Detectan demoras en mutualistas al entregar a pacientes insulina análoga
«Hay que sentarse y conversarlo, porque en definitiva el no acceso a la insulina es promover un mayor costo a futuro. Efectivamente, le va a terminar costando más caro al sistema de salud», declaró a LA REPUBLICA, el gerente general de la Asociación de Diabéticos del Uruguay (ADU), Javier González.
Insulina demorona
La asociación tiene entre sus manos varios casos de usuarios que se quejaron por la demora en el acceso a la insulina análoga. A pesar de que el médico realiza el protocolo necesario para solicitar el medicamento, algunas mutualistas demoran en entregarla.
Recientemente, el Ministerio de Salud Pública (MSP) decretó la administración de las insulinas clásicas y de la análoga prolongada. Esta es el último descubrimiento, que mantiene un nivel estable de este producto en el organismo del paciente, disminuyendo en gran medida los picos de hipoglucemia que pueden llevar a su muerte cerebral.
«Con las otras insulinas teníamos que estar sumamente atentos a que el paciente no generará ese efecto de hipoglucemia», relató a LA REPUBLICA la doctora Virginia Ortega, endocrinóloga, docente y experta en diabetes.
Uruguay introdujo la primera insulina en 1925, cuatro años después de que fuera descubierta por unos médicos canadienses. En 1953, el doctor Ricardo Ensiso fue el primero en reclamar a las autoridades sanitarias el derecho de las personas a tener insulina para tratarse.
La insulina análoga prolongada fue descubierta en 2000. Fue autorizada por Estados Unidos en 2002 y por Francia al año siguiente. Nuestro país la introdujo en 2004.
Ley controvertida
La diabetes es un desorden en el proceso metabólico que convierte el alimento en energía. Uruguay tiene una prevalencia del 8%, pero los datos ya tienen cuatro años. El 20% de los enfermos no saben que padecen la enfermedad.
«No hay que olvidar que hay un porcentaje que no sabe que es diabético y es nuestra obligación detectarlo lo más precozmente posible», indicó la experta. La buena noticia es que nuestro país está muy por debajo del 25% del resto de América Latina.
Nuestro país también fue pionero en la creación de una organización de personas con diabetes, en el año 1951. Veinte años después surgió la denominada «Ley de Protección al Diabético», con el número 14.032.
«Esa ley generaba acceso al trabajo porque decía que toda persona podría estar varios años a prueba. Esa reglamentación hoy no es viable porque la ley laboral indica 90 días de prueba. Si esa fuera la protección para el diabético, lo más seguro es que ninguno pudiera trabajar», afirmó González.
El artículo 7º de la norma indica que la diabetes «no constituirá, por sí sola, causal de inhabilitación para el ingreso o desempeño de tareas en organismos estatales, paraestatales o privados, salvo el caso de que se presenten complicaciones graves que afecten la capacidad laboral».
Sin embargo, ADU tiene en sus manos un caso «de una persona que dio una prueba en el Hospital Policial, ganó el concurso, y cuando se fue a presentar y mencionó que era diabético lo dejaron fuera», relató González. «Esto es consecuencia del gran costo de la ignorancia que aún existe a nivel social, aunque estamos muy avanzados a nivel médico y científico», afirmó el dirigente de ADU.
Pocas tiras
Al mismo tiempo que el MSP decretó la administración de las insulinas, otorgar a sus usuarios 25 tiras reactivas, fundamentales para que el diabético se automonitoree y sepa su nivel de azúcar en sangre.
ADU también está preocupada por la distribución de estas tirillas. Para ellos no debería ser igual para todos los diabéticos. Por ejemplo, un diabético tipo 1, que se tiene que inyectar todos los días, varias veces en una jornada, puede llegar a necesitar entre 4 y 6 tiras al día.
Por el contrario, un diabético tipo 2, que toma pastillas, se realiza los controles a lo sumo dos veces por semana. «Si bien se universalizó el acceso a las tiras reactivas, se fue injusto con el 10% de población diabética que es insulino-dependiente», aseguró González.
«Para el sistema de salud no se genera un mayor gasto, porque estarían redistribuyendo lo que quizás muchos diabéticos tipo 2 no están utilizando hacia el tipo 1″, explicó.
En este aspecto, ADU sintoniza con el pedido de los Padres D, familiares de niños diabéticos Tipo 1 que están juntando firmas para lograr ese pedido. El 15 de setiembre se reunirán con la ministra de Salud Pública, María Julia Muñoz.
Detección precoz
La especialista reconoce que Uruguay ha realizado los esfuerzos necesarios y ha sido pionero en la introducción de tratamientos y en su accesibilidad. «Pero no estamos conformes. Tenemos que seguir llevando la detección a lugares donde se haga prevención. No tenemos que olvidar que Uruguay es un país donde predomina la población adulta y adulta mayor», aseguró Ortega.
«Está demostrado que el 50% de los diabéticos tipo 2, si se hubiera hecho prevención, con hábitos saludables en el estilo de vida y alimentación, hoy no lo serían», señaló la experta.
La población con más riesgo es aquella entre los 45 y 65 años, donde se triplica el impacto, que será peor en el futuro. Estudios internacionales estiman que, para el año 2030, en los países en desarrollo habrá 140 millones de diabéticos, una diferencia abismal con los 60 millones actuales.
«Sólo la edad (más de 45 años) ya es indicador de hacerse una glicemia (estudio). Si a ese factor se le agregan el sobrepeso y obesidad, más antecedentes familiares de primera línea -padre o madre diabético-, se convierte en una obligación», afirmó Ortega.
Programa de embarazo
La experta también apunta a otro sector: la embarazada que desarrolla diabetes gestacional o que tiene recién nacidos de alto peso. «Soy partidaria de que la prevención de la diabetes parta desde el programa de embarazo», aseguró.
«La mujer que quiere embarazarse tiene que programar su gestación y si tiene sobrepeso, retirarlo, para que el embarazo no tenga incidencia de diabetes gestacional», explicó la experta. «Si permitimos que la mujer desarrolle diabetes gestacional, ese recién nacido tiene una impronta que se llama fenotipo, que queda de por vida. Es una población que puede desarrollar obesidad, hipertensión y diabetes porque le quedó la impronta de la hiperinsulina», afirmó la endocrinóloga.
Además, la médica hizo especial hincapié en el control de los niños con sobrepeso al nacer, pero también en los de bajo peso. Ambos tienen un gran riesgo de padecer diabetes.
Niños olvidados
«Los niños están muy descuidados en nuestro país, porque de cuatro uno tiene sobrepeso», informó Ortega. La médica alertó sobre aquellos niños que demuestran diversos síntomas, como una pigementacion muy oscura, que parece suciedad, en las manos o en el cuello.
«Eso es un elemento que demuestra que tiene mucha insulina y hay que bajarla. Otra señal es el niño que se desarrolla un poco antes, que transpiran mucho con ese olor tipico de la pubertad; ese niño también tiene exceso de insulina», dijo Ortega.
Para la especialista, es muy importante la concientización de los propios médicos sobre este tema y los síntomas mencionados. Ella insiste en la captación de los niños antes de la pubertad, para detectar la sintomatología e iniciar la prevención.
La endocrinóloga también destacó el papel de Uruguay en el tratamiento de la diabetes. «La conjunción del esfuerzo entre las partes hace que estemos en un buen lugar», aseguró. Ortega relató que la meta de la medicina actual es lograr una medicación que simule lo que haría la hormona en el cuerpo humano.
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