SAN JUAN Y GARDEL
Entre las tazas del chocolate caliente y las risas, podíamos ver por la ventana las fogatas y los pibes jugando a su alrededor. Con disimulo se acercaban algunos vecinos y arrojaban a esos fuegos unos papeles con los nombres de los temidos «jettatores» del barrio para conjurar sus malas ondas. Según la bruja del barrio, esa noche del Solsticio de Invierno era la mejor para hacer talismanes y amuletos. Pero, a la tardecita siguiente, la sirena de El Día sonó lúgubre y chillona. Las radios suspendieron sus radioteatros y comenzaron a pasar temas de Gardel, mientras anunciaban el accidente en Medellín. La avenida 18 de Julio se llenó de gente que hasta lloraba en sus esquinas. La mayoría se concentró en Yaguarón frente a las pizarras de El Día esperando un desmentido que jamás llegó. «Murió Gardel», decía en letras muy grandes. El popular Bar Montevideo, enfrente a ese diario, donde paraban sus cronistas, se llenó de vecinos que, con angustia y tristeza, pedían a esos periodistas más y más detalles de la tragedia. Era ya la noche del 24 de junio de 1935 y los gardelianos recordaban que había sido ahí mismo, pegado al Montevideo, en el Teatro 18 de Julio, donde El Mago había dado su último concierto por los fines de octubre de 1933. Las boleterías lucieron el cartel de «localidades agotadas» y quizás por eso su presentación en la fonoplatea de Radio Carve fue con una multitud en la puerta. Cerquita del London-París y frente a la Plazoleta los fanáticos cortaron el tráfico de 18 para ver al Mago de cerca. En los estudios de la Carve sólo había un grupo pequeño de personas. Estaban los dueños: De Feo, los Fontaina al lado del Sr. Farrel y, a pedido de Gardel, estuvieron El «Loro» Collazo y algunos integrantes de la Troupe Ateniense. Es que Carlitos era admirador de esa troupe y quería dedicarles algunos de sus temas. También estaba el popular Perico que fue su representante en Uruguay. Los dueños de la radio mandaron sacar unos parlantes a la calle para que la multitud pudiera también escuchar la voz de Gardel. Y de esa última visita a Montevideo también se recordaba su actuación gratuita ante los enfermos del Hospital Fermín Ferreyra. Sus tangos alegraron a esos desvalidos y Gardel les obsequió un ramillete de canciones y milongas. Esa actuación fue más que meritoria pues, por cantar en ese Hospital ante gente tan humilde, sin cobrar nada, había rechazado una invitación del aristocrático Club Uruguay que le ofreció un jugoso contrato. Pero en gesto fraternal, Gardel optó por los más desposeídos. Ahora con la confirmación de la tragedia empezaba el nacimiento del mito. Rumores, fantasía y realidad. Hablaban de un tiroteo en el avión, de un pleito entre Gardel y Le Pera. También se dijo de una disputa entre pilotos y que uno de ellos, de origen alemán, causó el drama cuando sobrevoló muy bajo sobre el avión donde iba Gardel que salió de la pista y explotó. Y también llegaron versiones que afirmaban que, antes del enorme velatorio en la Iglesia de La Candelaria, los restos de Gardel estuvieron en una casaquinta de Medellín donde se realizaron rituales masónicos. Es que se dijo que Carlos Gardel fue masón y sus «hermanos» colombianos de una logia local, lo despidieron con las honras que marcan sus antiguos rituales. Destellos de San Juan, y el nacimiento de la leyenda de El Mago que desde esa fecha, cada día canta mejor. Con más recuerdos y música los esperamos en la 30, Radio Nacional.
Coordinación: ANGEL LUIS GRENE
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