Abuso sexual

«A veces creo que provoqué a mi padre; hasta el día de hoy no sé qué vio en mí»

Relato anónimo de una mujer que padeció veinte años de un sufrimiento que de a poco comienza a destaparse

Sentada en un sillón de su hermosa casa, aprovechando la ausencia de su compañero, se dispuso a desgranar una historia triste, compleja y repleta de contradicciones. Con un hablar tranquilo y pausado, relató sensaciones, reproches, odios y amores encontrados.

-¿Cómo te decidiste a contar tu historia?

-No fue nada fácil. Todavía tengo dudas sobre si lo que hago es correcto o no, pero hace años que siento una necesidad enorme de contarla, aunque sea desde el anonimato.

Han pasado muchas noticias sobre este tema en la televisión, pero sinceramente no veo que estén las palabras de las víctimas.

Creo que han jugado mucho con el morbo de la gente y no se han planteado soluciones reales a un problema que te marca para toda la vida.

Quizás sea bueno que se hable del tema en los medios de comunicación, porque ahora se destapó un poco.

Dejó, en cierta medida, de ser tabú. No quiere decir que haya más casos, sino que la gente se anima más a contar su dolor.

-¿Cómo comenzó, en tu caso?

-Tenía casi 12 años cuando mi padre comenzó a interesarse en mí. Se veía solo y no sentía que mi madre lo acompañara. Todo empezó como un juego de muñecas; no me di cuenta hasta tiempo después de lo que significaba todo aquello. Estoy tratando de olvidarme de los malos momentos que pasé, pero no es sencillo. Lo peor fue la primera vez: sentí que me partía en dos. Es difícil de explicarlo en palabras; son más bien sentimientos, donde predominaban el odio y el asco.

-¿Tu padre era agresivo?

-No, para nada, más bien todo lo contrario. Trataba de justificarse todo el tiempo; tenía poder de convencimiento. Decía que me amaba y estoy convencida que lo decía en serio. Me abordó con juegos y caricias que poco a poco dejaron de ser las de un padre para convertirse en las de un amante.

-¿Cómo te sentiste entonces?

– Extraña. Quería decirle que no, que me molestaba y dolía, pero no me animaba; él era muy convincente. Siempre aprovechaba cuando no estaba mi madre.

Yo trataba de decirle que no, pero me hacía sentir culpable; toda la vida me sentí así. A veces creo que lo provoqué; hasta el día de hoy no sé lo que vio en mí.

-¿Nunca le contaste a tu madre lo que te pasaba?

-No, a mi madre siempre la sentí como una extraña, ajena a mi vida, a pesar de que vivíamos bajo el mismo techo. Creo que nunca se dio cuenta de lo que pasaba realmente en casa, o no quiso verlo; la verdad no lo sé.

-¿Estás segura de que no se dio cuenta?

-Creo que no y realmente la odié por eso, porque ella vivía en una burbuja de cristal y no se daba cuenta de nada. Todavía no tiene idea de lo que sucedió y mejor que sea así.

-¿No te parece mejor dar a conocer lo que viviste?

-A esta altura de mi vida no vale la pena. Ya sucedió y no consigo nada con denunciarlo. Fueron 20 años muy difíciles, en donde me pasó de todo por la cabeza. Pero ya hace años que por suerte todo acabó y no creo que a mi madre ni a nadie le sirva, a esta altura, enterarse de lo que pasó.

-¿Cómo es actualmente la relación con tu padre?

– Bien, no hablamos de ese tema. Desde que dejó de acosarme no hablamos más de eso, simplemente lo ignoramos. Realmente ­y quizás piensen que estoy loca­ a pesar de todo lo quiero mucho, y no deseo hacerle daño a esta altura de su vida. Es así; para mí es muy importante mantener la unión de mi familia.

-¿Se lo contaste alguna vez a alguien?

-Sí, pero no quiero hablar de eso. Fue el peor error de mi vida.

-¿Tu compañero actual sabe lo que sucedió?

-No, jamás se lo voy a contar, no es necesario. Es mejor que todo siga como está. Estamos muy bien juntos y no lo quiero estropear.

-¿Te parece que se estén tomando medidas para combatir el abuso?

-No sé, espero que las tomen y que sirvan de algo. Mi caso fue hace tiempo, y en aquella época abrir la boca era marcarte para toda la vida. Esa fue una de las razones por las cuales nunca dije nada: el instinto me decía que no hablara. Me guardé todo lo que sucedía, aunque soy consciente de que perdí una parte vital de mi vida. Mi niñez se fue por el inodoro, porque nunca disfruté, por ejemplo, del primer amor. Descubrí lo que era el sexo a la fuerza y eso no se lo perdono.

-¿Tuviste novios cuando eras adolescente?

-Nunca. Mi padre era muy celoso. No me lo decía expresamente, pero yo adivinaba que no aceptaría a ningún hombre a mi lado.

-¿Y ahora cómo es?

-Complicado, pero ya no me preocupo demasiado. No es que él no lo acepte a mi compañero del todo, pero siempre tiene alguna objeción. Siempre le encuentra alguna falla a mi pareja por la que no es aceptable para él.

-¿Tenés hermanos?

-No, creo que eso influyó en mi vida.

-¿Por qué?

-Un hermano quizás habría marcado la diferencia. No sé, capaz que son boludeces mías. Pero estaba muy sola, demasiado sola, y tenía que aguantarme todo. Sentía que toda la familia recaía sobre mis hombros. Si yo no aceptaba esa relación, mi padre buscaría una mujer fuera de la familia y ésta se terminaba. Aunque capaz que era mejor, y yo no estaría acá contándote todo esto. Ya no sé ni qué pensar.

-¿Cómo pudiste soportar esa situación?

-No fue nada fácil, todavía no sé como lo soporté. Creí que iba a volverme loca, y en realidad, para ser sincera, todavía no lo descarto del todo. En una época pense en suicidarme. Tuve fantasías de matar a mis padres, prenderle fuego a mi casa. Por mi cabeza pasó de todo; no me enorgullece, pero es así. Estuve a punto de estallar varias veces, sobre todo entre los 15 y los 18 años.

-¿Qué fue lo que te frenó?

-No sé, creo que soy muy racional. Pensé que si cometía alguna locura no iba a solucionar nada, más bien las cosas iban a empeorar. Así que apreté los dientes y seguí adelante, aguantando siempre.

-¿Qué le dirías a alguien que está pasando por lo mismo que sufriste vos?

-Es difícil aconsejar en estos casos. Cada uno me parece que es distinto al otro.

Recomiendo a las madres que se fijen en sus hijas, que traten de estar más cerca de ellas. Creo que eso es importante para detectar cualquier caso como éste.

Por lo que he visto por la televisión, hay casos mucho peores que el mío, donde la violencia física estuvo muy presente. Es un consuelo estúpido, pero creo que a mí no me tocó vivir casos tan aberrantes como les sucedió a otros.

Aunque no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

Línea Azul

Si conoces a algún niño, niña o adolescente que pueda estar sufriendo algún tipo de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, mendicidad, violencia o exista algún contenido inapropiado en los medios de comunicación o redes sociales que vulnere sus derechos, puede realizar la denuncia a la Línea Azul al 0800 5050.

La Línea Azul además de recepcionar este tipo de denuncias se encarga de brindar orientación e interviene en la situación.

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