TIENE LA PALABRA
Mi respeto a la poesía, a Lorca y a Estela Medina
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Hay momentos en que se impone decir no. No al caos, no a la confusión de vanguardia con desvarío, no a la trasgresión gratuita sin el menor aporte al avance de la creación estética. Esto ocurre ante la nueva versión y representación de Bodas de Sangre, de García Lorca, por el elenco de la Comedia Nacional. No hablaré aquí desde la posición de escritor ni de profesor estudioso de Lorca, sino que lo hago como simple espectador y ciudadano de 65 años que frecuenta el teatro desde los 15. En este medio siglo que vas desde aquel entusiasta adolescente hasta este señor de cabello blanco, pude ver toda la gama de interpretaciones que puede ofrecer un gran texto.
Por ejemplo: aquella memorable lectura escénica que hiciera Taco Larreta de «Fuente ovejuna» con el espíritu de Lope de Vega intacto, hasta la versión de «Las Troyanas» de Eurípides, bajo un frío glacial en un inhóspito galpón, donde todas las incomodidades sufridas por el espectador eran olvidadas ante el texto griego que ofrecía su lozanía y vigencia en magnífica proporción, guiadas por un elenco y una dirección impecables.
Yo no tengo la clave de cómo debe dirigirse una obra; sí sé cómo no se debe hacer. Y no se debe hacer como lo hizo La Comedia Nacional en esta lamentable versión, que constituye un oprobio a nuestra cultura teatral.
Enumeraré algunas de las causas que motivan esta nota.
1) Es insultante el supuesto homenaje que se pretende ofrecer a la homosexualidad de Federico. Primero porque su identidad sexual no se refleja, en esta obra jamás.
2) – Porque la homosexualidad en este espectáculo está mostrada desde su ángulo más patético, grosero y deformante, más propio de las burlas de tablado y patota, que de una muestra de teatro serio. La homosexualidad es una naturaleza, una identidad, una manifestación de la diversidad. Pero no es una galería de vulgares morisquetas amariconadas de la peor ralea, más propia de un show de travestismo de esencial vulgaridad, ya que hay también espectáculos de este tipo de muy alta calidad. No puede verse a un actor de la talla de Jorge Bolani disfrazado de Moria Casán, bajando las escaleras de un show de revistas del Maipo porque eso es denigrante para quien lo hace y para quien lo ve.
Quien primero se resiente, aunque no tenga conciencia, es el propio público que, en los momentos más empinados de la tragedia, se ríe. Pienso que allí radica uno de los puntos esenciales del desenfoque general con que se ha pretendido dirigir una obra maestra y cuyo resultado es apenas una patética muestra de golpes de efecto sin sustancia.
No se tapa el vacío ni lo hueco con metros y metros de sábanas, porque la poesía no puede nunca suplantarse por traperío, cuerdas y banderines. Cuando no se sabe qué hacer con la poesía, no se la debe mancillar.
Sólo hay que admirarla. Y para el ejercicio de la admiración se requiere el coraje y la humildad, que aquí faltaron.
Al error de enfoque, vulgarmente cómico, debe sumarse esta sarta de desatinos. Nunca Lorca quiso que se le tildara de gitano; acá se monta un tablao flamenco cuando estos personajes son campesinos de tierras secas en una tragedia rural.
Esa madre, nunca vistió de otro color que no fuera el negro. Y sobre todo nunca bailó. Sin embargo, a pesar de ello, en el único momento en que la luz de Lorca ilumina el Solís, es cuando la eminente Estela Medina hace lo suyo, bajo ninguna dirección más que la de su propio, extraordinario talento.
No existe coherencia alguna en el espectáculo, ni unidad de estilo.
Cada quien hizo lo que quiso y brilló la ausencia de una mano directriz que tuviera claro su pensamiento y su idea de una puesta en escena. Porque pienso que esa empresa debe ser «algo» mucho más allá de golpes de efecto, algunos de ellos bien logrados, como los aspectos plásticos y de iluminación.
Quiero también destacar que además de Medina, el resto del elenco hace lo que puede, con su reconocida solvencia profesional y disciplina que, en este caso, creo que pecó de excesiva. ¿Acaso nadie vio, durante los ensayos que llevaron meses ni los actores, ni la dirección artística, ni los contralores administrativos lo que se estaba perpetrando?
¿Qué valores guardamos, qué les legamos a las generaciones que nos sucederán? ¿O acaso estamos ante el surgimiento de una nueva manifestación cultural que echa por tierra el indeclinable valor de la tradición y la calidad, para canjearlo por el arriesgado concepto del «todo vale» y «todo es cultura»? Entonces deberíamos también admitir dócilmente la lapidación de la justicia talibán para la mujer adúltera, o la ablación del clítoris de las muchachas en ciertas tribus africanas.
Los derechos humanos también incluyen los derechos de la Cultura.
Esta carta la he escrito bajo mi entera responsabilidad y ante el pedido de algunos amigos y conocidos. Con lo que queda expresada una frustración y disgusto no sólo a nivel individual sino colectivo. Por último, siento que la despedida de Estela Medina de La Comedia Nacional, se merecía otro marco. Ella es, por todos sabido, una de las glorias de nuestra cultura, reconocida también fuera de fronteras. Tanto placer estético nos ha regalado durante su luminosa trayectoria, que todos los uruguayos le debemos el mayor de nuestro reconocimiento y respeto. Aunque ella no se despedirá jamás del teatro, porque en su personalidad se encarna lo más noble de ese arte.
Y ante el punto final de esta carta, aclaro que sólo he pretendido manifestar mi desazón y desaliento; de ninguna manera deseo abrir debate o discusión alguna. Quiero sí, dejar bien claro mi respeto a la Poesía, al Arte, a Federico y a Estela Medina.
Jorge Arbeleche
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Desde que asumió este gobierno no se ha elaborado ni una sola política que afecte directamente a las capas más bajas de la población, y por el contrario la gran mayoría de las impulsadas, buscan de una manera u otra una mejor distribución de la riqueza. Ha tenido especial preocupación por sostener y desarrollar la mayor protección de los Derechos Humanos y ha fortalecido las libertades democráticas.
Impulsó además varias normas de reconocimiento de nuevos derechos a las minorías. El sistema de salud, que se está creando, es otra forma de distribuir la riqueza en el país. La derecha critica todas las medidas que se toman y eso muestra una doble coherencia. Ellos son coherentes porque en cada medida, ven disminuidos sus privilegios y lógicamente protestan. Un ejemplo típico es lo que ocurrió con el IRPF; pocas veces se mostraron tan unidos en una causa defensora de sus intereses. Y también muestra la coherencia del gobierno, cuando dice una y otra vez que su objetivo es el crecimiento del país con distribución simultánea, para la disminución de las iniquidades. Algunos en la izquierda critican al gobierno porque no lleva adelante las consignas de tiempos anteriores. Y en ese sentido se puede enumerar, el no pago de la deuda externa, la reforma agraria, la nacionalización de la banca, el control estricto a las inversiones, el aumento impositivo a las ganancias, el control de precios, la cooperatización de algunas empresas, más impuestos a las exportaciones e importaciones, etc, etc. Algunas de estas medidas serían aplicables en una etapa muy próxima al socialismo. Y el único lugar del mundo donde aún se puede decir que exista el socialismo es en Cuba, país que hizo su revolución en 1959. Las últimas décadas han mostrado precisamente lo contrario. Innumerables países han dejado la vía socialista, tal cual se considera en algunos sectores de nuestra izquierda. El Frente Amplio no es una fuerza socialista, es una formación democrática, popular y solidaria y debe desarrollar al país y a los
uruguayos en este sistema capitalista, con tan irritantes defectos, que afectan a la gran mayoría de los habitantes de este planeta. Pero el Frente Amplio debe gobernar en esta etapa histórica y en este lugar del mundo, y para eso está usando al máximo las herramientas que legalmente pone en sus manos el sistema de normas uruguayo. En ese sentido este gobierno, utiliza al Estado como palanca fundamental para llevar su lucha, no contra las ganancias de unos, sino contra la pobreza de muchos. Es un proceso necesariamente evolutivo. La revolución deberemos hacerla en nuestras mentes para adecuarnos a la etapa. Seguramente, luego de un rato usted mismo, lector, podría iniciar varias frases de este modo: «Es la primera vez que en nuestro país…». Todos los días nos enteramos de un hecho novedoso, que favorece al país y a su gente más carenciada. Es cierto que el país y la región atraviesan un ciclo de bonanza en las exportaciones, pero también es cierto que no es la primera vez que eso ocurre en el país, pero nunca fue tan palpable para la gente ese crecimiento simultáneo en su propia calidad de vida. Esto se debe, claro, a que el Frente Amplio está gobernando para las mayorías. El uruguayo común, el que todos los días va a su trabajo, o los que han empezado a tenerlo ahora, están tranquilos, saben que los ministros de la primera etapa o estos, todos, tienen la misma consiga: trabajar, desarrollar propuestas, elaborar políticas, siempre con el mismo objetivo, las grandes mayorías postergadas. Por eso la derecha se enoja, por eso protestan, por eso hacen el ridículo frente a la Corte.
Faltaron las velas en esa profesión de fe para que fuera rechazada una de las herramientas más necesarias en la política distributiva. Lo tenían claro, no les importó el papelón, algo tenían que hacer para presionar un poquito más. Compañeros frenteamplistas todos, en octubre de 2009, nos jugamºos los avances conquistados y el futuro de varias de las generaciones que vienen detrás, porque si no nos sabemos parar, podremos retroceder a décadas de injusticias, de hambre, desocupación y miseria. Ya terminó el tiempo de variar la perdiz, de los perfilismos, de las chacritas. Hasta ahora el gobierno jugó solo, es hora que todos saltemos al campo. Es por los chiquitos que vienen, que te escribo, ¿me entendés?
LUIS FERNANDEZ
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