Fundación Logros. Impulsa desde hace 12 años el Programa Huertas Orgánicas

Trabajo con escolares abre puertas al desarrollo de toda la comunidad

En todo el país existen 400 huertas orgánicas incentivadas por la Fundación Logros, que son cultivadas por maestros, escolares, padres y vecinos de los distintos barrios donde se cosecha.

El requisito fundamental para integrar el programa no es contar con metros y metros de tierra, sino tener aptitud y ganas de trabajar.

LA REPUBLICA conversó con Graciela Gancman, directora de la Fundación Logros, quien dijo «no importa que la escuela no tenga tierra, si hay ganas se crea el suelo o el espacio necesario». Asimismo, «tiene que haber entusiasmo por parte de los técnicos y los maestros para que se los transmitan a los escolares», explicó.

 

Muchos años cultivando

Desde hace 12 años, la fundación trabaja con técnicos asalariados y voluntarios en los 19 departamentos del país. La actividad se desarrolla junto al Consejo de Educación Primaria, puesto que las huertas se llevan a cabo en las escuelas públicas e involucran a más de 40.000 niños.

La actuación de los maestros es fundamental, pues «son responsables de incentivar a los chicos y al resto de la comunidad», explicó la directora. Aunque reconoció que quienes contagian más entusiasmo siempre son los niños.

La financiación del proyecto se realiza con el apoyo de 40 empresas nacionales.

 

Hábitos de trabajo

La iniciativa que surgió para mejorar la alimentación demostró que también servía para entusiasmar a los chicos a estudiar más. Incluso quienes demostraban problemas de comportamiento dentro de las aulas manifestaron liderazgo y gran interés en la huerta. Sentirse protagonistas en el cuidado que implica la huerta, generó una gran autoestima en los chicos que en clase parecían problemáticos y al mismo tiempo una reducción en el nivel de deserción, «porque lograron canalizar la energía e incluso ven una posibilidad de trabajo para el futuro», detalló Fernando Valenzuela, técnico de la Fundación.

Vislumbrar la actividad en las huertas como un sustento a futuro es un punto a destacar, porque muchos escolares han crecido en familias sin modelos de hábitos de trabajo, tema presente por varias generaciones.

«Además de complementar la alimentación, las huertas generan un cambio de aptitud al trabajo y dan más autoconfianza y autosuficiencia», dijo Gancman.

 

Apuesta a la comunidad

Una vez iniciada la actividad se buscó involucrar a los padres de los escolares y a los vecinos, demostrando que las huertas eran una herramienta importante para acercarse a la comunidad. Actualmente el programa apuesta a trabajar con las distintas comunidades, porque buscan profundizar el desarrollo local desde cada escuela.

Gancman reconoció que el trabajo con los padres es «difícil pero no imposible».

La alimentación es, por tanto, una excusa para el desarrollo de las diversas temáticas que preocupan a la comunidad.

 

Educación como camino

«Apostamos a la educación y por tanto al futuro. Creemos que la educación es el camino. Educando prevenimos y desarrollamos muchas cosas por ejemplo el trabajo en equipo, el gusto a cosechar, el cuidado del medio ambiente y lo más importante es que nosotros aprendemos de ellos», puntualizó la directora de Fundación Logros.

En el último año, más de 30 escuelas urbanas y rurales de Montevideo se postularon para participar en la experiencia.

En las instituciones donde trabajan desde hace más tiempo y han logrado firmes vínculos, comenzaron a plantar árboles frutales autóctonos. Más de doce especies entre las que encontramos limoneros, naranjos, durazneros, guayabos del país, árboles de higos catalanes y mandarinas, fueron plantados hasta el momento en 32 escuelas para complementar el trabajo en la huerta.

 

CULTIVANDO ILUSIONES

El Programa Huerta Orgánica constituye una red de relaciones, en la que los maestros cumplen un rol importante, promoviendo el trabajo de los escolares en las huertas y al mismo tiempo incentivando la participación de la comunidad. Es por ello que la fundación los capacita en forma continúa y cuentan con el apoyo de los técnicos de la Fundación.

Su tarea es la de enseñar a sembrar, cultivar, cuidar la naturaleza, fomentar el trabajo en equipo y promover una sana alimentación.

En cuanto a la forma de trabajo varia según la institución y la comunidad, por lo que no existe un criterio único.

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