Consigna. "Trabajar para que las desigualdades se atenúen"

Cero por ciento de repetición registra escuela salteña desde hace tres años

En interés de conocer como es que se puede producir un hecho de alto valor pedagógico y social, LA REPUBLICA se contactó con la directora de la escuela número 131 de Salto, quien relató sintéticamente la experiencia que el centro educativo viene llevando adelante en una barriada de bajo nivel socioeconómico.

«En noviembre de 1999 ­explicó la jerarca de la escuela­ comienza a funcionar la escuela con 209 niños provenientes de escuelas cercanas, y un alarmante porcentaje de historias de fracaso escolar. Eso nos obligó a pensar una propuesta que diera respuesta a las demandas de esa comunidad tan especial, en su amplia mayoría perteneciente a los sectores más desfavorecidos de nuestra sociedad, no como experiencia piloto, sino como definición de una forma de ‘hacer escuela’ propia, diferente, pensada, acordada y permanentemente evaluada por todo el personal docente para esta realidad». La maestra Ayzaguer agregó: «Es así que en el año 2000, se comienza a trabajar con la escuela organizada en tres ciclos: el primero desde el nivel 4 años hasta segundo; el segundo ciclo, con tercer y cuarto año, y el tercer ciclo con quinto y sexto. El ciclo está pensado como un tiempo mayor para desarrollarse hasta lo que les permitan sus posibilidades. A fines del año 2003 se realizan pruebas nacionales de UMRE, y los alumnos de los dos sextos existentes obtienen resultados con altos niveles de excelencia».

 

Diseño curricular

«El Codicen envía un grupo de profesionales de Equipos Mori a observar la experiencia y las condiciones institucionales que la posibilitan. Las conclusiones a que arriban, así como la experiencia, pasan a integrar el Proyecto Hemisférico: ‘Elaboración de Políticas y Estrategias para la prevención del fracaso escolar»‘ del Ministerio de Educación y Cultura. El camino recorrido abarcaba la elaboración de un proyecto de centro consensuado por toda la comunidad y un diseño curricular de base por competencias, en los que todos los contenidos que hacen al logro de esas competencias están secuenciados de acuerdo al nivel, con distintos grados de complejidad, en el entendido de que cada alumno desarrolla su proceso de aprender de una forma única. Como tal, debería ser evaluado por el avance que logra desde su punto de partida, que nunca es igual al de otro niño, hasta el máximo que pueda lograr, y no por lo que le falta para alcanzar un estándar», explicó la jerarca.

«De ahí que tuvimos que revisar todo el sistema de evaluación, para responder al objetivo de acompañar a cada uno en sus progresos. La escuela, ya con 480 niños, tiene el Programa Iteea (Integración de las Tecnologías al Entorno de la Enseñanza y el Aprendizaje), con una computadora por aula, y el Programa de Inglés por Inmersión Parcial, que nos permite contar con media jornada diaria para atender en forma individual a cada alumno y ayudarlo a avanzar, atendiendo a toda la diversidad de situaciones. Para ese seguimiento se elabora un portafolio con indicadores de avance en todas las áreas y muestras de trabajos de los niños en, por lo menos, tres momentos del año, que sigue durante todo el ciclo escolar», relató.

 

Cero por ciento de repetición

«Desde hace tres años ­enfatizó la maestra Ayzaguer­ se ha logrado el cero por ciento de repetición en toda la escuela, con enorme satisfacción de toda la comunidad.

Cada niño desarrolla sus capacidades todo lo que le es posible, con siete horas y media de clase diaria, en un ambiente donde el formar ciudadanos participativos, comprometidos, críticos y solidarios es nuestro mayor objetivo, viviendo día a día en la escuela los valores de una sociedad como la que se propone, y donde la inclusión de todos es algo natural. Contamos con dos niños con Síndrome de Down, uno en tercer año y una niña en primero.

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