Experiencias de inclusión social
A lo largo del encuentro, realizado ayer por el Centro Holístico de Educación, se conocieron diversas experiencias, que evidencian la posibilidad de integrar a las personas en distintos ámbitos de la sociedad, además de incentivar el desarrollo y crecimiento individual.
Integración
Según el artículo segundo de la Ley de Protección y amparo al discapacitado, se considera «discapacitada a toda persona que padezca una alteración funcional permanente o prolongada, física o mental, que en relación a su edad y medio social, implique desventajas considerables para su integración familiar, social, educacional o laboral». Una vez establecida la definición y compartidos algunos de los derechos de las personas con capacidades diferentes, tanto los exponentes como los asistentes decidieron no detenerse en cuál sería la terminología correcta para llamarlos, sino todo lo que se puede hacer por estas personas.
Taller de radio
Distintas ponencias se presentaron en el encuentro. Equinoterapia, integración a través del arte o de la informática, fueron algunos de los temas trabajados.
El Taller de radio que se realiza en la Asociación Down del Uruguay, en convenio con el Instituto Nacional de la Juventud (INJU), habló sobre su experiencia.
Los coordinadores del taller, Alejandro Rocchi y Lucía Dabezies, junto a algunos protagonistas de la actividad «Entre todos podemos», explicaron la dinámica de trabajo y los principales logros obtenidos. Mejoras en la capacidad de hablar, de escuchar y desarrollar habilidades expresivas, la generación de un espacio de expresión propio, donde poder manifestar su intereses, además de sentir orgullo por el producto realizado y aprender a trabajar en grupo, son algunos de los logros alcanzados.
Aproximadamente, quince personas participan del taller, jóvenes y adultos y las tareas se distribuyen según sus habilidades.
Cyber: trabajo e inclusión
Otro caso que se conoció en el encuentro, fue el de Adriana Paciel. A pesar de su incapacidad para caminar y sus limitaciones a nivel corporal, considera que los cybers cafés pueden llegar a ser un «espacio de integración social».
A través de la experiencia personal, vivida en un cyber ubicado en el barrio Conciliación, ejerce su actividad profesional: abogacía. Con una lapicera en su boca escribe textos y busca información; muchas veces a mayor velocidad que otros clientes del cyber que escriben con sus dos manos. «No me molesta que me miren y ni que me pregunten algo. Además está bueno que pregunten», contó Adriana. Afirmó que en el cyber se siente «aceptada e incluida», sobre todo por los más chicos. «Me he sentido allí a veces más integrada que en muchos otros lugares públicos», reflexionó.
Para considerar a los cyber como un espacio de integración, ella considera que es indispensable que cuente con boxes amplios y una rampa para ingresar y nada más, porque «lo demás se puede adaptar», dijo.
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