Tiene la palabra

La Biblioteca Nacional y sus carencias

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

El periodista que acudió a la Biblioteca Nacional conversó con su director. El tiempo no le alcanzó, ¡qué lástima!, para conocer la opinión de los empleados y de los lectores, principales víctimas de lo que allí acontece.

Los lectores podríamos haberle confirmado la «alegría» que nos produce leer en incómodas mesas estrechas, mal iluminadas, en salones fríos, sufriendo el ruido de un ambiente absolutamente impropio.

Los empleados podrían haberle narrado la vergüenza sufrida ante un escritor español, que concurrió para investigar sobre nuestros poetas y debió retirarse indignado y atónito ante la falta de comodidades para su labor.

¿Cómo se puede afirmar que los cuartos que hoy se usan sean cómodos e iluminados? ¿Por qué se afirma que ahora van a quedar «iluminados los lugares individuales de los lectores», si siempre fue así?

Sí para plastificar el piso de la Sala de Lectura hubo que e esperar 14 meses (¡!), ¿qué nos puede asombrar?… ¡por favor!

Se afirma, además, que «se cambió» absolutamente toda su instalación eléctrica, incluso que se ilumina cada uno de los lugares individuales de los lectores» (sic) Pero, ¿qué cambiaron? si siempre hubo lámparas individuales para cada lector.

No puede engañarse al lector con estas excusas sin fundamento. El cronista debió consultar a los sufridos lectores y los atribulados empleados, que seguimos este martirio desde abril de 2007. No lo hizo. Hubiera sabido que ellos piden un agente policial permanente, que proteja a la Biblioteca y su riquísimo acervo. A nadie le interesó.

Respecto a lo demás, quiero agregar mi gratitud hacia todos los funcionarios de la Biblioteca Nacional, siempre solícitos, atentos, dispuestos a cumplir con nuestras inquietudes. Ellos merecen mi reconocimiento.

TIO JULIO – C.I. 560.304-3

 

Recuerdos de vida

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor. Mi amigo me manifestó, y lo comparto, su preocupación sobre la educación de sus hijos, por la enseñanza que se imparte en el ámbito estudiantil. Sus manifestaciones me hicieron reflexionar, ya que no es tema menor. Es para cuidar, observar, vigilar, averiguar, encarar, preguntar.

Pero más allá de lo puntual de la situación decidí enfocar el tema hijos con poco más allá que el relacionado a los estudios y la educación en el aula. Y me aparecieron interrogantes, recuerdos, reflexiones, preguntas y comparaciones. La educación es amplia y vasta. En un todo. Abarca cantidad de situaciones. Si las abrimos, encontramos un inconmensurable abanico multicolor y polifacético de puntos a tener en cuenta. ¿Qué hace en la casa y fuera de ella? ¿Con quién juega, conversa, se entretiene? ¿Cuáles son sus compañeros y amigos? ¿Cuáles sus fuentes de alegría, de tristeza, o necesidad? ¿Recibe amor? ¿Lo siente así? O está pidiendo, clamando, demandando cosas puntuales que pasamos por alto, sin darnos cuenta de nuestra equivocación, omisión e inadecuada atención.

Cuánta agua corre bajo los puentes. Hoy día los chicos y los jóvenes viven en la era del consumismo. «Tanto tenés, tanto valés».

La velocidad, la vorágine, el vértigo, por tener y obtener todo. El «quiero tener». Ya no se concibe más, el me gustaría tener. Las marcas, los modelos, el televisor, el cable, el computador… más, más, más. Cosas útiles, utilísimas del hoy, del mundo actual, del quiero vivir. Pero también están presentes, en todo momento, la violencia. Vista, escuchada, palpada. En forma verbal, oral, escrita o televisada. De hoy, de ahora, de este preciso instante. La droga, maldita droga.

La droga que rompe, corroe, diezma, inutiliza, altera y desintegra las más elementales escalas de valores para transitar por el camino adecuado. Por el bien. Hace pocos, relativamente pocos decenios, no más de 5 o 6, ¡Cuán diferente era todo! ¿Evolución? ¿Involución? No habían las cosas de hoy en día. Pregunto: ¿Eramos menos aptos, menos ilustrados, menos instruidos y preparados o más infelices? Nada de eso. Ni por asomo. Existía el ansia de superación. La competencia y autocompetencia del crecimiento, del saber, del crecer en el cuerpo, mente, alma y espíritu en escalas de valores ascendentes. A más y mejor. Quien de los caballeros que hoy peinan canas, o lucimos calvos, no recordamos con infinita nostalgia en el alma, aquellos juegos a la pelota de trapo que doña Gusta o doña Rosa y otras, nos cosía, rellenando con lana, retazos de tela e infinito amor. O cuando para el día de Reyes, pedíamos la Nº 5, la de «fóbal» (fútbol). Y el trompo y el balero de madera. Y el monopatín de madera y rulemán, que nos hacía el tío o papá, cuando no accedía a comprar el de la Juguetería.

Y la «bici»… ¡Ay Dios mío! Para mis 13 años me la regalaron. La «chiva» aún hoy la conservo (y la uso). Pero, pero, pero. Algo muy especial. Libros. Los libros de lectura, de aventuras, de cuentos. ¡Ay, ay! Robinson Crusoe, Alan Poe, Edmundo de Amicis y los otros, todos. Nos templaban el alma y la mente. Qué bonita aquella frase, «La poesía es una comunicación a través de la belleza» «Casa sin libro, hogar sin vida». Y la armónica, de madera o metal. A la cual arrancábamos nuestras primeras melodías, canciones, notas.

Si volviéramos atrás… tan sólo un poco. Y si le sumamos todos los adelantos de hoy a nuestro alcance, cuánta utilidad tendríamos.

Resumo: no droga; sí libros; no violencia; sí amistad. Amor. Mucho amor hacia uno mismo y hacia el prójimo. Amor a la vida. Volver al pasado, con el tiempo presente.

Cordiales saludos

CARMI RAUCH – C.I. 866.784-6

 

Luces II

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

La presente es en respuesta a un artículo de OXALDO2. No lo contesté antes porque no tuve tiempo ni muchas ganas, pero por aquello de que el que calla otorga.

1) No pretendí entrar en polémica y así lo expreso, ya que el artículo del Dr. Aparicio se centraba en el gasto que significaba el tener las luces de los automóviles encendidas durante el día y el mío en la seguridad al evitar o disminuir accidentes aunque, naturalmente, algunos puntos de contacto habían.

2) La opinión del Dr. Fasano salió en la respuesta a una nota de un lector y la del Sr. Pippo en su habitual Columna Amarilla. Fue, simplemente, la constatación de un hecho, no entré en polémica así que no veo a que viene lo de que «la verdad es el resultado que surge de la oposición de ideas».

3) Reitero que el hecho de que alguien se olvide de apagar las luces no tiene nada que ver con el asunto que estamos tratando, por lo que no sé a que viene lo de los paralogismos de falsa oposición, salvo para demostrarnos los conocimientos de OXALDO2 sobre Vaz Ferreira. Lo que tampoco tiene nada que ver con este tema.

4) Cuando se pregunta ¿dónde está la falsa oposición? Le respondo: solamente en su artículo, al hacer mención del mío, sin que tenga nada que ver.

5) Se pregunta si en Canadá sigue vigente la disposición de mantener las luces encendidas durante el día. ¿Por qué no lo averigua? Tampoco tiene nada que ver con el asunto (Vaz Ferreira dixit)

6) Dicho todo esto, me quedan dudas sobre qué artículo leyó OXALDO2 y a quién le contestó.

B.I. – C.I. 925.499-1

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