"Detrás de la Pantalla". Jackie Rodríguez Stratta en la Sobremesa

"El cine nacional es otro, antes y después de Whisky"

Con sus 80 entrevistas en el exterior, Rodríguez Stratta se confesó con LA REPUBLICA.

 

–¿Como surgió el interés por el cine?

–De muy niño. Perdí un año de liceo por hacerme la rabona e ir al cine. Mi tentación era escaparme a las viejas matinés. Después con el tiempo tuve la suerte de introducirme en la «cocina» del cine. En los setenta las compañías americanas tenían una especie de corresponsalía con los distintos sellos, en distintos países, donde el gerente era nombrado por esas mismas compañías.

Hubo una licitación, me presenté, y durante muchos años trabajé con una agencia de publicidad publicitando las películas.

 

–¿Qué tipo de películas promocionaba?

–Todas, casi el 90% del mercado. Empecé con MGM, Universal, Paramount, después Fox y Disney.

Hacía la parte publicitaria, las promociones y los grandes eventos. Trajimos a las chicas de James Bond, a un famoso traje de King Kong, a los personajes de Disney, por primera vez al Uruguay, hicimos un concurso con Drácula, y el que ganó fue Nacho Cardozo. Sacamos una carroza de caballos por Punta del Este para promocionar e hicimos la avant premiere en Casa Pueblo.

–¿Actualmente continúa realizando esa actividad?

–No. Fue una etapa en la que aprendí cómo funciona la industria y me empezó a tocar la parte periodística, no como «crítico cinematográfico», porque no lo soy. Me siento más un investigador periodístico, me gusta analizar los temas y dar en televisión una semblanza de lo que considero que es la película, pero nunca te voy a decir esta película es espantosa. No me gusta ser protagonista, soy perfil bajo. Cuando hablo de un artista, la figura es él, no yo.

 

Análisis crítico

–No se considera un crítico pero al hablar emite una opinión.

–Lo que hago, si ves por ejemplo un informe del domingo, tomo un tema y lo analizo. Soy un tipo que además le gusta saber lo que opinan los demás, recibo mucha prensa extranjera. Estoy en contra del crítico que utiliza la crítica como plataforma política. En la dictadura algunos decían que lo americano era mierda y el resto muy bueno.

Para hacer una buena crítica tenés que tener historia del cine. No podés hablar de un western, como oí el otro día en la radio, si no conocés la historia del western. Si hablás de «El tren de las 3.10 a Yuma», tenés que haber visto la original.

 

–¿Es más fácil ser crítico que realizador?

–Son dos cosas distintas. Nos necesitamos, nos odiamos y nos queremos los dos. El crítico que destruye es más notorio que el benévolo. Cuando tengo que decir que algo no me gusta, me cuesta decirlo, porque voy al cine y disfruto de la película aunque sea mala. Encuentro dónde están las cosas malas y aprendo de eso.

 

–Está vinculado al cine, ¿por qué no al espectáculo en general?

–Al principio iba mucho al teatro y comunicaba a nivel de los programas que tenía en el 5 y en un principio también en el 12, pero me di cuenta de que de las dos cosas, cine y teatro, no podía opinar. Para hacer un texto de lo que digo los viernes en Subrayado me paso toda la mañana y no por burro. Lo armo, lo desarmo, lo vuelvo a armar, porque tengo muy poco tiempo en el aire. Además tengo respeto por el televidente, la gente no es boba «no come vidrios». Acá hay mucha cultura cinematográfica, la gente sabe cuándo le errás, ¡no sabés lo que es el teléfono! Una vez dije que Arnold Schwarzenegger era australiano en vez de austríaco ¡No sabés lo que fue el teléfono!

 

Cine nacional

–Además de estar en el 10, ¿qué otra actividad realiza?

–Hago una corresponsalía para el exterior para dos revistas que se distribuyen en los festivales. En ellas toco temas vinculados con la producción nacional. Hay mucho interés en el exterior sobre nuestras películas, más que en nuestro país. Creo que es por la propia idiosincrasia del uruguayo. Es muy perezoso para producir porque este siempre fue «el país del no». Se cansaron de golpear puertas, de buscar financiación para las películas, la gente no creía. Creo que la Ley del Cine va ayudar mucho.

 

–¿Cómo ve al cine nacional?

–El cine uruguayo es otro antes de «Whisky» y después de «Whisky». Todo lo que sea uruguayo a mí me gusta. Hay directores muy talentosos, Rebella y Stoll («Whisky») trabajando juntos eran muy talentosos y hubieran llegado muy lejos. Schroeder es un director talentoso; Alvaro Buela también, pero necesita despegar. Después están los que son más comerciales que ven al cine desde otra óptica. Consideran que tiene que tener otro movimiento, entonces atacan con otros temas. César Charlone, por ejemplo, es un tipo visionario que de alguna manera sabe que su producto debe tener cabida en el exterior. Hace una película «El baño del Papa», que sabe que va a tener atracción afuera.

 

Miles de entrevistas

–Aproximadamente realizó 80 entrevistas entre actores y directores.

–Hay dos etapas. Está cuando vos salís por iniciativa propia a buscar la entrevista o cuando la distribuidora local te da todo cocinado: vas y hacés la nota. Pero el otro tema es cuando vas a los festivales donde tenés tres mil periodistas acreditados de 150 canales de televisión y cable. Cuando empecé a recorrer los festivales me dije: ‘acá voy muerto’, no traigo una nota. El primer año no conseguí ni una nota, el segundo conseguí algunas. Después nos dimos cuenta con mi productora, que es mi mujer, que los que representan a las figuras en los festivales representan a otras figuras y recorren distintos festivales.

 

–¿Cómo es su relación con las celebridades del cine?

–Estar al lado de esos monstruos es como ser un extraterrestre que llega a un lugar y nadie te conoce.

Uruguay no existe, y sobre todo para ese mundo. Tenés que estar explicando de dónde venís, que sabés un poco la trayectoria del actor porque si no no te dan pelota, y así fui ganando terreno y viajé durante 15 años haciendo 7 u 8 viajes por año hacia los festivales internacionales

 

–¿Alguna que recuerde como la mejor entrevista?

–Entrevistar a Tom Hanks en Berlín, cuando hizo «Filadelfia», me costó un «Perú». El sistema que tienen los americanos para las entrevistas es una cámara para la figura y otra enfocando al periodista, jamás se los ve juntos.

Habíamos llevado un camarógrafo porque queríamos tener un saludo o una imagen juntos. Antes de entrar, me dicen que no puedo entrar con el cámara y cuando ingresamos nos ve Tom Hanks y se da cuenta de que estamos discutiendo con la gente de Columbia. El pregunta cómo se llama el camarógrafo, y mi señora le dice que se llama Jorge Rodríguez. Hanks sale al pasillo, lo llama y lo dejó entrar.

Cuando terminó la entrevista me dice ¿cuál es su cámara? Le indique cuál era, me dio un abrazo y me dijo: «Para que en tu país sepan que estuviste conmigo». Para mí fue la mejor nota, no por su contenido, sino por el gesto.

 

–¿Y la peor?

–Varias; a Jack Nicholson no le gusta que le saquen fotos y no te manda un saludo porque dice que es una pavada. Sophia Loren me daba un saludo para Paraguay en vez de Uruguay, Ethan Hawke me eructaba durante la entrevista, John Malkovich tomaba té durante las entrevistas con la taza y el plato en la mano. Recuerdo cuando entrevisté a Vanessa Redgrave, no sé qué le pasaba, me respondía cortante y miraba para otro lado. Paré la nota, la tomé de la mano y le dije que algo no andaba bien. Me miró y me dijo: «empezaremos de vuelta». Me dio una nota de 20 minutos y era otra mujer. Me pidió disculpas. Su marido, Franco Nero, estaba afuera y cuando salí me dio un abrazo.

 

–¿Tiene amistad con alguno de ellos?

–Amigo no, pero tengo buena relación con Vanessa Redgrave y Mickey Rooney. Siempre soy muy de llevar algún obsequio, nadie les lleva nada. Muchos periodistas de cadenas importantes se siente
n también estrellas, yo voy en un plano modesto. Banderas, por ejemplo, me hizo la promoción de un programa porque cuando le hice la entrevista había estado el año pasado en Punta del Este.

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