Asociación mundial para obtener beneficios mundiales

La eliminación de algunas sustancias que agotan la capa de ozono podría representar la reducción de hasta 25.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, el principal gas invernadero, afirma en esta columna la experta Sylvie Lemmet.

El Protocolo de Montreal sobre las sustancias que agotan la capa de ozono, ratificado por 193 países, constituye una de las historias de cooperación internacional que han tenido más éxito en el mundo.

Debido al alto grado de compromiso demostrado por todos los actores involucrados con la eliminación del uso de las sustancias que dañan la capa de ozono, la presencia de ellas en la atmósfera está descendiendo y hay signos incipientes de que el escudo vital de ese gas que nos protege de las mortales radiaciones ultravioleta del sol se está regenerando. Las medidas adoptadas para eliminar las sustancias químicas agotadoras del ozono han generado beneficios ambientales adicionales, ya que muchas contribuyen al recalentamiento global. Reducirlas drásticamente ha ayudado también a contrarrestar el fenómeno del cambio climático.

La sustitución completa de los clorofluorocarbonos (CFC) se encuentra plenamente avanzada tanto en los países industrializados como en los que están en desarrollo. En América Latina y el Caribe, la reducción del consumo de CFC ha alcanzado a 95 por ciento el pasado año.

Sin embargo, todavía resta mucho por hacer con respecto a los refrigerantes hidroclorofluorocarbonos (HCFC) y al bromuro de metilo, también perjudiciales para la capa de ozono.

En 2005, el consumo de HCFC de los países desarrollados había disminuido en 72 por ciento respecto del nivel básico, aunque las futuras disminuciones se espera que continúen a un ritmo algo más lento.

En los países en desarrollo, el consumo de HCFC alcanzó aproximadamente a 20.000 toneladas de PAO (potencial de agotamiento de la capa de ozono) en 2005, y estudios recientes indican que esta cifra podría duplicarse o más para el año 2015.

Las actuales tendencias de uso de los HCFC deberán revertirse para cumplir con los ajustes acordados en el pasado año en la 19 Reunión de las Partes del Protocolo de Montreal.

La decisión adelanta una década la eliminación de producción y consumo de HCFC para todos los países parte del Protocolo. Asimismo, controla el nivel de producción y consumo a partir del cual los países no industrializados deberán empezar sus reducciones, respeta los plazos necesarios para la introducción de sustancias alternativas y fomenta que esos refrigerantes no sean reemplazados por otros con alto potencial de calentamiento global u otros riesgos ambientales.

Algunas estadísticas indican que la eliminación de los HCFC podría resultar en reducciones equivalentes a entre 18.000 y 25.000 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero.

Esto representa por año un corte igual o superior a 3,5 por ciento de todas las emisiones mundiales de gases invernadero. Sin lugar a dudas, los compromisos del Protocolo de Montreal para una eliminación acelerada de HCFC cumplen el doble propósito de abordar el cambio climático y la debilitación del ozono estratosférico.

Esta exitosa asociación mundial que es el Protocolo de Montreal debe concluirse plenamente para cumplir con su objetivo principal, la restauración de la capa de ozono, prevista para mediados de este siglo. El reto es importante, pero de continuar el esfuerzo mancomunado de los gobiernos, las industrias y los consumidores, el éxito está asegurado. En estos avances, la participación de los gobiernos y la sociedad civil, incluyendo al sector industrial, el sector educacional y los medios de comunicación, ha tenido un rol primordial en crear conciencia y, sobre todo, en implementar las soluciones de manera mancomunada.

 

Ahí radica el éxito del Protocolo de Montreal.

Este 16 de septiembre se celebra la edición 2008 del Día Internacional para la Preservación de la Capa de Ozono, en conmemoración de la firma del Protocolo en 1987 y en reconocimiento de su relevancia para proteger la salud y el ambiente. Con el fin de consolidar los logros, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han preparado en forma conjunta un paquete educativo para facilitar la transmisión de la protección de la atmósfera en la educación secundaria, editado en español, francés e inglés. Se trata de materiales de trabajo tanto para el profesor como para el estudiante. Mediante el uso de una vía interactiva, con juegos de roles, se busca sensibilizar sobre la situación actual de la capa de ozono y su vínculo con el cambio climático.

El Pnuma, la Unesco, el Unicef y la OMS están promoviendo el uso de este paquete educativo, llamado Acción por el Ozono, en todos los países del mundo y alentando a las autoridades nacionales a que incluyan el tema en los programas de enseñanza.

En América Latina y el Caribe, el Pnuma participa en las ceremonias oficiales del Día del Ozono en Colombia, Haití y Suriname para difundir esta publicación y contribuir así a redoblar los esfuerzos nacionales.

*La autora es directora de la División de Tecnología, Industria y Economía del Pnuma.

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