PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

DISCOS Y RADIOS

Aunque ese año con la llegada del hombre a la Luna la TV había obtenido picos de audiencia, igual la radiotelefonía estaba pujante y más por ese boom en la venta de los populares «vinilos».

Por todo el dial abundaron conductores y programas que la montevideana memoria recuerda con cariño. Por la CX32, Alberto Luces daba cátedra con su exquisita audición tanguera. Eduardo Freda con su «18 y Corrientes» desde la Sarandí demostraba que además de excelente actor era un conocedor de las musas arrabaleras. En esa emisora estaban también quienes más sabían de música moderna en esos fines de la década de los 60. El más escuchando fue Ruben Castillo, que en su «Discódromo» daba día a día el ranking de los discos más vendidos y junto a sus muchos oyentes realizaba su propia selección discográfica. Durante mucho tiempo ese programa de Castillo difundía los discos más vendidos y a su vez potenciaba a los artistas nacionales, como fue el caso del primer long play del Sexteto Electrónico Moderno. Por las ondas oficiales del Sodre, en la CX 6, andaba el poeta Horacio Ferrer que junto a los versos de Homero Manzi o Discepolín también luchaba por difundir la música de Piazzolla, en esa época muy resistida por los tangueros.

En ese año 1969, había festejado su primer año de vida un programa clave en la difusión del «dos por cuatro». Era en la Montecarlo donde todas las noches se escuchaba «Tangos a Media Luz» con la conducción de Aníbal Da Silva y el gran locutor Eduardo Bello.

Por la Radio Sur, el publicista y comentarista de música popular Werther Brito demostraba que sabía mucho sobre el erudito arte de combinar y poner en el aire buenas grabaciones tangueras.

Su programa se llamó «Tiempo de Tango» y también en horarios de la noche se disputaba la audiencia con «Tangos a Media Luz» en unos días en que la Nueva Ola tenía un arrollador avance. Y por la vieja Radio Fénix, la noche también se vestía de ritmo canyengue pues casi a medianoche tenían su audición los muy entendidos Ruben Pellicer, Rodríguez Romanelli y el brillante investigador Avlis. La música folklórica tuvo en Dalton Rosas Riolfo un abanderado, que tenía la virtud de agregar lo filantrópico en su recordada audición en La Voz del Aire. Desde su creación «La Gran Cruzada Gaucha» difundía la mejor música telúrica y daba apoyo mediante colectas entre su enorme audiencia a hospitales, hogares de ancianos y escuelas públicas.

A su lado estaba el payador Julio Gallego y el legendario Aramís Arellano que siempre colaboraron con el querido «Dalto» en su tarea musical y humanitaria.

Y la música en vivo también contribuyó a esa fiebre compradora de discos. Así fue con el espectáculo «Candombe al Sur», que se hizo desde el conventillo Medio Mundo y luego en aquel «Negro Can» pleno de leyendas tamborileras.

En los bailes estudiantiles del Parque Hotel actuaban conjuntos como Los Mockers y los Iracundos que luego obtenían éxitos en la venta de sus long-plays.

En el Club Náutico de Punta Gorda, actuaban el Toto D’Amario, la gran orquesta de Oldimar Cáceres y un joven Edinson Serrón que comenzaban a grabar sus primeros long-plays.

Un disco de Sandro, tangos del «Potrillo» César Zagnoli, el canto combativo de Viglietti, o el último del Combo Camagüey, para todos los gustos y a precios de oferta en aquellos fines de la década del 60. Con más recuerdos y música los esperamos en la 30, Radio Nacional.

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