Tiene la palabra

Namus, Tabaré, Dogomar y yo

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

El sábado 19, después de más de 35 años, participé de un espectáculo deportivo en el Palacio Peñarol. Y qué feliz me fui, ya de madrugada. Sí muy feliz, como niño que es llevado por primera vez a un espectáculo de esa envergadura. Como me tocó, en 1954, ir al Centenario con «mi viejo» a la despedida de Schiaffino, que había sido transferido a Italia.

Y la fiesta fue total, el sábado. Con preliminares de buen nivel (al decir de los especialistas), con graderías completas, banderas uruguayas por doquier, el candombe acompañando cada intervención y arremetida de nuestros pugilistas. Con un entorno de luces, adornos, audio, alegría por doquier. Un show muy bien organizado, acorde a las circunstancias. Demostrando que en nuestro medio se puede organizar estos eventos. Con respeto hacia los extranjeros, en todo momento. Premiando, con aplausos una buena intervención de ellos. Haciéndolo permanentemente a los nuestros. Flashes, cámaras de video, por doquier.

Y como en todas las veladas boxísticas, pululaban los ex que fueron glorias, y no tanto, del deporte de los puños, figuras de otras disciplinas deportivas, que eran entrevistadas por los medios de comunicación.

Mas dicho evento tuvo un aditamento especial. Además de estar presentes varios políticos (ministros, funcionarios de alto rango de este gobierno), hubo dos figuras, que previo a los combates, y en los intervalos, se «robaron» las miradas y los saludos de los que estábamos allí. Tabaré, saludando con gran simpatía, a todo aquel que se le acercaba (y fuimos muchos), a su ubicación en el ring-side, que desde que asumió la Presidencia, instauró el Plan «KO a las Drogas», que intenta sacar de la calle y del consumo de narcóticos, a tantos niños y jóvenes de nuestro país, a través de la práctica de este deporte, y que sus resultados son muy satisfactorios. A su lado Dogomar Martínez, figura consular del boxeo de la década del 50. Hasta aquí, como si fuera una crónica de algún medio de comunicación. Pero, en lo que es personal, como decía, la noche fue muy grata, acompañado por varios amigos entrañables, con sus esposas e hijos, que también volvían después de varias décadas a un espectáculo de este tipo, todavía tuve más emociones. Los recuerdos de la infancia se me agolparon en la mente al notar la presencia de esas dos figuras, Dogomar, a quien pude saludar y estrechar su mano (que tanto sintió Archie Moor, en 1952 en el Luna Park de Buenos Aires), nacido por Justicia y Pagola, y que en el bar «Los Olímpicos» de esa esquina, durante años su foto de esplendor deportivo adornaba sus instalaciones, y barrio de nacimiento de mi padre (a tres cuadras en donde mi abuelo paterno, sastre de profesión, Justicia y Martín García), un ucraniano llegado en los albores del siglo pasado a nuestras playas, se había instalado con su familia, y que el legendario Dogomar recordaba («primera emoción»). Y como no podía ser de otra manera, el saludo y estrechar la mano del Presidente, no se hizo esperar. Y bueno, La Teja (su barrio, mi barrio), el Club Arbolito (su Club, que lo tuvo como fundador, mi Club, en la niñez y juventud, de noches de Carnaval,) el nombre de amigos en común, afloraron de inmediato. ¡Qué más podía pedir!

Sin embargo, vino lo mejor para todos los que estábamos en el Palacio. Llegó la hora de la pelea de fondo. Y lo que fue en toda su historia un deporte de varones, allí ante tantos aficionados, ávidos de un triunfo como el que vimos se demostró que no es así. Es un deporte noble, bien intencionado, que necesita cada deportista estar preparado de tal forma, que lo lleva a tener una disciplina férrea en su vida, no solamente física si no intelectual, para llegar a peldaños superiores. Y que no es solamente para espectadores varones, sino que (la enorme concurrencia lo demuestra), de damas. Ella (Cris Namus), 20 años, hermosa, feliz, sonrisa enorme, nacida en un barrio que llevo en el alma (La Teja), así lo demostró, sin diferencia de sexo. Además en tan solo 1’50, hizo derrumbar los sueños de una muchacha mexicana que llegó con su prestigio para disputar con la nuestra ese título mundial que estaba vacante, que quedó «en casa», y que ostentamos por primera vez en este deporte, que nos abre las perspectivas de mayores aspiraciones de futuro, para todos, incluidos ella, Tabaré, Dogomar y yo

Carlos Scorovich  – [email protected]

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje