Tiene la palabra
Cárceles, detenidos, ¡cambios ya!
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Lamentablemente este es un tema que quisiera no tocar, ni escuchar, ni enterarme de que existe. Sin embargo, no puedo abstraerme de ello. Existe y es muy complicado resolverlo. Se debería dar una salida coherente, alternativa y si se pudiera definitiva a lo que se refiere a la delincuencia (leyes acordes a los años que vivimos), a las cárceles (a sus carencias edilicias), y por supuesto, fundamental, una salida real a todo aquel que quiera redimirse con la sociedad para poder tener una alternativa y una nueva oportunidad en su vida.
No mirar con recelo a un individuo que cumplió con la ley. Darle una oportunidad, y pienso que desde las autoridades del Gobierno deben de dar una señal para que los ciudadanos comunes podamos ver que se puede y se debe hacer todo el esfuerzo posible para recuperar a esa uruguaya/o para contar con él en el esfuerzo diario de un trabajo y de asumir su responsabilidad ante la sociedad.
Anda dando vueltas un proyecto en el Parlamento con el cual el Estado estaría obligado a contar en su plantilla con un porcentaje mínimo de ex convictos. Esto, como decía, sería una muy buena señal. Ayudaría para que los empresarios particulares no le dieran la espalda a los recién liberados.
Aquí debemos tomar el ‘toro por las astas’. Además de mejorar los edificios que cobijan a los que han delinquido, además de modernizar las leyes, debemos dotar al sistema carcelario con un régimen realmente recuperativo. Es decir, que el detenido no sea considerado un ‘paquete’ que se le deposita en tal lugar, y allí permanece ociosamente hasta cumplir su condena. De ninguna manera, se le debe dar actividad física e intelectual. El ocio no es bueno en ninguna circunstancia, y menos estando detenido.
En lugar que las cárceles sean una ‘universidad del delito’, sean una escuela de enseñanza real. Con maestros primarios, secundarios, y con maestros que enseñen oficios para que, como decíamos esa mujer o ese hombre, sean útiles para ellos y de esa forma para los demás.
Se está en estos días debatiendo a dónde se deben trasladar a los presos que en cárceles con edificios inadecuados, permanecen hacinados, sin perspectiva de nada, y con toda seguridad que en el futuro serán reincidentes, en un porcentaje alto. Pero no es cuestión de traslado solamente provisorio, porque si no estamos moviendo un ‘número’ y no un ser humano.
Un porcentaje alto del aumento de la delincuencia parte de un sistema perverso que se intentó, y se intenta establecer en nuestros pueblos: la desocupación, la miseria, el hambre, la no educación, sin horizontes para nuestra juventud. Esto lleva a no cultivar el hábito del trabajo, del estudio, y por lo tanto termina en el alcohol, la droga, y como paso final la delincuencia, y por ende la cárcel.
Y como tengo ante mis ojos diariamente, ya que vivo frente al Centro Nacional de Recuperación (ex Hospital Psiquiátrico Musto), un ejemplo de lo que se puede hacer con este tema, donde los detenidos, doble protección de tejido mediante, dialogan con los vecinos, les ofrecen sus servicios de talleres de electricidad, de reparación de electrodomésticos, de carpintería, etc. Y los de buena conducta tienen la alternativa de salir a trabajar en las empresas de la zona que se han adherido a dicho sistema, dando un ejemplo plausible de lo que se pude hacer. Además con una pequeña quinta en donde cultivan sus propios alimentos. Por lo tanto, creo que este ejemplo es valedero, y en este caso fundamental para lograr lo que todos anhelamos, de lo que se puede hacer con los ciudadana/os que caen en el delito.
CARLOS SCOROVICH – [email protected]
Un libro que se vende
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Sin lugar a dudas introducirse en los laberintos de la estrategia de infiltración, información y labor operacional de los servicios de inteligencia militar en la izquierda, vende, es éxito editorial seguro, así lo creerá el autor. Ojalá que no, que el rechazo hepático prevalezca. Porque de ese novelón hay poca cosa a extraer. Aunque lo poco sea jugoso, por ejemplo que en plena democracia los servicios operaban con total impunidad en el seguimiento, fichaje, escuchas, espionaje y también operativos, sobre personas y organizaciones, particularmente gremiales sindicales y políticas de izquierda. Prevalecía la teoría de contención del enemigo, de eso no hay nada nuevo. Hubo denuncias públicas en el Parlamento y en la prensa sobre los manuales de enseñanza en los cursos de formación de oficiales, y casos escandalosos como el de Berríos mostraron el rostro de la impunidad de los nostálgicos que seguían con viejos vicios y a la vez viejos vínculos con los servicios del Plan Cóndor. Que operaban, operaban, de ahí sacar la conclusión de que el pleito que se dio en el PCU de entonces fue decidido por la labor de inteligencia militar, es un atrevimiento, por no calificarlo de provocación. Cierto es que por primera vez, desde su fundación, el Partido Comunista había realizado elecciones directas para elegir su dirección, en una demostración de defender y practicar normas democráticas en la elección del Comité Central y del Comité Departamental de Montevideo; eso fue un aspecto fuerte de la renovación y de la reforma de estatutos realizados por el XXI Congreso. La elección del Comité Central, eligió a Jaime Pérez por más de 2.000 votos; lo seguía Marcos Carámbula, votaban los delegados al Congreso. En la elección al Comité Departamental de Montevideo votaban los afiliados, hubo planchas y la que triunfó fue la de Marina Arismendi. En esta elección por voto directo pesaron mucho los afiliados de los barrios periféricos, y el resultado es el conocido. Luego el Congreso Extraordinario convocado por más de 5.000 firmas de afiliados eligió una nueva dirección, ahí ya sin la presencia de los congresales, que nos fuimos del Palacio Peñarol. Más allá de las jugadas, que siempre los servicios pueden hacer, el hecho real fue que la ausencia de Rodney Arismendi y Enrique Rodríguez generó un vacío de influencia real, y segundo, que se despertó en el seno de los afiliados más alejados del debate real una especie de «cruzada por salvar al Partido», hay que decirlo con gran simpatía por parte de fuerzas del FA, que sentían la palabras renovación y les salía un sarpullido, y no era sólo el 26 de Marzo. Pero ¡qué ironía! Al revés de lo que afirma Alvaro Alfonso, la derrota de Jaime Pérez cambió sí la historia del FA, lo encerró en su halo estructural, agudizó la contradicción coalición-movimiento; mantuvo un método estructural envejecido, empírico, rutinario, pero en lo político facilitó la política de amplitud y desarrollo de alianzas, gracias a la visión de Tabaré Vázquez, que se transformó en el heredero del espíritu del 71, sellado y firmado por Zelmar, Juan Pablo Terra, Arismendi, Quijano, Alba, Rodríguez Camusso, Cardozo y Seregni; entonces el Frente rompió la barrera política de las «mayorías silenciosas» que siempre terminaban votando a blancos y colorados, o siendo «soldados tranquilos» en 1973, cuando el asalto de las instituciones por parte de Bordaberry y su sostén, los gorilas del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. Al escindirse el Partido Comunista cayó el subjetivo del «cuco», y se abrieron las posibilidades de derrotar las prevenciones y temores que, durante décadas, acuñaron los partidos tradicionales, para encerrar a la gente en el esquema bipartidista. Si esto fue un trabajo facilitado por los servicios de inteligencia que se corten los… los nervios. Porque una cosa es la cuestión militar y otra cosa es la cuestión política. Su esquema de 1975 (octubre, noviembre, diciembre) de aplastar al Partido Comunista de la época, demoliendo su estructura militar, desmontar la 4ª dirección, desmantelar al Comité Central y a la vez generar
un clima de terror para consolidar una estrategia de poder; pese a sus éxitos iniciales, en el tiempo (recordar la regla del chino Sun-Tzu) fueron aislados y derrotados políticamente. En todo ese proceso de represión despiadada, hubieron situaciones complejas y dolorosas que, el Partido laudó en un congreso, cuyo informe a nombre de una comisión del Comité Central que él presidió lo dio Alberto Altesor, hizo un informe exhaustivo sobre la actitud de los cuadros ante la tortura y la cárcel. Los miembros del Comité Central, cada uno, fuimos entrevistados por miembros de la comisión respectiva. Cuando el congreso laudó, lo hizo a conciencia, no habrán «documentos» que tuerzan lo que se discutió y resolvió democráticamente.
La historia está llena de operaciones para denigrar y ensombrecer la labor de los revolucionarios. Recordamos la operación hecha por la reacción en Francia para enlodar al «Partido de los Fusilados», el Partido Comunista Francés, acusándolo de colaboracionista, a la campaña contra Lenin de ser un espía alemán; o que Frugoni salió diputado en 1910 porque Batlle y Ordóñez le dio votos; o en 1986-1987 ¿no se afirmaba un acuerdo colorado-comunista denominado «el coco».
Estamos ante un intento de desvirtuar hechos históricos, en un momento en que la coalición de izquierda recupera fuerzas para consolidar en 2009 la continuidad de un proceso de cambios. No sé si es la intención del libro mencionado, pero, objetivamente, entra o está en un juego peligroso para la memoria histórica, y para la sociedad uruguaya, que busca cerrar sus heridas construyendo un nuevo destino.
DARI MENDIONDO BIDART – 1er. vicepresidente de la Junta Departametal de Montevideo
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