SANA MENTE

Caso:

Noelia, de 3 años, lloraba y se hacía encima por lo que fue asesinada por su padrastro. La madre que también era golpeada ayudó a enterrarla. El hermanito de 5 años, que también era frecuentemente castigado, presenció todo. «El caso conmocionó a los vecinos de la familia que intentaron linchar a los implicados. Algunos exhibían carteles que decían: «Los presos sabrán qué hacer», aludiendo a la posibilidad de castigo en manos de los prisioneros.

Caso:

Una mujer denunció ante la Policía a su pareja que desde tiempo atrás la golpeaba al igual que a su hija, de 12 años.

Caso:

Un hombre de 29 años fue a buscar a su ex novia a un cumpleaños y luego de un intercambio de palabras la mató al dispararle en el pecho. Posteriormente se pegó un tiro en la cabeza.

 

Comentario:En estos días, las noticias sobre la violencia en sus distintas manifestaciones y gamas abruman a la población. El asombro, la indignación, la impotencia, el miedo dan forma a distintos reclamos. Proliferan análisis más o menos rigurosos de profesionales en general convocados por los medios al igual que se multiplican aquellos más simples generados entre los vecinos y las ruedas de amigos. No hay quien se escape a algún comentario. Es evidente que la violencia se presenta a nuestros ojos con una magnitud que abruma y sin duda es un fenómeno complejo y multicausal. Por ello sus soluciones no son fáciles ni pueden llegar con la rapidez y eficacia que todos quisiéramos. Sin embargo, es necesario forzar el análisis, hasta encontrar caminos explicativos sencillos, que faciliten a cada persona en lo individual enfrentar este fenómeno desde la cotidianidad. Este comentario que incurre deliberadamente en la simplificación pretende promover a nivel individual un cambio de actitud frente a la violencia. Desde la posición de sujeto pasivo que la «sufre» a la posición de sujeto «activo» que es capaz de contribuir a modificar aún en un granito de arena este fenómeno que hoy asombra, paraliza y vulnera los mecanismos de defensa individuales y sociales. La posición de sujeto pasivo intenta explicaciones desde la búsqueda de culpables pretendiendo entonces ajusticiamientos y soluciones mágicas De esta forma solo consigue reproducir la violencia que así se va generalizando involucrando a más y más personas. Ejemplo de ello es lo ocurrido en el vecindario de Noelia al momento de la reconstrucción de su asesinato. Los intentos de linchamiento o ajusticiamiento por mano propia, así como la represión que generan, solo incrementan el monto de violencia. Las posibles soluciones tienen distintos actores que manejan también distintos niveles de decisiones y recursos. El nivel de decisión política, así como las instituciones públicas, privadas y organizaciones civiles son colectivos que superan a las acciones individuales. Por tanto no nos ocuparemos de ellas. La acción individual en estos niveles solo puede generar algún tipo de presión y grados diferentes de participación con resultados no visibles en lo personal e inmediato. Nos centraremos en el nivel de acción individual, mientras la sociedad en su conjunto organiza algún tipo de acción. La catarata de denuncias sobre violencia doméstica está denotando un saludable reencuentro con la capacidad de reconocer la violencia y alejarse de ella. Es necesario reparar esta capacidad ya que el continuo contacto con la violencia por su acción patógena sobre la psiquis, incapacita a quien la sufre de su capacidad de reaccionar y alejarse de ella. Poco a poco hay un «acostumbramiento» que impide reconocer la violencia hasta que ésta se despliega en forma fulminante o en graves consecuencias físicas. Sin embargo, mucho antes de estos extremos es seguro que transcurrieron niveles altísimos de violencia psicológica, de destratos, descalificaciones, burlas, sarcasmos, ironías hasta llegar a la anulación de la capacidad de reconocer y alejarse o protegerse de tales situaciones. Este acostumbramiento sucede día a día en pequeñas acciones, dichos, sucesos que «normalizamos» y hasta aprobamos como uso social. Se apaga así la luz de alerta que debe prenderse, muy precozmente, para evitar la escalada de violencia. En este sentido es un buen ejercicio personal comenzar por tomar conciencia de la cuota de responsabilidad que corresponde a quien recurre a la ironía, el insulto, el empujón, el coscorrón o el piñazo para resolver las diferencias que podrían ser aclaradas de otra forma. Se ha generalizado un lenguaje corporal que a través del golpe pretende imponer voluntades olvidando la palabra como medio para la resolución de conflictos. Es hora que a nivel personal se recomponga el funcionamiento de esta «luz de alarma», para reconocer la agresión y que se afiance la capacidad para rechazarla sin recurrir a nuevas agresiones. Este primer ejercicio sorprenderá a muchos incurriendo en la violencia que rechazan y ejerciendo la misma agresión que pretenden erradicar en los demás. El resultado es un aumento del clima de violencia que, cual «olla de presión» al estallar, muestra una violencia que es reconocida solo en sus extremos. Es esperable que los más chicos y los más débiles no sufran la violencia de quienes tienen poder ya sea por su edad, atributos o roles. Y si esto sucediera es esperable que aumenten su capacidad para detectar la violencia en su mínima expresión y en forma precoz de forma de evitarla o protegerse sin recurrir a devolver también violencia. Es entonces necesario instruirlos en herramientas concretas y prácticas que estimulen su autoestima, que es una de las claves sobre las que se podrán desarrollar destrezas que permitan evitar, reproducir la violencia como victimarios o sufrirla como víctimas. (Continuará…)

Esta columna y las anteriores están disponibles en www.prosalud.com.uy. Dra. Almendras. Informes y Seminarios 4099983

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