Tiene la palabra

Alerta ciudadana en Young

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Mi nombre es Danilo Olivera y junto con un grupo de vecinos de la ciudad de Young, en el Departamento de Río Negro, nos hemos reunido por la alarma general debido a la violencia en las calles por y hacia los menores de edad.

Hemos tratado de establecer contacto con las autoridades locales y nacionales pero sin ninguna respuesta positiva debido al escaso o nulo apoyo legal con el que cuentan en la actualidad.

Con temor de que esta situación se convierta en una revolución, tanto por parte de los menores hacia las demás personas, como de la población en su afán de defenderse de atropellos a los que es sometida, hemos tratado de contactar a nuestros políticos y hacerlos despertar antes que la situación llegue demasiado lejos para poder detenerla de forma pacífica. Pero como era de esperar, en este país donde la burocracia es reina, lo único que hemos escuchado son excusas para evitar responsabilidades.

Las situaciones que se están dando en esta ciudad son de diversa índole, citando como ejemplos: adolescentes embriagados en la vía pública y que arremeten contra la Policía cuando esta va a actuar, jovencitas que, desde los 12 años, tienen sexo en la calle con personas adultas, las que aprovechan la situación de rebeldía de estas hacia los padres a veces sólo por una tarjeta para el celular, niños que en el camino hacia o de regreso de la Escuela cometen actos de vandalismo sabiendo que la ley los protege y se saben intocables, personas mayores que usan niños para la venta y distribución de drogas, padres y abuelos que son abusados por niños y viven con temor en el entorno familiar, hermanos que citan a sus hermanas menores con adultos por favores, niños armados en la calle buscando a quién lastimar sólo por diversión, padres que no pueden controlarlos y no lo denuncian a las autoridades correspondientes; lamentablemente una pequeña parte de la sociedad no quiere que esto cambie porque son los que toman ventaja de la situación.

Como la Policía no puede proteger al ciudadano común estos se están armando para hacerlo, se han escuchado comentarios de la compra de armas en Brasil o Paraguay dado que la ley en Uruguay obliga al comprador tomar y pasar un test.

La señora ministra de Educación uruguaya declara en TV acerca de los derechos de los menores y esto da más poder a los niños, dificultando la tarea de disciplina y educación por parte de los padres y maestros.

La situación es muy seria y está fuera de control, se están perdiendo los valores y el respeto hacia las personas mayores, Uruguay está perdiendo lo más valioso que siempre tuvo: educación.

La Justicia no actúa basándose que el derecho del niño no los deja pero ¿qué pasa con los derechos de los ciudadanos?, los que trabajamos y tratamos de llevar una vida bajo las leyes de Dios y el gobierno, los que por defender nuestras vidas nos vamos a transformar en asesinos de niños, esto parece tierra de nadie y el sistema político uruguayo es tan cerrado que es casi imposible para el ciudadano común hacerse escuchar, siguen hablando del derecho del niño pero no se habla de los deberes de los mismos, del respeto que deben tener hacia las personas. Los políticos siguen elaborando proyectos para combatir la violencia desde sus cerrados e intocables despachos y están transformando a las personas racionales en violentas pues no las defienden con las leyes existentes, sino que las acorralan contra la pared.

Hay adolescentes buenos y respetuosos, humildes la mayoría, pero de buen corazón, y nunca reciben ayuda porque se la dan al criminal para que no sea tan malo y se «integre» a la sociedad, pero es más fácil ser malo que bueno, por eso la situación se está degenerando tan rápidamente.

En una de las primera reuniones con la gente de la ciudad se escuchaba el resentimiento general hacia las autoridades y las leyes y la mayoría consideraba que medidas violentas y tomar la justicia por mano propia era la solución más efectiva. Muchos se preguntaban si tenemos que dejar que pase como en otros países con la guerrilla o que la gente comience a tomar la justicia por mano propia para que finalmente nuestros legisladores (que no son más que empleados del pueblo) empiecen a escuchar.

A través de esta misiva le solicitamos si pueden interceder o crear puentes de contacto entre nosotros y nuestros legisladores para poder despertar a esta gente que no sabe que cuando la vida de una esposa o un hijo o de cualquier parte de la familia está en peligro, la política deja de importar y que el descreimiento en el sistema político y social es tan grande que cuando uno de los políticos locales se presenta en las reuniones mucha gente se levanta y se retira.

Sin otro particular y esperando una solución inmediata a esta situación de violencia, saluda atte.:

DANILO OLIVERA – [email protected]

 

Bodas de Sangre y algunas precisiones

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Solicito a Usted se sirva publicar la siguiente nota, que procura clarificar algunas imprecisiones.

En primer lugar, no pretendo ser el guardián de nada ni de nadie. Menos aún de García Lorca o de la tradición, por una sencillísima razón: no me necesitan. El genio de Federico campea por todo el mundo de la cultura más allá de cualquier frontera idiomática. Con respecto a la tradición, sería para mí un gran honor ser su custodio, pero tampoco es así. Gracias a ella, hoy podemos ver y escuchar a Eurípides o a Esquilo, con su más rotunda vigencia y lozanía, sin intervención alguna de mi parte.

Cuando concurro a ver un espectáculo artístico, no me prevengo exigiendo pasaporte de novedad o de arqueología. Lo único que solicito a los responsables del mismo, es respeto y calidad, que, en mi opinión, faltaron en la versión de «Bodas de Sangre» estrenada en el Teatro Solís, el pasado 16 de mayo. Ni la tradición por sí misma, ni la transgresión por sí sola son credenciales que aseguren un buen producto final. Y como ejemplos positivos, me remito a algunos espectáculos recientes. Aplaudí con fervor la versión de «Gatomaquia» de Héctor Manuel Vidal, que desplegó la gracia y el donaire de Lope de Vega en una puesta por cierto, nada tradicional.

Celebré la puesta en escena del «Agamenón» de Esquilo por Alfredo Goldstein, aun en la discrepancia respecto a algunos puntos de vista del espectáculo, pero expuestos con gran creatividad y talento. Asimismo recomendé con entusiasmo «Las Troyanas» de Marisa Bentacur en la dirección y Gabriela Iribarren en el papel protagónico, impecables ambas en sus respectivos trabajos.

Y punto final, por mi parte, a esta discusión en torno a un espectáculo que merece más el olvido que el debate.

Antes, quiero aclarar que yo también pienso que Jorge Bolani puede representar cualquier papel, sea el de Moria Casán o el de Caperucita Roja, pero en el contexto adecuado. Me une a Jorge una amistad de varias décadas, y siento por su profesionalismo y su persona mi más absoluto respeto y afecto, así como reiterada y renovada admiración.

Con respecto a Estela Medina, Señora del verso y del teatro, otra vez y siempre, mi gratitud, porque su presencia en escena, constituirá la visión del duende o el ángel que mencionara Federico. Su voz, sus manos, su máscara, su mirada engalanan cualquier representación. A Estela Medina, admiración, gratitud y reverencia.

Otrosí digo: En arte, la palabra «triunfo» es engañosa. Siempre será más cálida la luz del sol que el chisporroteo de los fuegos de artificio. En el ámbito de los libros el mejor no es siempre el que más se vende. Celebro que el Solís tenga funciones a sala llena, porque el excelente elenco de la Comedia Nacional lo merece. Pero desearía que esos aplausos tuvieran un mejor destino que no admitiera la confusión de un público que tanto
ríe en los pasajes paródicos como en los momentos más empinados de la tragedia.

El Teatro tiene y ha tenido siempre una función didáctica que no debe inclinarse ni ante el peso del aplauso dócil ni en el de la finalidad comercial. Generalmente lo fácil y lo inmediato tienden a un mayor suceso que el requerido por obras que exigen más atención y entrega del espectador.

Así como Hanna Arendt hablaba de la banalización del mal, también en estos tiempos se puede hablar de otros fenómenos socioculturales: la «tinellización» existe y tiene sus efectos.

JORGE ARBELECHE – [email protected]

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