CHANTAJE EMOCIONAL
La pareja vivía en el Barrio San Rafael, en una casa diseñada por ella, titulada como arquitecta por la Universidad de la República. La decadencia en la relación y un estado de infelicidad por falta de amor hicieron que el hombre se aviniera a viajar a Australia. La joven mujer continuó sus estudios y logró recibirse como diseñadora de interiores, en el Royal Melbourne Institute of Technology
(RMIT).
La capacidad de superación de la mujer afectaría la autoestima del hombre. De nada sirvió el nuevo comienzo ni la idea de un idílico retorno al viejo hogar con la piscina y sus buenos autos en la zona boscosa del balneario San Rafael. Con el nuevo empleo,
ella percibía tres veces más que su disminuido marido.
El hombre había llegado a golpearla una vez desde que la mujer intentó salvar la pareja con la mudanza a Melbourne, donde residían su madre y un hermano. Bastó una única denuncia y los policías de Australia detuvieron al agresor. La relación de pareja tuvo un final violento, y ella decidió separarse para siempre.
Según dijo la mujer a LA REPUBLICA, el cuasi secuestro de las tres niñas menores de edad sería una forma de chantaje emocional para obligarla a reanudar la relación afectiva. Así se lo habría dicho el padre a las tres niñas.
«Se dedicó a quitarme las niñas como arma para que yo regresara a él porque sabía cuánto las quiero», acusó la mujer, quien admitió haber consentido que las pequeñas vivieran con el padre. «Las psicólogas sugirieron que las dejara ir», dijo la mujer, según quien, su ex marido fue diagnosticado por «alienación parental».
Fue «mi primer y único novio, que conocí a mis 14 años cuando él tenia 22″, se arrepiente. «Nuestra relación fue tortuosa, pero como me conoció tan joven me fue amoldando a sus formas. Parco, necio y terco, se llevaba mal con su familia y tenía muy pocos amigos», además «de gritar,
ser agresivo y violento».
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