DISCAPACITADOS HOY

¿POR QUE HACER TALLERES DE SENSIBILIZACION?

Nuestra cultura tiende a homogeneizar. La segregación del diferente se construye y se transmite de generación en generación. También aceptar las diferencias es un proceso cultural, que requiere comprensión, convicción y esfuerzo. El primer paso es el reconocimiento como persona; la identidad social será dada por el respeto a la diversidad y la igualdad de oportunidades.

La socialización es un proceso de internalización de la cultura, de interacción con el medio, donde, a través de los vínculos sociales, se construye la persona. El recién nacido establece una relación de socialización con sus padres, la socialización primaria, que le enseña un mundo que le es trasmitido como el único posible. Luego, la socialización secundaria es el descubrimiento de otros mundos, que pueden cuestionar las bases de la socialización primaria.

La segregación constituye un comportamiento cultural y como consecuencia modificable culturalmente. La modificación supone una negación de que MI MUNDO sea EL mundo a consolidar e imponer sobre todos los demás. Un mundo donde quepan todos los mundos no se dará espontáneamente de una generación a otra, sin un esfuerzo, racional y coherente.

Para las normas culturales, las personas que no cumplen con las demandas sociales requeridas, porque no pueden o porque no saben, tienden a ser excluidas. Un motivo es la inquietud, que deviene en temor ante lo diferente, y luego se transforma en rechazo como actitud defensiva. Lo diferente, con su sola presencia, constituye una agresión cultural, una amenaza al paradigma consagrado culturalmente y asumido como «normal».

Creemos que evaluamos con nuestros propios ojos, y en realidad evaluamos a través del cristal de nuestro paradigma, nuestros pre-juicios, nuestra cultura. Los paradigmas no se cambian de un plumazo o por decreto, sino que se van sustituyendo lentamente por otros. Es un cambio cultural cualitativo.

En la DISCAPACIDAD las manifestaciones de rechazo son un tema manejado con frecuencia.

Se favorecen vínculos caracterizados por la falta o la evitación del encuentro. Las personas con discapacidad tienden a perder el lugar de «SER PERSONA» para ser mirado desde la «FALTA».

 

Es imprescindible escuchar, comprender.

Para ello uno debe estar preparado: ¿desde dónde escuchamos? Estamos implicados con nuestra afectividad, seamos o no discapacitados.

Experimentamos diversas emociones: enojo, angustia, lástima. Me angustio, me deprimo, me siento perseguido y cuestionado. Trato de idealizar: «todo va bien», «se puede todo». Niego las dificultades o impedimentos reales. Es importante diferenciar entre sobreproteger y responder a necesidades especiales. Muchas veces a causa de emociones inapropiadas (culpa, lástima, negación), los otros adoptan actitudes que alteran el vínculo, como exigir mucho o muy poco, aparejando problemas para marcar límites.

Lo ineludible es ir elaborando lo que no fue, lo perdido. Acompañar un proceso donde el dolor está presente. Sugerimos: escuchar, comprender qué funciones están alteradas y cuál es la manera de ayudar a la persona para compensar su deficiencia; dar respuestas concretas y honestas, sin juzgar. La negación y evasión dificultan la tarea y el relacionamiento. Las personas están más dispuestas a compartir sus sentimientos y opiniones con alguien que los acepta tal como son.

La persona con discapacidad necesita de otro que lo reconozca, lo valore tal cual es, con honestidad para poder sentir confianza, quererse, aceptarse y así ir saneando su personalidad y sus vínculos.

Cindis (Centro de Integración de Discapacitados). Talleres de capacitación y sensibilización. Coordinación: Psic. Carina Fernández, Psic. Alicia Mañán.

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