu andar,
aún te veo pasar
por las calles despacito.
Adiós Genaro, te grito,
sin pensar que ya no estás
y una estrella desde el cielo
me titila sin cesar.
Te fuiste un 9 de octubre,
para mí tan especial.
Que al saludar a mi hijo
tu presencia fluirá,
tan reinante como siempre
junto al seno familiar.
Agradecerte no alcanza
con todo lo que me has dado,
mantener firme el presente
sin olvidar el pasado.
Adiós Genaro y mil gracias,
te dice Daniel Moreno.
Ya tengo la dirección
de tu casa, allá, en el cielo.
Compartí tu opinión con toda la comunidad