Malentendido
Yo creo es decir, supongo, no quiero ser pretencioso- que el despiporre escasamente festivo que se ha generado entre la Intendencia de Montevideo y sus trabajadores, agremiados en Adeom, puede haberse debido a un malentendido.
Es como si el intendente Ehrlich, hombre pulcro, educado, sereno y culto, hubiese usado, para convencer a los trabajadores, un lenguaje incapaz de inducirlos a algo más que al error y al deseo de seguir estirando la piolita de la confrontación. Y es como si esos nobles trabajadores hubiesen hecho una interpretación contorsionista de los mensajes recibidos.
No he hallado mejor manera de explicarlo y, como siempre, de modo metafórico- que por el absurdo, poniendo, con humor, el mundo al revés y sirviéndome de un viejo y ajeno chiste: aquel niño que analiza muy a su aire las cosas que le ha enseñado la madre y cómo lo hizo.
-Mi mamá me enseñó a apreciar un trabajo bien hecho: «Si se van a matar háganlo afuera, porque acabo de limpiar».
-Mi mamá me enseñó religión: «Mejor rezá para que esto salga de la alfombra».
-Mi mamá me enseñó lógica: «Porque yo lo digo ¡y punto!».
-Mi mamá me enseñó ironía: «Seguí llorando y te voy a dar una razón para que llores».
-Mi mamá me enseñó ósmosis: «Cerrá la boca y comé».
-Mi mamá me enseñó fuerza de voluntad: «Te vas a quedar sentado hasta que termines la sopa».
-Mi mamá me enseñó hipocresía: «Te dije un millón de veces que no seas exagerado».
-Mi mamá me enseñó a ser ahorrativo: «Guardá esas lágrimas para cuando yo me muera».
-Mi mamá me enseñó a ser ventrílocuo: «No me retruques, callate y contestame: ¿Por qué lo hiciste?».
-Y mi mamá me enseñó rectitud: «Te voy a enderezar de una patada en el culo».
Ya sé. Es un tema muy serio para tomárselo a la chacota. Pero, a veces, la distensión suele aterrizar de la mano de una de esas bromas que despiertan sonrisas.
Ahora que lo pienso, ¡no me digan que los trabajadores van a promover un juicio a ver si pueden sonreír!
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