Estudio. Analizan el papel de los varones en la implementación de estrategias en la lucha contra esta epidemia

Profesionales de la salud se deslindan de la violencia: "Yo no soy un pegador"

«Este trabajo está animado por el propósito de aprender el modo en que los varones que participan del sistema de salud perciben la problemática de la violencia doméstica contra las mujeres», indica la investigación.

 

«Escasa conciencia»

Los servicios de salud del Primer Nivel de Atención son la puerta de entrada al sistema sanitario, el lugar donde generalmente se detectan casos de abuso sexual, violencia doméstica y otros. Por eso mismo es el lugar ideal para detectar situaciones violentas.

Este estudio indica que en «los últimos informes del Observatorio sobre Violencia y Criminalidad dependiente del Ministerio del Interior señalan que las denuncias por violencia doméstica han superado el número de rapiñas y hurtos denunciados».

La muestra de esta investigación se realizó con base en 27 médicos y 5 profesionales no médicos. Más de la mitad de ellos son planificadores de servicios de salud. Las conclusiones del trabajo indican que «el personal de salud (tiene) escasa conciencia de sus propias potencialidades para intervenir activamente en los procesos que conducen a la legitimación de esta forma de violencia de género».

 

Crimen y castigo

La violencia doméstica es vista exclusivamente como una situación criminal. «Claro que se trata también de situaciones criminales; pero queremos hacer notar que al ver la violencia doméstica únicamente como un crimen o una aberración, se la desconecta de la cultura patriarcal aprendida por todos», dicen los autores.

El trabajo indica que esta cultura dominante justifica la preeminencia masculina y la sumisión femenina, y por lo tanto se constituye en terreno fértil para la emergencia de «excesos».

Los entrevistados tienen -salvo contadas excepciones- la imagen estereotipada del varón proveedor y protector, físicamente fuerte: quien «ocupa ‘naturalmente’ un lugar dominante en el hogar y fuera del mismo, y que es racional, pragmático y emocionalmente diferente de la mujer».

Los autores destacan la recurrencia de los entrevistados en aludir al cambio de los roles masculinos en dirección de una mayor equidad entre géneros. «Sin embargo, a la hora de ilustrar esta proposición se mencionan cambios menores, tales como ‘cambiar pañales’ y ‘lavar los platos'», confirma el documento.

Los consultados asignan al varón un lugar de dominio sobre el resto de los miembros del grupo, «aportándole una coartada basada en la simetría para controlar y sojuzgar a la prole y, en especial, a su pareja».

El profesor y médico Carlos Güida indica una cierta «discapacidad» de varios médicos entrevistados para «poder comunicarse, captar, visualizar la violencia hacia las mujeres, y acaba siendo una impotencia naturalizada».

El autor destaca como positivo que en las entrevistas aparecieron «posturas críticas a la formación médica y a las prácticas profesionales del colectivo médico frente a estas limitaciones».

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