Aumento de precio de tierras genera "cambio de hábitos"
«Esto por momentos asusta», comentó un productor ganadero de la zona del Cerro de los Rocha, cercano a la ciudad de Castillos, al referirse a las ofertas que reciben él y muchos vecinos por sus campos, con precios que nunca habían escuchado por allí. Estos se ubican actualmente entre 3.500 y 4.500 dólares la hectárea. Hace unos años, la misma superficie valía sólo el 20%.
Variados emprendimientos se han concretado en los últimos años, mientras otros se proyectan para un futuro cercano. Las nuevas plantaciones de soja y olivos, o la instalación del parque eólico son algunas de las propuestas que se cumplen luego de importantes operaciones inmobiliarias.
Mientras tanto, la atractiva franja costera ha posibilitado que se registraran transacciones inmobiliarias con valores muy elevados para lo que acostumbraba el mercado local.
Nuevos hábitos
«Hubo un cambio importante en el tipo de explotación de la tierra, así como en los dueños», comentó Milton Amaral, consignatario de ganado e intermediario en negocios inmobiliarios. Agregó que en algunos casos los cambios beneficiaron a la zona, «pues en áreas que eran trabajadas con tres o cuatro personas, el cambio en la actividad agropecuaria obliga a emplear mucha más gente». Sin embargo, también se van del campo familias que desde hace décadas explotaban emprendimientos en el lugar.
Esto último constituye un cambio social en el medio rural. En muchos casos hay representantes de empresas agropecuarias con escaso arraigo familiar en el área, lo que dificulta el mantenimiento de viejos códigos de vecindad en el campo uruguayo.
Gustavo Fernández, operador inmobiliario local, dijo que el valor más alto por hectárea que conoce en el departamento es de US$120.000. Se trataba de una superficie de campo en la zona de Garzón, lindante con Maldonado.
Menos oferta y más demanda
Desde que comenzó a registrarse el aumento de precio de la tierra, el interés de comprar en Uruguay fundamentalmente por parte de grupos extranjeros también ha ido en aumento.
No obstante, hay cada vez menos tierra para la venta.
Cuando vende su tierra, el productor puede decidir comprar más barato en otro lugar y seguir trabajando el campo, con el aditivo de haber podido capitalizarse a partir de la diferencia lograda. Pero esta saludable ecuación es cada vez más difícil, porque tierras «más baratas» no son las que abundan, y tampoco sobra una cartera de tierras en oferta, como hace unos años.
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