TIENE LA PALABRA

Para mejorar la calidad de vida es necesario calidad humana

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Aprovecho una vez más la oportunidad que da su medio de comunicación, para señalar públicamente la alegría que siento en el día de hoy.

Por fin luego de tantos años de «luchas y de reclamos» , las personas con discapacidad física y todas aquellas que alguna manera u otra se sienten involucradas en el tema, vemos como Montevideo da sus primeros pasos en lo que tiene que ver con el «transporte colectivo adaptado».

Las personas con discapacidad sabemos que la «Equiparación de Oportunidades» es fundamental para nuestra integración. Para ello debemos profundizar en los temas de la educación, el trabajo y no olvidarnos de la necesidad de tiempos de ocio y recreación, pero también sabemos que debemos contar con los medios necesarios para acceder a ellos. Para concretar estos derechos debemos esforzarnos el doble. Por eso, con beneplácito podemos afirmar que ya no es necesario mirar hacia otras ciudades del exterior para saber lo que es una «sociedad integradora» y pensada en forma «inclusiva» en lo que al transporte urbano se refiere.

Por eso quiero hoy hacerles llegar el agradecimiento a las autoridades municipales y a las empresas privadas, que permiten que hoy sea «una realidad» .

Quiero destacar que sin el esfuerzo y la sensibilidad necesaria no se podrían haber plasmado estos logros. Por eso saludo a las autoridades municipales que supieron escuchar los reclamos y hacerlos propios. Sí, somos un grupo pequeño de personas pero no por ello menos importante que el resto de la sociedad que gobiernan.

Una vez más queda demostrado que para mejorar la «calidad de vida», es necesario contar con una buena dosis de «calidad humana» ya que nos dará la inteligencia necesaria para saber usar las herramientas que tenemos a nuestro alcance.

Estuve esperando por más de cuarenta años por una noticia como esta; hoy comienza a ser una realidad. Gracias.

HAYDEE PICCARDO C.I. 1.615.386-5

 

El trabajo no es tortura

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Con gran pena y también preocupación vimos el 1º de mayo por televisión a Irma Leites afirmando que «el trabajo es tortura».

La compañera Leites se documentó mal. Seguramente extrajo información del Diccionario Etimológico del Sr. Corominas, obra muy importante pero ya superada. Pero antes de abocarnos a dilucidar esa etimología queremos recordar ciertas cosas:

El trabajo, lejos de ser tortura es una de las principales cualidades (y acaso la única) que distingue al ser humano de todos los demás integrantes del reino animal.

Todos los filósofos (y en primer lugar los materialistas) están de acuerdo en ello. Que el sistema socio-económico que padecemos (y que tiene los días contados) pueda convertir el trabajo en una tortura, es otra cosa. Pero es innegable que existen cientos de miles de seres afortunados que disfrutan con su trabajo y que lo experimentan como la manera óptima de afirmar su personalidad.

La tortura no tiene nada que ver con la esencia del trabajo; quienes hemos experimentado ambas cosas, lo sabemos.

Pero ocupémonos ahora de la etimología en cuestión: Corominas quiere hacer derivar la palabra castellana trabajo, del latín tripalium («tres palos», que era, realmente, un instrumento de tortura). Esto no es así.

La interpretación de este autor es ingenua: se basa en hacer una analogía con el latín alium que, como es evidente dio ajo (y por esa razón la palabra tripalium tendría que haber dado trabajo…). Las cosas no son tan sencillas.

La palabra trabajo deriva de la frase tauros ago (llevo, conduzco al toro).

Debemos hacer notar que se trata del trabajo primordial de la antigüedad: la labranza de la tierra. ¡Era el trabajo por antonomasia!

(Y recordemos también que esa era la acepción del verbo bajo-latino laborare, que dio en castellano labrar, de idéntico significado… ¡Para no hablar del lunfardo laburar!) La frase tauros ago tiene la particularidad, bastante rara, de que existe tanto en latín como en griego.

¿Cómo fue posible que la frase griega tauros ago llegara a convertirse en trabajo? La mayor dificultad (pero no la única), consiste en la manera de explicar la aparición de la fricativa gutural (j) en la desinencia.

La palabra trabajo llegó al castellano, (y al francés) a partir del griego.

Consideremos la palabra griega tauros (buey macho). Vemos que en ella está el sonido representado por la vocal u. Este sonido podía (y pude) en latín y en griego, pronunciarse tanto como una u como como una v. Y, aún (que no es nada imposible) llega a tomar un delicado sonido intermedio, siempre bilabial, que es una semivocal, y recibe el nombre de uau.

Para simplificar, digamos que, en determinado momento, la palabra tauros llegó a pronunciarse tavros, en griego.

En una etapa siguiente se produjo lo que se llama una «metátesis» (los sonidos se «reacomodan», cosa absolutamente normal, que sucede todos los días, y aún podemos notarla en nuestra habla cotidiana: «crosta» por «costra»)…

Así pues, la palabra griega tavros comenzó a pronunciarse travos.

Y dio origen al verbo griego travao, que quiere decir «arrastrar» y «tirar» (se entiende: del arado. Así se formó la primera parte de la palabra trabajo.

¡Vemos pues, que un sustantivo dio origen a un verbo! (La prueba de esta evolución puede encontrase en cualquier buen Diccionario de griego moderno).

En cuanto a la segunda parte, que tantos dolores de cabeza dio a Corominas, por la aparición de la fricativa j, la tenemos en la segunda palabra de la frase: en el verbo ago (llevar, conducir), que en su participio de Aoristo Masculino hace ajthéis. De manera que «(un animal) travajthéis» puede traducirse como un buey cansado, que ha trabajado mucho, y que por lo tanto está agotado. Esta es la verdadera etimología de la palabra trabajo. Para terminar y volviendo a lo que decíamos al principio, queremos recordar el maravilloso cuento de Juan J. Morosoli, donde el paisano muere feliz y contento, al cabo de un día donde había satisfecho a rabiar las tres cosas que más le gustaban en la vida: comer, dormir… ¡y trabajar!

ROBERTO LARREA C.I. 3.443.411-4

 

A cinco años de la muerte de Arturo Dubra

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Estoy seguro que no le gustaban los homenajes ni los recordatorios.

Esta carta pudo haber sido escrita cualquier día.

Lo conocí personalmente el día siguiente de su liberación, tenía la convicción de haberlo conocido desde siempre, puede ser por los relatos de sus familiares o muy especialmente de su entrañable compañera Rosario (Yayo).

Hace cinco años se fue, sin pedir permiso con sus 62 años a cuestas, con una leve joroba, cargando los 16 años de prisión y tortura. Los viejos ascensores del Palacio Díaz, lo vieron bajar por última vez un 6 de junio de 2003. Siempre conservó una sonrisa típica, indescifrable, que transmitía la tranquilidad de los seres íntegros. Fue de los más torturados. Pocas veces hacían referencia a la misma, no había tiempo. Su vida era entrega, el reloj no permitía distracciones.

Coincidíamos al salir de mañana al trabajo, no recuerdo si iba a la carpintería o al bar, algunos años más tarde me lo crucé en el Senado haciendo la suplencia del senador Fernández Huidobro. Flaco, con pantalones vaqueros gastados y mochila al hombro, siempre igual.

Desde sus orígenes políticos en el Partido Socialista estuvo al lado de Raúl Sendic, lo acompañó en las reivindicaciones de los cañeros en Artigas, en las inundaciones del 59 trabajando con los damnificados o en el lugar que tocara ocupar como militante de «fierro».

Detenido por primera vez en 1969, cuando el MLN tom

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