Tiene la palabra

La firma Monsanto y los transgénicos en Uruguay

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Soy funcionario del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, y quiero manifestar mi asombro ante la actitud que tuvo el ministro Agazzi el pasado 18 de julio.

Mi interés en concurrir al acto por la fecha patria se debía a que quería saber más sobre el levantamiento de la prohibición de producir alimentos transgénicos. Me acerqué al ministro y le expresé mi preocupación porque no sabremos lo que comeremos al dejar libre la explotación de estos productos que afectan la salud de la gente. Exportamos las mejores carnes y otras cosas pero aquí tenemos que comer cualquier cosa sin etiquetar. ¿De qué Uruguaya Natural estamos hablando? Es sólo un eslógan. Además del turismo, la alimentación es muy importante; hay que producir sin usar químicos que afectan la salud humana, fertilizantes prohibidos en los países ricos. La firma Monsanto fue sancionada por la Justicia estadounidense.

Y por último, le manifesté al ministro Agazzi por qué existe iniquidad en los salarios de los diferentes ministerios, porque no se cumple lo de a igual función, igual remuneración; entran personas sin concurso y con más sueldos que los que trabajaron años de todos los escalafones y grados. A estos planteos, el ministro respondió increpándome duramente y con ironía. Nosotros no pedimos trabajar cuatro horas; los servidores públicos trabajamos ocho horas por ley, y ahora hace años que no hay horas extras.

Los gobernantes tiene que tener respeto hacia los ciudadanos, porque nosotros los pusimos ahí y les pagamos sus buenos sueldos mientras nosotros sobrevivimos sin poder llegar a fin de mes.

EDUARDO WASHINGTON PIRI LANZZERI – CI. 1.765.600-6

 

Niños de la calle, …y son nuestros

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Muchas veces somos injustos, desalmados, crueles. Muchas veces juzgamos y prejuzgamos sin mirar.

Sin observar. Sin ver o sin querer ver. Rotulamos porque sí. Nos parece que tiene que ser de tal manera y no puede ser de otra. Al hablar de «chicos de la calle», casi siempre lo asociamos a «niño infractor».

Cuánta injusticia, cuánta sin razón. Cuánta equivocación. Bastante los castiga el destino, la sociedad, la vida. No le agreguemos más castigos. Y menos cuando no es la situación. Por mi barrio pasa casi a diario un simpático niño. Toca y llama a la puerta casa por casa. Va cargado con 3 o 4 bolsas, en la que va poniendo lo que le dan, encuentra o junta. Pobremente vestido, pero limpio. Llamativamente limpio. Hace pocos días pude observar algo insólito, hermoso, digno. Sólo la pureza, inocencia, y transparencia de niños, no se puede enseñar determinada lección. Varios niños de la cuadra, todos entre 10 y 12 años jugaban un «picadito» con la pelota. El chico de la calle con un bizcocho en la mano se puso a mirar, sentado en un escalón. Al ratito, preguntó «si podía jugar». Y sí, por supuesto. Fue aceptado. Era uno de la barra. Era un niño. Solamente esto. Gracias a que estaba esperando una encomienda, aprendí una «lección de vida».

Cada 3 minutos preguntaba la hora. La contestación a mi asombro por el apuro fue que a las 13 horas entraba a la escuela, y antes debía pasar por el comedor. Y para rematar me explicó mientras jugaba. «Es que vivo lejísimo, y tengo que estar temprano por «El Rancho», porque «hoy, mi hermano va al médico, y tengo que darle mis championes». Muchas veces -no todas- (lástima), los niños de la calle estudian, juegan, sueñan, luchan, gimen, ríen, ayudan, comparten, trabajan. Se ganan «su vida». Son felices. Con poco. Agradecidos, pícaros, frescos, serviciales. Son ante todo, y… a no olvidarlo, niños. Y nuestros. Son uruguayos. Tratemos todos de tenderles una mano. Darles oportunidades, protegerlos, darles amor. Esa es la consigna. Mucho amor.

Cordiales saludos,

CARMI RAUCH – C.I. 866.784-6

 

Responde Amondarain: católicos y masones

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Un lector amable, de nombre Jolivet, me pregunta la razón por la que se oculta o no se expresa históricamente la interrogante de la presunta creencia sobre el Libertador Manuel Oribe de si era masón. El algo que los que somos amantes de la historia, y es cierto, conociendo referencias y hasta hechos, no hemos planteado referencias. Tal vez, porque no hay pruebas fidedignas, al menos yo no las tengo y desconozco, y a quienes he consultado incluyendo hace años a Pivel, que tampoco las había visto, de parte del Libertador. Firmas, documentos, registros públicos, etc., salvo que la propia masonería las tuviese y nunca las ha mostrado como pruebas. Como sí existen de Leandro Gómez, que en Paysandú llegó a tener hasta una escuela o academia para jóvenes masones. Oribe en cambio no es el mismo caso. Fundamentalmente porque en su época no había rivalidad o enfrentamientos ideológicos filosóficos aparentes entre la Iglesia y la masonería. Oribe fue un católico práctico (está probado) y muy activo, que incluso llegó a construir iglesias, caso el de La Purísima (Zufriategui y la vía Belvedere) donde mandó ser enterrado junto a su madre, allí estuvo diez o doce años hasta ser llevado a la Unión San Agustín, que también fundó y donde descansa hoy día. Tal vez por influencias de monseñor Ereño, su amigo personal y párroco de la misma. La división, enfrentamiento o rivalidad entre la Iglesia y la masonería devino de la guerra contra los estados Pontificios de Garibaldi (él sí, masonazo) y enemigo declarado de la Iglesia. El Papa de su tiempo excomulgó a los masones negándoles todos los sacramentos correspondientes, incluido el de enterrar en los «Campos Santos» o cementerios que eran, como en el caso de nuestro país, regidos por la Iglesia. La situación hizo crisis en nuestro Uruguay, en el departamento de San José donde falleció justamente un connotado ciudadano que si bien era católico, tenía esa doble creencia al ser también masón activo. El cura de San José le negó el entierro en la necrópolis del Departamento. Y después de una serie de episodios que duró semanas con el cadáver «paseando» a Montevideo, donde al principio el Párroco de la Catedral Metropolitana, lo admitió, monseñor Jacinto Vera Obispo respaldó al de San José. El muerto, a esa altura estaba en franca descomposición, y el presidente Berro decretó la secularización de los cementerios y de esa manera Jacobson, que así se llamaba el occiso, pudo ver concretado el sepelio. Pero todo ese episodio y resultados, fue después de Oribe. En tiempos del Libertador no habían impedimentos para tener las dos creencias. Es más, algún sacerdote, se decía que nada menos que el Padre Larrañaga fuese masón o por lo menos tener una relación «fluida» con ellos. Tampoco hay pruebas al respecto. Se ignora sobre Lavalleja, que en principio era católico, y lo que sí era seguro es que Artigas no era masón y sí católico confeso y práctico. Según la ocurrencia que le viniera mejor, el Pardejón era cualquier cosa, incluyendo ser masón cuando fue preso en Brasil para que lo largaran y dieran plata, cosa que logró. Pero fue solo por un «ratito», según cuenta, hasta que se volvió con los «patacones». De lo que en mayoría está probado por hechos reales y verificables, es que el Libertador Oribe fue católico práctico y confeso. Construyó iglesias, apadrinó o bautizó chiquilines en cantidad considerable, incluyendo el hijo mayor de Venancio Flores con quien eran muy amigos (Oribe muere en el 57 y la Heroica fue en el 65, no confundir…) y hasta mandató ser enterrado en la Iglesia que él construyó (La Purísima) junto a su madre. Tuvo una excelente relación con todo el Clero, monseñor Jacinto Vera fue en su juventud, soldado suyo y siguió la carrera eclesiástica por recomendación del propio don M
anuel. Intimo amigo de monseñor Ereño y una permanente relación con el monasterio de Belvedere. O sea, no había incompatibilidad en esa época de relación entre masonería y católicos. Es correcta la inquietud del Sr. Jolivet sobre un tema muy nebuloso y hasta resbaladizo, dada la poca información perdida la mayor parte en la nebulosa de los tiempos. Por supuesto, el anecdotario es mucho mayor por cierto y no es mala cosa el buscar, los debe haber. Más datos que supongo los tendrán los masones. ¡Qué los muestren!

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