Terapia sexual

Tengo 22 años, soy casada y tengo una nena de 5 años. Sinceramente estoy buscando ayuda de una sexóloga, porque tengo algunos problemitas para mantener relaciones sexuales…me cuesta muchisimo; en realidad me niego todo el tiempo a tenerlas…no quiero, «no me gusta»,siento verguenza, un monton de cosas que no son buenas…esto obviamente está perjudicando mi relación con mi marido. Estoy yendo a una psicóloga pero no me ha servido de mucho…no sé qué hacer ni a dónde recurrir. Espero respuesta; gracias.

Mi propuesta es que intentes hacer una terapia psico-sexológica. Puedes llamarme al 099 62 84 08, si deseas hacerla conmigo. Espero poder ayudarte. Saludos.

 

El motivo de mi consulta es el siguiente: (seré lo más breve y claro que pueda): estoy de novio con una muchacha divorciada por malos tratos en la intimidad. El ex la marcó a fuego mentalmente. Tuvimos sexo, pero no lo pudimos terminar porque ella no podía (acabar), sentia, pero no podía, tenía problemas para llegar por el motivo que le detallé. La requiero por muchas cosas, además de ser una muchacha trabajadora y compañera. Tengo mucha paciencia y no quiero perderla por nada. Quiero ayudarla, y no sé cómo. Agradezco a quien sea dirigida esta consulta si me puede asesorar,aunque sea lo más mínimo, estaré muy agradecido. Tengo 36 años, ella 38,desde ya muchas gracias y disculpe la molestia.

Es posible que tu novia requiera de terapia psico-sexológica para superar lo vivido con su ex. No es lo aconsejable el que tú asumas ese rol. No sé cuánto hace que dejó con su pareja anterior, pero es normal que todo cambio implique un «duelo», es decir, un tiempo en que se requiere hacer un proceso gradual de adaptación a la nueva situación. Es normal que esto dure hasta un año. Si hubiera pasado más tiempo y no pudo superarlo, es señal de que necesita de ayuda especializada. Pienso que ahí es donde puedes apoyarla, en que no se deje estar, por el bien de ella y de la pareja que ha formado contigo.

 

Quisiera saber si es normal que sienta ganas de «hacerlo» con todas las mujeres que veo, aunque quiera mucho a mi pareja. Yo no sé si estoy mal de la cabeza o es si normal, pero las miro a todas y ya fantaseo con ellas, aunque todavía no la he engañado, pero me encantaria. ¿Qué me podes decir? Un beso y gracias por todo.

Sentir deseos de todo tipo puede estar dentro de lo normal, es decir, dentro de lo que siente la mayoría de los varones de tu edad, situación económica, cultural, social, etc. que es un forma de definir la normalidad. Otra sería según el cumplimiento de las normas establecidas por determinada comunidad, por ejemplo, o club, o institución. En este caso, se considera que lo «normal» es cumplirlas y lo «anormal» es faltar a ellas. O sea, si estás en pareja, las reglas que implica esta relación, pueden ser contrarias a tus deseos, (de engañarla) y, por lo mismo, arriesgarte a perderla en caso de seguir tus «ganas».

De todas formas, pienso que cada vez que se forma una pareja se establecen simultáneamente tres contratos diferentes: Uno, el que hablan los dos, se ponen de acuerdo, como puede ser cuándo se van a ver, qué instancias van a compartir, dónde van a vivir, etc. etc.

A ese contrato le llamamos «Contrato explícito de la pareja».

Pero, simultáneamente tú vas a esperar de este vínculo y de la otra persona, cantidad de cosas que no se hablaron pero que están en ti por tu educación, aprendizaje vivencial, experiencias familiares, lecturas, amistades, etc. etc. y que en suma, forman otro contrato que podemos llamar «contrato implícito de una de las partes».

Lógicamente, la otra parte, también tendrá sus expectativas con respecto a la relación, y como tú, se basará en su historia, experiencias, ejemplos, etc. etc. y tendrá otro «contrato implícito».

El tema es que, estos dos contratos implícitos muchas veces no coinciden y llevan a conflictos a la pareja cuando surgen circunstancias que alguno de los dos no esperaba ni imaginaba siquiera que pudiera sucederle.

La forma de solucionar estos conflictos es realizar un «acuerdo», es decir, que ambos ganen algo y pierdan algo simultáneamente, y que eso que resuelvan, pase a integrar el «contrato explícito de la pareja».

Un ejemplo clásico es la definición de fidelidad. La mujer puede considerar que ella puede chatear con quien quiera y mandar mensajes por celular a sus amistades de ambos sexos. El varón puede pensar que salir con otra mujer, en tanto no lleguen a la cama, no puede dañar su relación ni molestar a su pareja… Pero el caso es que nunca lo hablaron y un día, él se encuentra con que ella tiene cantidad de mensajes en su celular y eso le molesta… o ella lo ve a él en un pub con otra mujer…

No se habían puesto de acuerdo en la definición de fidelidad que estaría integrada al «contrato explícito de la pareja» y de ahí surge el conflicto.

Para solucionarlo, es necesario, un acuerdo que, como decía antes, debe dejar a los dos conformes, aún perdiendo algo. En este caso se pueden plantear muchas alternativas como ser: tú no escribís más sms y yo no voy más a un pub con otra mujer… Ambos ganarán algo, pero deberán ceder también en algo.

Quien falte a lo convenido como cláusula del «contrato explícito de la pareja» estará siendo infiel en el amplio sentido de la palabra y faltando a lo prometido o pactado, que sería, en ese caso, «lo normal» para ellos dos, porque así lo establecieron ambos.

O sea, basándote en estas premisas, pienso que tú mismo puedes llegar a definir si eres o no normal, de acuerdo a tus compromisos y a lo que se espera de ti.

La psicóloga y sexóloga Soledad Márquez contestará, a través de esta columna, las preguntas que se le dirijan al teléfono 9084510, al e-mail [email protected] o a la redacción de La República (NO RESPONDE PREGUNTAS HECHAS A SU CELULAR POR SMS) (Avda. Garibaldi 2579, Montevideo).

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