Tiene la palabra

Una gran lección desde Argentina

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Lo sucedido en el Senado argentino, marca un hito importante que debería ser aleccionador para el sector político en general, cualquiera sea su filiación, y sea donde fuere que se ejercen los poderes que otorgan los sistemas democráticos. Independientemente de las razones que todos conocemos en cuanto al tema de las retenciones, el hecho destacable, fue que el proceso, con las instancias legales cumplidas, llega al Senado argentino, y cuando se hace la votación de los senadores por dos veces como está establecido en la Constitución, se constante un empate que dejaba el resultado final, en manos del presidente del Senado. y este es el hecho destacable. Porque el presidente del Senado, es el vicepresidente de la República Argentina, y como tal, preside el Senado. Porque el ingeniero Julio Cobos, de tendencia original radical, expulsado de ese partido político por su alianza con el Justicialismo de los Kirchner, y como él mismo lo dijera en su valiente explicación de la decisión que tomaba, ponía en primer lugar la institucionalidad, asunto medular del sistema democrático, que le indicaba que su actuación debía ser primero con respeto a los poderes establecidos y su independencia, como la Constitución establece, como Poder Legislativo, al mismo nivel que el Poder Ejecutivo, porque en esencia, lo que un senador no podía aceptar, era la delegación de un poder establecido para ser decidido por el Legislativo, que iba a ser entregado al Poder Ejecutivo, y con ello se violentaba el equilibrio y la distribución de deberes que la propia Constitución establece.

El ingeniero Cobos dio una lección impecable de que a los deberes públicos que se asumen en el ejercicio del poder no se pueden anteponer intereses partidistas o de sector alguno, más aún con la clara intención de expropiar y acumular poder. El ingeniero Cobos le dijo no a la intolerancia, a la prepotencia, a la apropiación indebida, y aún así hay quienes hablan de traición. El ingeniero Cobos, mostró la diferencia entre Estado y Gobierno, y dio una lección de cómo deben funcionar. Triste fue escuchar al senador Picheto, del bloque oficial, cuando le fue propuesto por el ingeniero Cobos antes de ejercer el voto definitorio, si no sería posible llamar a un cuarto intermedio, para dar una oportunidad a una decisión consensuada, que a criterio de esa presidencia era lo que esperaba la población argentina de su Senado, y el senador Picheto, aparte de citar a Jesús, y asumir que había cosas que no se podían hacer en el mundo político (poniendo ejemplos coercitivos), dijo que tenía «instrucciones» de apurar el resultado, dejando claro que la voluntad del bloque oficialista, obedecía a órdenes partidistas, en una materia donde se esperaba que cada senador votara a conciencia pero con apego a esa investidura, preservando los derechos del Poder Legislativo. Es de destacar que hubo otros senadores del oficialismo que tampoco acompañaron la decisión de los Kirchner de tratar de imponer una iniciativa, y desde su arranque se pretendió omitir los pasos de aprobación que exigía la Constitución.

El asunto está lejos de haber sido solucionado, porque la intolerancia, la imposición y la soberbia impiden como ya se ha manifestado, que se entiendan estos asuntos, y por el contrario, hasta se acusa de traición y se dice que bueno, que ya entenderán, y bueno, lamentablemente los que no entienden un mensaje de esta magnitud, son los que en definitiva, ni saben escuchar, ni saben entender, y mientras haya por lo menos un Cobos que defienda la institucionalidad, no irán a ningún lado. Lo malo es el perjuicio que se les hace a nuestros países en estos procesos.

CIMARRON ORIENTAL

 

Un olvido  periodístico

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

En el diario del 16 de julio aparece una nota del periodista señor Hugo Acevedo realizando un comentario sobre la película «Los falsificadores».

En la nota se hace un relato del contenido del filme y de sus principales características.

Yo leo siempre al señor Hugo Acevedo en sus notas y críticas porque me interesa su estilo y la fuerte carga ideológica que agrega a sus consideraciones literarias o en este caso cinematográficas.

Por eso, con todo respeto, me llamó la atención que en toda la nota sobre «Los Falsificadores» no se mencione ni una sola vez la palabra «judío».

Se habla de «Holocausto», «violencia genocida», «campos de exterminio», «hecatombe autoritaria».

Pero… resulta que los exterminados eran millones de «opositores» al Tercer Reich.

¡Caramba! Y yo que pensaba que de todos los muertos, fusilados, quemados y gaseados, 6 millones eran judíos, que murieron simplemente porque eran de la «raza inferior» de los semitas.

¿Qué problema tiene Acevedo con la palabra «judío» que le cuesta mencionarla? ¿Conoce Acevedo las teorías raciales del nazismo? ¿Oyó hablar de la «solución final» del problema judío?

Si algún joven lee a Acevedo en esta nota queda sin saber que la mayoría de los asesinados eran judíos perseguidos por los nazis simplemente porque pertenecían a ese pueblo. No es un detalle menor en momentos en que el presidente de Irán niega el holocausto y recrudece la xenofobia en Europa. El principal «enemigo» para los nazis eran los judíos y no por ser opositores políticos, sino por ser judíos.

Es una omisión lamentable en la nota de Acevedo.

Lo saluda muy atentamente

PROFESOR MIGUEL FELDMAN – [email protected]

 

A los senadores de la República

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Le voy a relatar una perla más de las acaecidas durante el gobierno de facto. Hace 31 años los iluminados que nos gobernaban firmaron un decreto ley, por el cual no podíamos acceder (los obreros de Salto Grande) a la indemnización por despido.

En efecto, el año 1977 (julio) le dieron un mazazo a los trabajadores que lo único que hacían era ir a la obra todos los días con jornadas de 11 horas.

Por aquellos días el gobierno nombró un «coordinador laboral» (un invento) que se encargó de perjudicarnos.

Se hicieron los reclamos a la vuelta de la democracia, fueron archivados por J. M. Sanguinetti, «campeón de la democracia». Llega el gobierno de L. A. Lacalle, «con sus blancos se vive mejor» e ignora nuevamente nuestras peticiones.

¿Qué pasó? Nada.

Luego retornó el «campeón de la democracia», luego «el gobierno divertido» y hoy nos han escuchado, nos han prestado atención, nos trataron como seres humanos que en lo esencial eran lo que aspirábamos.

Luego de más de dos décadas de haber culminado la obra, seguimos esperando por el despido y otros beneficios.

Hemos recibido apoyo del ministro de Trabajo, del director del BPS, que nos ha hecho renacer la ilusión.

También debo manifestarle que los ex trabajadores de la represa de Palmar, están en la misma situación, han sido avasallados.

Hoy estamos juntos aguardando se apruebe un proyecto de Ley, que ya fue redactado y confeccionado por ex trabajadores con el asesoramiento pertinente.

Lo del título, a los señores senadores les solicitamos votar favorablemente para resarcirnos en nuestros derechos.

Un ex trabajador de Salto Grande.

Atte.

MARCOS GALEANO JUNCAL – C. I. 3.193.542-2

 

Aclaración

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

En el día domingo 3 de agosto publicaron la carta que mandé bajo el título «Tabaré Presidente», cosa que agradezco mucho. Pero la última parte de dicha carta está mal, ya que falta parte del texto, lo que hace que la oración final no se entienda bien. Es por ello, que copio nuevamente el texto correcto de la última oraci
ón, para que la publiquen como una fe de errata si lo estiman conveniente. Gracias.

«Por otra parte, entiendo que la propuesta es perfectamente compatible con la realizada por el senador Fernández Huidobro, quien sugiere que Vázquez encabece las listas al Senado.

Pero además de compatible, entiendo que es complementaria, ya que le daría al Dr. Tabaré Vázquez, la posibilidad de optar o no, por cualquiera de los dos cargos, en función de lo que él o la fuerza política entiendan más conveniente.

JUAN CARLOS AMARAL  – C.I. 1.857.486-5

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