Agresores: 6 de cada 10 son hombres
En el marco de las recientes situaciones que vienen siendo denunciadas y en muchos casos trabajadas desde hace tiempo por INAU, Sipiav y el Comité para la Erradicación de la Explotación Sexual Comercial y no Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes y que han tomado notario estado público, consideramos oportuno dar difusión a los siguientes datos, indicadores y tipificaciones, como servicio a la ciudadanía dentro de los cometidos institucionales para detectar estos casos, y por ende proteger a niñas, niños y adolescentes ante esta particular forma de agravio a su dignidad.
Como todos saben, es importante que los indicadores que adjuntamos sean tomados y transmitidos con respeto y no a la ligera, ya que estamos hablando de un tema, que además de sensibilizarnos a todos, es motivo del sufrimiento en silencio de niños y adolescentes de nuestro país.
Abuso sexual
La violencia y el abuso no son fáciles de detectar y tienden a invisibilizarse socialmente. Sí en general, los delitos y actos de violencia son un fenómeno particularmente oculto, y existe una alta subdeclaración de información que agudiza en el caso de la violencia y maltrato sobre los niños/as y jóvenes en el ámbito intrafamiliar. De hecho, este fenómeno posee tres características especiales que lo hacen en buena medida inexpugnable: ocurre al resguardo de la privacidad del hogar, bajo un sistema de creencias que le atribuye al modelo de familia patriarcal y tradicional el lugar de lo seguro, privado y del cuidado; generalmente involucra una relación de parentesco íntimo o directo entre quien agrede y quien es agredido; quien es agredido es menor de edad y se encuentra en una situación especialmente desprotegida y vulnerable.
Es razonable también que quienes ejercen violencia oculten las situaciones y así evitar las consecuencias negativas (policiales, judiciales, clínicas, sociales, estigmas, etc.). En este sentido, es esperable que quien sufre las situaciones de violencia y otros miembros del núcleo familiar desistan de informar o denunciar la situación, por temor al propio victimario y/o a las referidas consecuencias que tendría dicha denuncia sobre la organización familiar.
Además, parece oportuno destacar que las situaciones de violencia intrafamiliar se dan en un contexto de silencio. Estos sistemas de creencias tienden a legitimar los contextos de desigualdad y sometimiento de un género hacia el otro y de los adultos hacia los niños/as y adolescentes.
En particular, el abuso sexual infantil es un problema que afecta la vida de una gran proporción de niños y adolescentes a nivel mundial. Sin embargo la proporción de casos conocidos es una mínima parte del problema.
Es conocido que los abusos sexuales no ocurren frecuentemente en contextos desconocidos para ellos. En un porcentaje elevado de casos (85% según Informe Gestión Sipiav) los agresores sexuales son los propios padres o familiares, y 6 de cada 10 de los agresores eran hombres.
El Sistema Integral de Protección a la Infancia y la Adolescencia contra la Violencia (Sipiav) presenta el informe de Gestión a un año de su implementación sobre 267 actuaciones, concluyendo que un 28% de esos casos atendidos habían sido víctimas de violencia sexual.
Además es destacable señalar que la amplia mayoría (79%) de las situaciones de maltrato o abuso fueron diagnosticadas a partir del relato de los propios niños. El resto fueron por sospechas de un tercero (9%) y una mínima porción (1%) por marcas que presentaban los chicos.
De los casos atendidos por el sistema Sipiav que eran víctimas de violencia sexual, el abuso se interrumpió en 91% de los casos. En 3% empeoró y en 6% no se produjeron cambios.
La gravedad se encuentra en el sufrimiento que esta experiencia ocasiona en la vida de las niñas, niños, adolescentes y sus familias, ya que los efectos inmediatos y de largo plazo constituyen una amenaza potencial al desarrollo psicosocial de los niños y jóvenes que fueron violentados.
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