VIDA VOLCADA A LOS JOVENES

El sacerdote salesiano Mateo Méndez tiene 63 años. Lideró durante diez años el Movimiento Tacurú, en la zona de Aparicio Saravia, en Montevideo. Desde 2000 estuvo al frente del proyecto Caqueiro de Rivera. Ambas iniciativas estaban destinadas a atender y formar a niños y adolescentes con problemas de conducta y en situaciones económicas muy complejas. Caqueiro, en Rivera, fue un proyecto social que atendió a más de un centenar de niños y jóvenes. Allí se brindaban diversos cursos de capacitación para abrirles puertas para un futuro laboral digno, a la vez que se brindaba atención a sus familias. Hace unos años, Méndez dijo a LA REPUBLICA que los chicos que viven en contextos socioeconómicos críticos «no son un problema, son niños». En Caqueiro «tratamos de ayudarlos a crecer y dar valor a lo que tienen en casa», había dicho el sacerdote. Esa era una de las metas de su labor social. Este perfil llevó a que el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) lo escogiera para asumir la responsabilidad de dirigir el Instituto Técnico de Rehabilitación Juvenil (Interj), que atiende a los menores infractores.

A pesar de que la designación acarreó críticas desde algunos sectores de la oposición, Méndez negó contundentemente la posibilidad de que aprovechara su nuevo cargo para hacer proselitismo religioso. El padre Mateo Méndez pasará a vivir en la comunidad San Isidro de Las Piedras, donde existe una comunidad salesiana desde hace años.

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