Escrito por: Tercera época Por Antonio Pippo
Yo creo es decir, supongo, no quiero ser pretencioso- que el despiporre escasamente festivo que se ha generado entre la Intendencia de Montevideo y sus trabajadores, agremiados en Adeom, puede haberse debido a un malentendido.
Es como si el intendente Ehrlich, hombre pulcro, educado, sereno y culto, hubiese usado, para convencer a los trabajadores, un lenguaje incapaz de inducirlos a algo más que al error y al deseo de seguir estirando la piolita de la confrontación. Y es como si esos nobles trabajadores hubiesen hecho una interpretación contorsionista de los mensajes recibidos.
No he hallado mejor manera de explicarlo y, como siempre, de modo metafórico- que por el absurdo, poniendo, con humor, el mundo al revés y sirviéndome de un viejo y ajeno chiste: aquel niño que analiza muy a su aire las cosas que le ha enseñado la madre y cómo lo hizo.
-Mi mamá me enseñó a apreciar un trabajo bien hecho: “Si se van a matar háganlo afuera, porque acabo de limpiar”.
-Mi mamá me enseñó religión: “Mejor rezá para que esto salga de la alfombra”.
-Mi mamá me enseñó lógica: “Porque yo lo digo ¡y punto!”.
-Mi mamá me enseñó ironía: “Seguí llorando y te voy a dar una razón para que llores”.
-Mi mamá me enseñó ósmosis: “Cerrá la boca y comé”.
-Mi mamá me enseñó fuerza de voluntad: “Te vas a quedar sentado hasta que termines la sopa”.
-Mi mamá me enseñó hipocresía: “Te dije un millón de veces que no seas exagerado”.
-Mi mamá me enseñó a ser ahorrativo: “Guardá esas lágrimas para cuando yo me muera”.
-Mi mamá me enseñó a ser ventrílocuo: “No me retruques, callate y contestame: ¿Por qué lo hiciste?”.
-Y mi mamá me enseñó rectitud: “Te voy a enderezar de una patada en el culo”.
Ya sé. Es un tema muy serio para tomárselo a la chacota. Pero, a veces, la distensión suele aterrizar de la mano de una de esas bromas que despiertan sonrisas.
Ahora que lo pienso, ¡no me digan que los trabajadores van a promover un juicio a ver si pueden sonreír!
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