Tiene la palabra

Memoria, gobierno y oposición

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Gracias por prestar este espacio a los ciudadanos comunes.

Es claro que este gobierno, a pesar de los esfuerzos que realiza, a lo sumo a lo que podía aspirar en 5 años es tratar de poner la casa en orden. Una casa por demás desprolija, vieja, anquilosada, desde todo punto de vista. Fueron muchos años de pensar que el Estado tenían dueño y que ese dueño era un partido político, o como la vida nos lo ha demostrado dos partidos. Fueron muchos años de desorden administrativo, acomodos, burocracia (creada para hacer todo inoperante y llenar las oficinas de gente que en muchos casos no sabía ni cuál era su tarea), de caos generado por más de 15 años con rendiciones de cuenta gasto cero, sin inversión de ningún tipo, mucho tiempo y dinero de los uruguayos para demostrar que ese mismo Estado que ellos manejaban y gobernaban era incapaz de resolver los problemas de la gente, sin siquiera preguntarse como era que lo hacían tan mal. Era un estado para manejar asuntos personales, dineros del Estado para beneficiar tales o cuales familias, un Estado creador de premios para políticos frustrados luego de campañas electoras, y así podríamos seguir hasta aburrir.

¿Qué nos dejaron los últimos 20 años? Evitamos analizar la época de la dictadura donde muchos «colorados» y «blancos» fueron cómplices o trabajaron para ella, ya que los civiles que participaron como directores de entes, consejeros de Estado, directores de oficinas públicas, etcétera después estaban en muchas listas o haciendo campaña para los partidos tradicionales. ¿O es mentira esto?

Por esto lo de la pregunta, ¿qué dejaron? Este gobierno comenzó de esta manera, récord histórico de desocupación, salarios deprimidos casi un 35%, deuda externa jamás imaginada, una descomposición social impensable para el Uruguay, el porcentaje más bajo de la historia en inversión en educación (igual que Haití país de menos inversión en las Américas), salud (no había ni sábanas en las camas de los hospitales públicos), vivienda, récord de emigración, reducción de la inversión nacional y extranjera que hacía casi inviable al país, seguridad social al borde de la quiebra, bancos del Estado fundidos, empresas públicas sin inversiones, una ley de caducidad, vergüenza de un país que tenía profundas raíces de igualdad (al menos en los papeles), en muchos casos una gran parte de la población descreyendo del sistema democrático, con gran desconfianza en los poderes del Estado.

Por eso ver el comportamiento de la oposición muchas veces me dan ganas de reír y otras de llorar, hablar con tanta altanería, sin decir nada y sin aportar nada, ver a los Larrañaga, los Lacalle, los Batlle o los Sanguinetti, sin un ápice de humildad, tratando de dictar cátedra de cómo se debe gobernar o actuar, sintiéndose dueños de los micrófonos tan gentilmente cedidos por los medios, esos mismos medios que cambiaban los «favores» de Estado, y se ponían al servicio de sus intereses y sus aparatos. Dan pena, mucha pena, a cada momento desnudan su desprecio por la mayoría, a veces lo hacen hasta sin darse cuenta, basta ver sus aciones para saber a quiénes defendieron, defienden y defenderán por un problema de clase sin lugar a dudas. Y lo peor es que creen que los uruguayos somos unos tontos sin memoria y que nos olvidaremos de cómo debemos juzgarlos.

Si señores, quizás este gobierno tenga unas cuantas cosas en el debe, quizás también esté haciendo experiencia en el manejo del Estado, cuando finalice este período tendremos que pasar raya y sacar conclusiones, pero no olvidemos que estábamos hace solo 3 años debajo de subsuelo y que en tres años no hemos podido todavía llegar a la Planta Baja, fueron más de 50 años y hasta ellos son conscientes de la honestidad del gobierno de Tabaré. Sus actitudes (las de la oposición) me dicen que ¡Vamos bien!

DANIEL G. – C.I. 1.684.946-2

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