Tiene la palabra

A las 5 en punto

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

La voz de Castillo (locutor de radio) corrió como reguero de pólvora. Avenidas, calles, plazas, casas, vecino por vecino. Y las avenidas de la ciudad se transformaron en ríos de pueblo que fueron inundando el Centro de Montevideo.

Del Cerro salieron los obreros de los frigoríficos, pasaron el «Paralelo 38″ (puente del Pantanoso), y a ellos se unieron los de La Teja, los de Belvedere y el Paso Molino, allí llegaron los de Nuevo París, Pueblo Victoria, Capurro, Prado y las filas se fueron engrosando para llegar a destino. De la periferia llegaron los de Las Piedras y La Paz, en Colón se ensanchó la fila, luego los de Peñarol y Sayago, Brazo Oriental, Aires Puros. A Maroñas llegaron los de Piedras Blancas y por General Flores se les fueron uniendo los de Villa Española, Cerrito de la Victoria, Jacinto Vera, Reducto, Villa Muñoz, Goes, La Comercial, Aguada. Por 8 de Octubre los de la Unión se fueron arrimando sin que nadie les hubiese indicado el lugar, más delante los del Cordón. De Malvín la misma historia. Carrasco, Buceo, Pocitos, Punta Carretas, Parque Rodó, Palermo, Sur, Ciudad Vieja, etc. Como abejas buscando de su nutriente, de los cuatro puntos cardinales de la ciudad, fueron acercándose a 18.

En ese momento, otro contingente de uruguayos, manifestaba hacia el Centro. Más tenían otras intenciones y otras directivas. De los cuarteles, de sus lugares de asentamiento, comenzaron a movilizarse los que solamente veíamos en los desfiles patrios, además los tanques, carros lanza aguas, lanza gases, todos los equipos represivos que contaban los que dirigían el país, para frenar a la poblada silenciosa que había concurrido sin citación previa. Solamente con aquella extraordinaria idea del locutor, dándole un énfasis especial a su voz en esa frase, y repitiéndola durante todo el día, tuvo un efecto extraordinario y cuantitativo que llevó a tener a miles y miles de ciudadanos en la calle, demostrando que estaban totalmente en contra de las intenciones de esos hombres que tanto daño hicieron a nuestro país.

Lo que siguió fue increíble para mis ojos de joven luchador. Una saña tremenda en contra de todo aquel que se encontraba en la zona. Una imagen que no se me borrará jamás es la que recuerdo ver desde la Plaza del Entrevero, con el Palacio Legislativo de fondo, y los manifestantes avanzando hacia el lugar en donde yo estaba junto a otros, y los tanques estacionados a la derecha de Avenida del Libertador por varias cuadras (en ese momento Avda. Agraciada). Los ataques fueron sincronizados y salvajes. Una pelea desigual, por supuesto. El pueblo con su corazón en el puño y los represores utilizando todo lo que tenían a su alcance (léase gases, palos, balas de goma, chorros de agua), y por supuesto, todos los que caía en manos de ellos, iban inmediatamente siendo detenidos, con un trato que realmente es indescriptible.

Mi lugar de lucha en esos días era como obrero de «El Popular», por lo tanto llegué hasta allí (18 y Río Branco). Dicho diario estaba en la mira de los dictadores, por ello no tardó el momento fatal, que con una cadena amarrada a la puerta giratoria de metal, y tironeada por una tanqueta irrumpieron haciendo lo que, hoy a 35 años me parece una película bélica. Lamentablemente no fue una película. Los gases, los golpes, las patadas, el maltrato, los gritos ensordecedores, el desalojo en esas circunstancias y luego la fantochada de un «pelotón de fusilamiento» (18 entre Río Branco y Convención). Todos la cara contra la pared, y una voz de mando que pidió a los soldados que mostraran armas, apuntaran y luego un silencio de algunos segundos que fueron escalofriantes.

Más no les dio «el cuero» o cambiaron las órdenes, ya que sumaron los que allí estábamos y pasábamos el centenar. Luego tuvimos el «privilegio» de inaugurar el Cilindro, previo paso por San José y Yi, las compañeras fueron dejadas allí. De ellas tenemos un recuerdo especial por una que estaba embarazada, que resistió y que los golpes no afectaron para que su hija, meses después naciera.

Por ello, este 9 de julio, a las 5 en punto, al igual que 35 años atrás, junto al pueblo nos reunimos en 18 y Río Branco para recordar aquel acontecimiento, que fue una «muestra» de lo que vendría años más tarde, y que no debemos olvidar.

CARLOS SCOROVICH – [email protected]

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