SANA MENTE
Una vida sin vida
Caso:
Juana está preocupada, no sabe qué puede pasar. El temor y la tristeza la atrapan y no puede pensar en otra cosa. Una nueva noche sin dormir, llorando, pensando. Sus días son una tortura, sus noches son de pesadilla. Ha perdido el apetito, no consigue disfrutar de los mínimos y simples gustos que podía darse cotidianamente. La tele está apagada y en la casa no se escucha más que el silencio o sus sollozos. El timbre del teléfono le resulta insoportable y ha decidido desconectarlo. El desorden reina por doquier, los platos se acumulan en la pileta mientras Juana se encuentra arrollada en su cama, pensando, llorando, temiendo.
Hace días que no se baña, su cabello está desordenado y tiene el rostro desencajado. No existen salidas, es irremediable, todo está mal. Para colmo de males, sus hijos la han abandonado, nadie la quiere y ni siquiera cuenta con las amigas. A nadie le importa su sufrimiento. La psiquiatra le ha dicho que debe tomar regularmente la medicación, pero la tiene de adorno en la mesa de luz. ¿Para qué? Nada es posible hacer. No hay salida.
Hoy Teresa, su hija, preocupada porque el teléfono sonaba sin respuesta la ha encontrado en la cama, dormida. La emergencia se la está llevando porque está en coma.
Comentario:
Juana está cursando una depresión profunda que la ha llevado a pensar que no existe otra salida que morir. La tristeza profunda, se va instalando paulatina y lentamente.
Poco a poco va ganando la inercia, la imposibilidad de disfrutar de las mínimas satisfacciones de la vida: el contacto con los seres queridos, la música, la comida, etc. todo se torna indiferente, lejano. En este caso Juana dice que los hijos y las amigas la abandonaron o no es posible contar con ellas.
En realidad hay una retracción social, que lleva a la persona deprimida a aislarse, a no contestar el teléfono, a no soportar las visitas. Se vive una automarginación de los afectos que se interpreta como abandono y desinterés de parte de los mismos y se suma a la lista de dolores.
La mirada de la vida con proyección de futuro se trunca en un continuo presente de dolor, insatisfacción, culpa y revisión de hechos del pasado que no dejan lugar a ver la realidad de los claro-oscuros que naturalmente tiene la vida. Todo se vive como si se estuviera en un túnel sin salida.
En este encuadre, sin esperanza, sin fuerza para vivir, la muerte es deseada como un descanso, como una única posibilidad para dejar de sufrir.
Este estado seguramente por su instalación solapada ha pasado desapercibido para el entorno del paciente. En ocasiones los síntomas se minimizan o despiertan la indulgencia de asumirlos como «rarezas» que solo pretenden llamar la atención. La retracción del paciente lleva a la familia o a amigos a intentar modificarla mediante estímulos que no son comprendidos por el paciente o incluso despiertan su rechazo.
El rechazo no se suele interpretar como una manifestación patológica que facilite la comprensión y acerque la ayuda especializada. Por el contrario el agotamiento vence a quieres están alrededor y sin quererlo se produce una lejanía que agrava la situación y deja al paciente abandonado a la depresión.
Las respuestas irascibles de parte de una persona que cursa la depresión suelen desorientar a quienes pretendiendo ayudar solo reciben su rechazo. Muchas veces la existencia de acontecimientos penosos en la vida del paciente suelen generar un encuadre de «justificación» de estas actitudes retrasando aún más la ayuda.
El riesgo que no se debe nunca minimizar es la posibilidad de que el paciente atente contra su vida. Por ello es necesario conocer los síntomas de esta enfermedad y tener una mente sin prejuicios a los efectos de acercar al paciente a la consulta del psiquiatra
Este apoyo sencillo es muy efectivo. Sin embargo es frecuente que se evite o se retarde la consulta mientras se exploran recursos inciertos del mundo mágico, de la mano de quienes aprovechan la credulidad o la desinformación. Mientras tanto se corre el riesgo de la agravación de la depresión con su consiguiente posible desenlace trágico.
La familia o amigos de un paciente con depresión se ven frecuentemente desconcertados con la negativa del paciente para concurrir a la consulta con el psiquiatra. Es posible entonces proponer la consulta con el médico de medicina general. Este primer contacto con el sistema de salud, puede desvanecer la resistencia del paciente a la consulta especializada y encaminar así hacia un tratamiento adecuado.
En el tema de la depresión así como en cualquier otro relacionado con la salud es preferible prevenir. Esto quiere decir que si los síntomas no ameritan la consulta especializada, es preferible pecar por exagerar y no por omitir una asistencia a tiempo. Por el contrario, si la consulta con el psiquiatra era lo indicado, se estará previniendo el agravamiento o un desenlace trágico con un tratamiento adecuado y oportuno.
Una vez encaminado este tratamiento se debe hacer un seguimiento adecuado del cumplimiento del mismo y de las visitas sucesivas al especialista.
No olvidemos que nuestro país tiene una muy elevada tasa de suicidios que pueden y deben evitarse.
Esta columna y las anteriores están disponibles en www.prosalud.com.uy. Dra. Almendras. Informes y Seminarios 4099983
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