El Hugo
¿Sabés qué pasa? Yo fui poco a la escuela ha dicho el Hugo a lo largo de los años, recurrentemente. No es que no me gustara, pero cada vez que quería ir, le daba por llover.
El Hugo, para los amigos, es Hugo Nantes, uno de los más grandes artistas plásticos uruguayos, de los más originales, imprevisible como pocos, creativo hasta el desgarramiento. Y esa frase pinta su sentido del humor, siempre cerca de la ironía y alejado de la autocomplacencia.
Un hombre cabal, un luchador, un ser entrañable.
Todo esto, que quizás haya sorprendido al lector, viene a cuento no sólo por el hecho de que Nantes es mi amigo, sino porque ¡al fin! se hará una muestra abarcadora de su obra pictórica y escultórica en el Museo de Artes Plásticas y Visuales del Parque Rodó. Será este jueves. Un acto de justicia y una oportunidad inmejorable para quienes aman el arte, y saben que sin él la vida sería insoportable, de gozar plenamente la contemplación estética, uno de los placeres más intensos y transformadores que le están reservados al ser humano.
La obra de Nantes sobre todo sus esculturas no es simple. Exige mucho de quien la observa, pero también da mucho a quien penetra en ella dejando hacer a su propia intensidad, a sus propios santos y demonios, a su percepción limpia y abierta. Algo es seguro: no habrá quien quede indiferente.
De todos modos yo siempre voy a preferir, aun respetando al artista como lo respeto, al Hugo, al amigo generoso hasta el desprendimiento más conmovedor, al tipo del mate compartido, de las cosas tiradas por ahí, al de las salidas insólitas y al de las anécdotas tan inverosímiles que, a quienes no lo conocen, hacen dudar de que esté hablando en serio.
Es que sólo con gente así, a la que tristemente se suele olvidar porque nadie hace ruido a su alrededor en este caso empezando por él mismo, metido hasta la médula en su mismidad maragata, se podrá construir una sociedad mejor.
La cuestión es darse cuenta.
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