Reflexión. Fecundidad, emigración y envejecimiento poblacional son los datos a analizar

Nacer, crecer y envejecer a la uruguaya

El descenso de la fecundidad, la emigración y la infantilización de la pobreza, entre otros factores, generan un panorama que compromete el desarrollo del país. Para analizar estas situaciones se publicó el libro "Nacer, crecer y envejecer en el Uruguay. Propuestas concretas de políticas de población".

Martes 19 de agosto de 2008 | 3:37
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Infancia. Los niños son los que más sufren la pobreza en Uruguay.

El Instituto Rumbos y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) publicó el libro “Nacer, crecer y envejecer en el Uruguay”.

Esta publicación busca propiciar debates, plantear interrogantes y opciones en materia de políticas de población, natalidad, fecundidad y envejecimiento.

El libro comprende una serie de cinco artículos referidos a los nacimientos, el crecimiento de las nuevas generaciones y el proceso de envejecimiento de la sociedad uruguaya.

Los editores, Juan José Calvo y Pablo Mieres, realizaron el informe en el que uno de los objetivo es reflexionar sobre “la aplicación del gasto social en nuevas tecnologías para promover la extensión de la vida. ¿Dónde está el límite de dicha inversión? ¿Quién o quiénes deben tomar esas decisiones? ¿Cuánto es válido gastar en tratamientos o tecnologías que procuren alargar la vida de las personas?”.

 

Fecundidad y crianza

El primer capítulo intenta dar respuesta a la problemática de la fecundidad, planteando la interrogante de cómo brindar políticas que la fomenten.

José Luis Díaz Rossello y Javier Pereira parten de la premisa de que “la forma como nos reproducimos tiene el sentido de perpetuar nuestras mejores capacidades en las generaciones que nos continúen.

Ante el descenso de la fecundidad es necesario considerar las condiciones para el desarrollo en sociedad”.

Los autores explican que entender la fecundidad sólo por la cantidad de hijos es una “limitación ideológica”. El desarrollo de las personas depende de la crianza. Aunque se satisfagan sus necesidades básicas, un niño sin padres sufre una enorme precariedad vital.

Desde hace unos años se ha comprobado que Uruguay sufre una disminución demográfica que conlleva cambios en el comportamiento de la gente: menor número de hijos y más tardíos; y desvinculación de las parejas que cohabitan antes de procrear.

Díaz Rossello y Pereira enumeran los motivos para postergar la concepción: el temor a no haber encontrado la pareja ideal, la preferencia por el progreso laboral o de estudios, restricciones económicas y percepción de pérdida de autonomía.

En el mundo se han tomado determinadas medidas para levantar los obstáculos para el pleno ejercicio de la libertad reproductiva.

Entre los que violan los derechos personales figuran restringir los anticonceptivos, limitar la educación de las niñas o el empleo de las mujeres.

En oposición a estas medidas se busca facilitar el casamiento temprano, aumentar la seguridad económica de la maternidad e instituir un bono contado o pago mensual por cada hijo.

 

Maternidad  y desarrollo

En el segundo capítulo, Carmen Varela Petito desplaza la discusión a “la falta de políticas sociales que acompañen la crianza de los hijos y permitan conciliar la maternidad y paternidad con el desarrollo integral de las personas”. Varela asegura que las políticas familiares deben conciliar la maternidad y paternidad con el resto de las actividades.

Los datos sobre el número de hijos que tienen las mujeres según los niveles educativos aseguran que el 38,7% de las mujeres entre 30 y 34 años con educación media y alta no tiene ningún hijo mientras que el 31,5% tiene uno.

El 15,8% de las mujeres más educadas de entre 40 y 49 no tiene hijos y el 19,1% tuvo uno.

Las medidas que permiten, según la autora, conciliar el desarrollo personal y la reproducción son: servicios de atención a los niños durante las actividades de los padres, regulaciones del horario laboral y licencias por nacimiento o adopción.

 

Gasto público e infancia

Gustavo De Armas centra su estudio en la inversión del capital humano para el desarrollo y el fenómeno de la infantilización de la pobreza.

Los datos de la Cepal indican que en Uruguay en 1997 el porcentaje de niños pobres era casi nueve veces mayor que el de adultos.

En los países desarrollados la incidencia de la pobreza es igual entre adultos (mayores de 65 años) y niños (menores de 16). “Uruguay se revela como un país relativamente exitoso a la hora de proteger a las generaciones mayores, pero poco efectivo a la hora de proteger a los niños”, concluye el informe.

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