Gustavo Rey. Confesiones íntimas de un hombre de radio

"Mi voz fue un problema y hoy es un diferencial"

La voz de Gustavo Rey transitó durante veinte años en la nocturna sintonía de la radio. Escucharlo de tarde, y todavía en vivo y en directo viéndole la cara que poco se parece a lo que uno imaginó, parece una experiencia que bien se puede trasladar a algún más allá de la medianoche. Volviendo a su voz, tiene una gruesa y gastada textura, haciendo un paralelismo no muy original se diría que es una voz «arenosa» producto de «varias horas hablando en un curso». Gustavo Rey, un hombre que parece saber escuchar y que tantas veces le dio lugar a los noctámbulos escuchas para que cuenten sus historias, hoy nos confiesa su vida, sus penas, su otra cara, su otra voz.

 

Su primera cara

–Soy Gustavo Rey, tengo 44 años. Preguntame lo que quieras.

 

Sí dale, seguí presentándote.

–Bueno. Con Abrepalabra llevo un año y medio y con Caras y más Caras fueron veinte años seguidos. Antes ­voy para atrás porque así me resulta más fácil-, estuve en un programa que se llamaba «Ahora es Tiempo» en Emisora del Palacio de cero a dos de la mañana. Era un período en el cual la noche, tanto en Emisora del Palacio como cuando hacíamos Caras y Más Caras (Océano), tenía mucha fuerza en la radio. Luego pasé por experiencias cortas. Formé parte de un grupo de seis personas que se llamó el equipo joven de «En Vivo y en Directo» cuando estaba Araújo (Néber), Traverso (Jorge) y Lille Bettina Chouy, y hacíamos intervenciones cada un mes o cada quince días. Un día hicimos un programa con Mariano Arana para conocer la ciudad de Montevideo. Es que tocábamos temáticas juveniles para un público adulto. Pero lo primero que hice y que agradezco mucho a la gente de Joven Tango fue un micro dentro de su programa que se llamaba «De mi Ciudad», y era una especie de programita que se trataba de ver cómo los jóvenes veíamos los diferentes barrios.

 

Lo que me llamó la atención es que en tu presentación no dijiste que eras hincha de Wanderers.

–Vos sabés que siempre tiendo a ir para ese lado y termino hablando de algo que me apasiona pero que a la vez te enferma un poco. Estaba revisando los mails y un amigo me contestaba si iba o no el 15 de agosto, fecha en la cual se cumplen los 106 años de Wanderers. Yo hasta suspendí un curso para poder ir. Yo este año intenté dar una mano en la comisión de prensa, aunque siempre tuve la duda si el fútbol era un pasatiempo y decía que no me iba a meter en nada, pero llega un momento en que vas y te metés igual. En un momento pensé: «Si nadie hace nada» estamos siempre en la misma». Pero este año hubo un cambio interesante en la directiva, donde entró gente joven que se empezó a arrimar. Yo tiré nombres de comunicadores hinchas de Wanderers para crear un equipo de comunicación y tuve tanta mala suerte que se empezaron a juntar los lunes de mañana y quedé por fuera. Pero sigo ahí, con la banda de «Los Vagabundos», que son los más jóvenes, los que se ubican detrás del arco, los que comúnmente se llamarían «barra brava» pero que no son barras brava. Uno de los pibes le puso al grupo «Los Vagabundos» y hace poco tiempo me hizo una justificación casi como de «fenómeno» de tribu urbana sobre el nombre.

Dando vuelta la cara

El mismo Gustavo pide no hablar más de Wanderers. «Si querés la corto por acá, sino no termino más», dice con una sonrisa orgullosa de una de sus pasiones. Pudimos identificar en esta entrevista varias de ellas. El fútbol, la radio, la docencia, sus amigos. Pasión que supo transmitir por el micrófono a sus oyentes que por veinte años hicieron junto a él Caras y Más Caras.

 

–En el programa había como una especie de «tribu urbana». Fue un programa de culto para muchos. ¿Qué pasó cuando terminó el programa? ¿Tuviste algún reproche de la audiencia? ¿Sentiste que defraudaste a tu público?

–La percepción es parte de la comunicación y uno puede tener una percepción muy diferente al otro. Hay personas que te van a decir «yo ya no te escucho porque no estás de noche». Es el hecho de dejar algo, de abandonar un proyecto. Yo no sentí que estaba abandonando nada. Fueron 20 años de la mejor etapa de mi vida. Hay otro tema, y es que la noche cambió mucho. Yo sigo escuchando radio de noche mientras preparo materiales o estudio, o cuando estoy con mi pareja o con amigos. Otras veces escucho muy poco, media hora y me duermo. Creo que hay más posibilidades hoy de las doce en adelante que entre las ocho y las doce que es el horario televisivo donde la gente mira televisión. Yo no sentí que defraudaba a alguien. Expliqué mucho porque dejaba la noche, me detuve a pensar en escribir una carta, la escribí, sonorizamos esa carta, estuvimos tres semanas con ella al aire, la mandamos por mail y nos despedimos de aquellos que en algún momento formaron parte de Caras y Más Caras como colaboradores. En aquel momento hubo gente que se sintió mal, ya que la radio es algo de hábito. De noche tal vez no es la cantidad de gente que te escucha lo importante, sino la calidad y la fidelidad de esa gente. Ahora estoy de tarde, de 18 a 20 y veo que hay quienes te escuchan hasta las siete porque trabajan, y de siete a ocho es un horario diferente donde hay muchos de regreso. Notamos que nos escriben mensajes desde el ómnibus cuando vuelven a sus hogares.

 

¿Vos te sentís refugiado en la radio? Tu voz se asocia directamente a ella y, por ende, tu persona también se asocia al medio.

–Es increíble que a mí todavía me cueste un poco esa idea. A mí alguien que me reconoce la voz me pregunta ¿vos sos el de la radio? Tal vez el timbre de mi voz, y que estuve tantos años llevó a mi identificación.

 

Voces y más voces

Este hombre con voz «indefinida», que muchos piensan que es una mujer por su particular timbre, y otros «no saben si soy un viejo o un tipo joven», dice el mismo, supo con su baja estatura, pelo corto, flacura, respiración profunda, y su peculiar mirada de ojos nocturnos ­datos todos irrelevantes para su trabajo radial-, ser una de las voces de la radio en la noche. «A veces pienso que si nunca me hubieran sacado una foto, todo hubiera sido diferente», se anima a decir analizando la ventaja de ese juego cercano entre un conductor radial y su audiencia.

 

¿Pensás que si no tuvieras la voz que tenés, no hubieras sido el Gustavo Rey conocido de la radio?

–No te lo sabría decir. Viéndolo en retrospectiva, lo que me animo a responder es que mi voz fue un problema y hoy es un diferencial. Puede estar mejor o peor, puede estar cascoteada como hoy, que vengo de varias horas de dar clase. A veces estoy frente al micrófono y es mi voz más todo lo demás. Yo tenía 19 años y tenía que escuchar comentarios tales como «no sé si es la voz de una vieja, una mina o un loco», a esa edad no tenés las mismas herramientas que tenés hoy para decir «no me importa lo que digan de mi voz». Tuve que remarla siempre con los contenidos de mis programas. Yo sentía la necesidad de decir que si no brindaba contenidos era muy difícil que me escucharan por mi voz. Pasa hoy en día que te escuchan por tu linda voz y les mandan mensajes a mis colegas diciendo «qué linda voz que tenés», pero en mi caso eso no pasa.

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