TIENE LA PALABRA

Escribo por primera vez para plasmar mi más profundo interés en hacer llegar a todo el mundo la necesidad de cooperar contra las drogas mortíferas de esta sociedad, más claramente hablando pasta base. Manejar la realidad de que está al alcance de todos, al acecho y sólo con una o dos pruebas ya comienza el exterminio del sujeto, que ya de por sí estaba mal al acercarse (emocional, cultural, económicamente, etc). Lo deja hecho una piltrafa humana, sin salida y sin más que vagabundear y robar hasta el final.

Plantear que este gobierno, al cual apoyo con claridad y objetividad, está combatiendo de una manera equívoca, al manejar junto con otras drogas menos letales que existen aquí, por lo menos desde los 60 con miles consumidores en aquellos tiempos y que no deterioran al ser humano, al menos por los conocidos de nivel terciario que se destacan por sus condiciones humanas y filosóficas. Totalmente normales.

Creo que esto viene mal manejado por desconocimiento, no creo que como en el gobierno anterior por intereses de mercado. Pero como leí en un artículo en este diario que se retira toda la marihuana y no se logra quitar la pasta base, se comete la negligencia de dejar sólo esta sustancia a mano de jóvenes que «necesitan» consumir porque es su realidad.

Sugiero primero penalizar con tipificación de homicidio intencional al que vende pasta base y aflojar políticamente la presión sobre la marihuana, deteniendo sí al que tiene en su poder una cantidad comercial, pero no a quienes adquieren para consumo responsable y lo pueden demostrar.

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¿Dos tendencias sindicales?

Señor Director de LA REPUBLICADr. Federico Fasano Mertens

El viernes 2 de mayo del corriente año leo el título del editorial del diario que leo todos los días, y me llama, me reclama, con una fuerza de la que no puedo escapar, a examinar críticamente este concepto: «Dos tendencias sindicales». Bueno yo creo que no, que no existen dos tendencias sindicales, sino que existe una central sindical, única y reconocida y como prueba de esto está el pedido de la dirigencia de Adeom para mediar entre estos y el ejecutivo de la Intendencia.

Valga también como prueba el hecho de la representación real en cuanto a la suma de sindicatos que existe en el PIT-CNT como a la cantidad de representados; es decir, los cientos de miles que con discrepancias o no, hacen la fuerza indiscutible demostrada ya sea en los paros convocados cuando hay necesidad, como en los logros obtenidos, tanto en el aspecto salarial, como en el tema de los derechos humanos y en todos los temas que hacen a la plataforma de la central. Hay sí, discrepancias y hasta forma y lenguaje con que se expresan, pero se cae siempre en las mismas: ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién se anima a ir más allá?

Incluso si hubiera alguien que lo deseara (que lo hay), sopesará salvo que sea loco, o que haya muchos pesos por delante (o por detrás), que tendría que enfrentarse a una de las expresiones más históricamente conocidas y empecinadas por su valor real y su peso: la unidad, forjada en la lucha sin cuartel, de decenas de años, y sangre derramada, y la coherencia de su línea y su equilibrio sin locuras ni arrebatos radicales. Sí, existen otras tendencias, más todavía: si hiciéramos abstracción de los actos del día 1º de mayo, diríamos que hay tantas como gente caminando por 18 de Julio. Porque cada cual tiene una idea distinta a la del otro. Por ende, cuántas centrales sindicales habrían si no supiéramos que la unidad es la clave, y es el elemento que han entendido vital los trabajadores uruguayos y que junto a la coherencia la hacen imbatible. Y por si fuera poco y no alcanzara, diríamos que este pueblo sabe de democracia sindical y de respeto por lo que piensa el otro. Por eso es indestructible esta tradición que se llama PIT-CNT.

Lo que no quiere decir que no hayan intentos, y gente que quiera hacer un contra-acto el 1º de mayo y obtengan la presencia de algún distraído, a la prueba está la infeliz respuesta a esta convocatoria: la foto lo dice todo. Es decir, hay divisionistas y no hay que descuidarse, pero discrepo totalmente con que a ésta se la pueda llamar otra tendencia, si no es el autodenominado título tendencia clasista y combativa.

Por otro lado y en el mismo editorial, se menciona una «jaqueada» al gobierno desde un campo aliado. Pienso que quienes conforman el gobierno actual, saben «con los bueyes que aran» y que no son aliados ni nunca lo serán, aquellos que por una razón u otra, se meten a divisionistas, rechazando la idea de ayudar a recomponer nuestro «paisito». Siempre encontrarán el pelo al huevo y nunca se embarcarán en este hermoso envión latinoamericano. Hoy estarán contra este gobierno, mañana por alguna razón estarán contra Cuba. Y esto es una cosa y lo del título es otra.

ROBERTO GRETTER C.I. 801.052-8

P.D.: Saludos por  20 años del diario.

 

Dí simplemente no

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Solamente la situación del sistema carcelario justifica ampliamente la despenalización del consumo de marihuana. Pero además, hay otras razones.

Un integrante de la Junta Nacional Antidrogas, dijo recientemente: «No es cierto que (la marihuana) no hace nada». Esa afirmación es totalmente irrebatible, y de hecho nadie la discute. Si la marihuana no hiciera nada, nadie la fumaría ni nadie estaría buscando fumantes para enviarlos a prisión.

El verdadero problema es muy otro, y es en qué medida se justifica enviar presos a personas que fuman marihuana, crear un mercado negro de la droga dando amplio lugar a comerciantes inescrupulosos, y crear una impresionante burocracia que es carísima para ocuparse del problema.

Pero esto solo es el comienzo del desastre antidroga.

Tampoco se justifica criminalizar amplios sectores de la población entre el público juvenil, y principalmente entre los más pobres, más perjudicados y más desesperados de ese público.

Tampoco se justifica separar a la sociedad civil, y marginalizar a una parte de ella con relación a una droga liviana que ni siquiera causa adicción.

Desde luego que nadie aquí está obligado a mostrar resultados.

Se supone que en toda guerra alguien tiene que perder y alguien tiene que ganar. No en la guerra a la marihuana.

Solamente vemos algunos partes policiales con alguna droga incautada. El consumo crece en forma geométrica, y esto es algo que a nadie le gusta mencionar: Si la lucha contra la marihuana es una guerra, hace rato que las oficinas la tienen perdida.

No ignoramos que el tema es mucho más amplio que la marihuana, y que están las drogas pesadas (incluso el alcohol), que debieran tener otro tratamiento, pero eso debería quedar muy claro que tiene que tratarse por separado.

Volviendo al tema de la marihuana, sus efectos posiblemente no sean muy saludables para personas sanas, como el tabaco, los chorizos y hasta el propio asado. Pero lo que se está hablando realmente es de mandar presa a la gente que fuma marihuana, que es algo muy diferente al carácter saludable o no de la droga. Además, parece innegable, que la marihuana tiene efectos beneficiosos en casos particulares y puede ser un valioso auxiliar médico. Ese espacio terapéutico, no es ocupado por nadie por razones de rigidez de las reglamentaciones.

En Estados Unidos, muchos Estados, inclusive algunos de importancia como California, han aprobado plebiscitos legalizando el consumo de marihuana, los que hasta ahora no tienen efecto obligatorio, porque todo el tema de las drogas es un tema federal, y la federación sigue criminalizando su consumo.

Norteamérica está pagando un precio carísimo por su miope política antidrogas. Solo basado en las drogas están más que duplicando la media mundial de encarcelamiento.

Si bien la droga (toda) es un formidable
enemigo de la democracia americana, el manejo antidroga es un enemigo francamente superior.

Pero las instituciones suelen estar en manos de gente a quien le importa un bledo la democracia, y que, si se les deja, pueden llevar este enfrentamiento que alguien suele llamar guerra, hasta un final cataclísmico.

A esta gente, se le debe enfrentar, no en forma violenta, sino como hicieron los manifestantes por la legalización de la marihuana recientemente: «Solo di que no». Al menos mientras haya tiempo.

Carlos Aparicio //aparicio.edu.uy

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