TE AMO Y TE ODIO
Caso:
Alicia está sudorosa, temblando, su corazón galopa al tiempo que un mareo la invade. Se hunde en la desesperación de sentirse sola y perder a Juan.
Ella lo acaba de echar, lo insultó y hasta le clavó las uñas en la cara. Lo quiere tanto, es el amor de su vida, jamás podría lastimarlo. Sin embargo repentinamente cada gota de amor se convierte en toneladas de odio que se vuelcan sobre Juan en insultos irrepetibles y un deseo irrefrenable de lastimarlo, de verlo sangrar hasta morir.
Episodios similares ya han ocurrido varias veces y Alicia ha prometido que no se repetirán. Si tan sólo pudiera controlar esas ganas de vengarse del dolor que ese recuerdo le provoca. Su adorado Juan en brazos de otra mujer. Es una herida que a pesar de los años no cicatriza, incluso parece que se acrecienta. Es cierto que sucedió al inicio del noviazgo, algo insignificante, por eso «lo perdonó» y se casó con él. Pero el dolor de ese entonces recrudece hoy, tan sólo con el recuerdo.
Alicia está en permanente vigilancia. Cada gesto, mirada, entonación de voz de Juan son escrutados y analizados intentando descubrir en cada instante un posible engaño. El resultado pocas veces es tranquilizador. La mayor parte del tiempo el desasosiego, la inseguridad y la certeza de un nuevo engaño la invaden junto con el sabor amargo del odio y la sed de venganza.
Alicia está viviendo en un infierno: sus noches de insomnio en las que repasa los detalles que le confirman que Juan ya no la quiere terminan entre llantos, sudoración, palpitaciones y ahogos que requieren la asistencia de la emergencia médica. Juan con gran paciencia le explica cada detalle, le jura que la quiere y que ninguna de sus sospechas es real. Nada convence a Alicia que llora y llora, mientras Juan repite inútilmente que le es fiel.
En el fondo Alicia sabe que es así, pero no puede dejar de sentir celos. Cuanto más la invade el amor más temor tiene de perder a Juan y exige pruebas imposibles. Es entonces que siente que lo está perdiendo y la imagen de Juan en brazos de otra mujer despierta su odio.
Alicia entre sollozos habla con un psiquiatra sobre su temor al abandono de Juan que está cansado de sus agresiones, admite que sus celos son enfermizos pero no puede controlarse.
Comentario:
El temor a perder a quien «se ama» está en la base de los celos. En realidad no se trata de un amor sano, sino de un deseo intenso de posesión de la persona que se dice amar.
Las reacciones inadecuadas debidas a los celos son manifestaciones de una profunda inseguridad en la valía personal. La autoestima baja junto al intenso temor de perder al ser que se supone posesión personal logra con sus manifestaciones el efecto opuesto.
La persona que es celada, inicialmente intenta explicaciones tranquilizadoras. El fracaso de las mismas, la continua desconfianza y los interrogatorios interminables, van minando también su autoestima.
Invariablemente se inicia un proceso de retirada afectiva que pretende evitar la confrontación escondiendo detalles o información. La constatación de estas omisiones acrecienta en la persona celosa la desconfianza y se inicia una escalada de celos, desconfianza, explicaciones y alejamiento. Es un círculo vicioso de sufrimiento por la pérdida que anticipa la persona celosa y el desgaste por acusaciones sin posibilidad de defensa de la persona que es celada.
Se establece así una relación patológica en la que ambas personas están atrapadas. La dificultad para reconocer la necesidad de ayuda especializada hace que estas parejas mantengan, en forma prolongada, relaciones cristalizadas y estables aunque poco satisfactorias y nada saludables.
La persona celosa se caracteriza por ser muy orgullosa, desconfiada y rencorosa. El temor al ridículo y a ser objeto de mentiras se manifiestan en una personalidad muy rígida que es proclive a buscar venganza.
En este terreno los afectos son vividos con una tonalidad dramática de tal forma que cualquier sospecha de alejamiento afectivo del ser amado ya sea real o fantaseada es vivida como una traición desgarradora que convierte el amor en odio y deseos de venganza que no consigue controlar.
Los deseos de venganza pueden generar planes fríos que se llevan a cabo meticulosamente o raptus pasionales que no miden consecuencias en la búsqueda de resarcimientos emocionales que no llegan nunca a satisfacer. En ambos casos la fuerza del drama puede llevar a acciones que realmente dañen a quien se pretende mantener como posesión amada.
Una vez cometida la venganza es reivindicada como un derecho fundado en el dolor ocasionado por las pretendidas infidelidades, engaños, traiciones o simplemente sospechas.
La certeza de tales actos muchas veces se basa en intuiciones o interpretaciones que construyen argumentos irrefutables. Las sospechas se tornan así en realidades que luego tienen una vigencia eterna y surgen del pasado para ser nuevamente vengados en el presente.
La vida cotidiana se torna una sucesión de despliegues amorosos incondicionales, renuncias totales en pro del ser amado y dramáticos reclamos con todas las gamas de maltrato y agresión. La persona celosa y aquella que es destinataria de esos celos viven atrapadas en una insatisfactoria y poco saludable relación que requiere ayuda especializada para ambos.
Esta columna y las anteriores están disponibles en www.prosalud.com.uy. Dra. Almendras. Informes y Seminarios 4099983
Compartí tu opinión con toda la comunidad