Escrito por: Luis Grene
Con los primeros fríos, los vecinos rumbeaban para el boticario. Resfríos, gripes tempraneras y “el dolor en los huesos” de los veteranos eran los motivos para visitar al señor de lentes redonditos de metal, engominados bigotes y un saquito blanco. Aunque sea para prevenir, aquellos vecinos de antaño sabían que todos los caminos de la buena salud conducían a la botica. En todos los barrios estaban esos señores que vendían los remedios más sanos. Cerca del nuevito Estadio Centenario, estaban los boticarios de Maifer. Vendían el popular “Hongo de Terra”, un producto natural muy bueno para las vías urinarias y especial cuando el frío apretaba y el abuelo tenía que ir al baño a cada rato. Los que vivían por Capurro y Uruguayana concurrían a Mangino que indicaba para toda la familia el “azufre termado” muy bueno para limpiar la sangre de las impurezas. Por 8 de Octubre y Porvenir, don Paladino ayudaba a que los chicos del barrio Unión crecieran muy vigorosos dándoles el nutritivo “hígado de bacalao” que traían los marinos noruegos. Si un tío andaba “seco de vientre”, no hay drama, con un buche de “aceite de castor” quedaba como nuevo.
La zona de la Ciudad Vieja y El Bajo fueron puntos de referencia en la venta de remedios naturales y homeopáticas combinaciones. En la calle 25 de Mayo casi Pérez Castellanos, estaba la botica Tapié que ofrecía un variado catálogo de especialidades exclusivas y casi imposibles de encontrar en otros barrios.
En un frasquito de vidrio muy grueso vendían la “eczemina” que curaba de manera inmediata las heridas de las várices y los dolorosos eczemas cutáneos. También en un lugar de preferencia de su enorme vidriera había sobre un paño blanco el producto que todos los asmáticos lo consideraban milagroso. Se llamaba “El Remedio de Himrod” y daba alivio efectivo al ahogo del asma como también era indicado para la rebelde fiebre del heno. En su cajita marrón aparecía la cara muy seria y barbuda de su inventor, el señor Himrod, y la recomendación de que era bueno para “la influenza” y todo tipo de catarros y alergias. También esa esquina de la Ciudad Vieja, donde estaba la Tapié, concurrían muchas damas y caballeros con veleidades de coquetería. Estos compraban la “tintura para las canas” que dejaba a los veteranos con una pila de añitos de menos. Y las seductoras señoras y alguna damita con “sarpullidos” agotaban los pomos de la “leche curativa de Candés”, que quitaba las arrugas, granitos y hasta decían que esfumaba las pecas. A la Tapié iban muchos deportistas del cercano Estadio Yacaré y no faltaban los futbolistas. Es que ahí se preparaba el tradicional “linimento Slogan” que agregándole yemas de huevo y un poco de formol era especial para curar las secuelas de los piñazos en los boxeadores y calmaban el dolor de las patadas que recibían los habilidosos delanteros. Atrás del Mercado del Puerto estuvo una droguería muy conocida.
Se llamó la Botica del Puerto y entre su clientela estuvieron las francesitas y polacas de las casas de luces rojas de Yerbal. Ellas compraban una cremita llamada Cold Cream, muy buena para el cutis y también para otros menesteres de ese antiguo oficio. Los señores que sufrían de los pies agotaban el stock del mágico callicida “Gets-It” que afirmaban lo inventaron en Chicago. También vendían un producto para el asma que despertaba muchas polémicas. Eran los cigarritos “Espic”, inventados en Francia y que juraba podían curar las enfermedades de los bronquios. Fueron de gran venta las píldoras “De Witt” que curaban los riñones y la vejiga. Por el antiguo Cordón, en Uruguay y Gaboto, estuvo el boticario Marranghello y sus remedios. Para los aventureros galanes que no se cuidaban en los cabarets y luego andaban sufriendo, les vendía un producto llamado “Cachets Collazo” que decían curaba las infecciones venéreas y evitaba las temibles sondas de los urólogos. También los vecinos del Cordón y de todos los barrios sabían que la crema “Waites” cuidaba sus dientes y evitaba la piorrea. Y si te mareabas en los tranvías o en el ferrocarril, comprá con fe el remedio llamado “Mothersiles Seasick” nacido en Nueva York. “¡Ahora si podés viajar tranquilo!”
CON MAS RECUERDOS Y MUSICA LOS ESPERAMOS EN LA 30, RADIO NACIONAL.
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