Usuarios denuncian graves faltas en centro para ciegos
Usuarios del centro de rehabilitación para personas ciegas y de baja visión Tiburcio Cachón denuncian una serie de situaciones irregulares y la suspensión de tratamientos y servicios. «Existen persecuciones y discriminación hacia los pacientes», afirman. Raúl Maneiro, representante de los usuarios del Centro Cachón, afirmó a LA REPUBLICA que desde que asumieron las nuevas autoridades, en 2006, la calidad de la atención ha disminuido. Como producto del preconflicto existente entre los funcionarios y la dirección, hay un «estado de tensión constante y de ansiedad que afecta a personas con una discapacidad tan grave como la ceguera», explicó Maneiro. «Vivimos en un estado de indefención», dijo.
El delegado, que es tratado en Cachón por su baja visión, se acercó a LA REPUBLICA con una carta que enumera las «situaciones negativas» vividas en el centro.
«Existen persecuciones y discriminación hacia los participantes por parte de la dirección y sus allegados», dice el texto. Aseguran además que varios pacientes vieron interrumpido arbitrariamente su tratamiento. «Hay muestras de discriminación social, cultural y laboral», afirman.
Corte de servicios
Muchos de los casos de ceguera del centro son producto de enfermedades como la diabetes y la hipertensión. «Por las distintas problemáticas de salud es de suma importancia la existencia de un doctor de medicina general (…). La policlínica existía previo al ingreso de esta dirección, pero el servicio fue suprimido», dice la carta fechada en setiembre de 2008.
Maneiro, delegado y usuario, asegura que hace un año están pidiendo aparatos para la medición de la presión arterial y ocular, así como cintas para la detección de la diabetes, y no obtienen respuesta. «Nos dicen que los aparatos están pero no accedemos a ellos», dijo.
Si bien el instituto Cachón cuenta con un oftalmólogo para asistir a alrededor de 30 discapacitados, hay una carencia de instrumental. «Algo similar ocurre en las áreas de informática y de Baja Visión, donde el equipamiento es sumamente antiguo y no permite una real rehabilitación», relató Maneiro.
LA REPUBLICA se comunicó con Gabriela Martoy, directora del centro, pero la profesional se negó a dar declaraciones, alegando el perjuicio que acarrearía en el marco de la mesa de diálogo existente. Actualmente los funcionarios se encuentran en preconflicto. Una delegación compuesta por familiares, pacientes y empleados ya elevó sus quejas a las comisiones de Salud de Senadores y Diputados.
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