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Pido disculpas por no haber podido leer antes las actas (versión taquigráfica) de la sesión del día 2 de abril de 2008 de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Senadores referida a la audiencia con la Asociación de Funcionarios de la Cámara de Senadores (Afucase) que está disponible para el público (como tantas otras) en la dirección de Internet que titula esta columna.
Como atenuante debo decir que no integro dicha Comisión y que sucesos de pública notoriedad han ocupado mi escaso tiempo disponible en esta primera quincena de abril.
Como podrá ver fácilmente la ciudadanía internauta, la audiencia estuvo referida a tres reclamaciones de Afucase ante el Senado: su relación con el Fonasa; la equiparación entre los funcionarios de ambas Cámaras y el seguro de salud de los hijos mayores de veintiún años.
En un pasaje a mi juicio crucial de ella, el señor Sergio Cleffi, presidente de Afucase, dijo:
Asimismo, no queremos que nuestra relación con el Senado se dé a través de la prensa. Nosotros no salimos a responder a lo que los señores legisladores dicen sobre nosotros. ¿Por qué no lo hacemos? Porque, para nosotros, pegar en algo que puede ser duro es, también, debilitar las instituciones, y no nos parece lo correcto. Acá se sabe todo, se conoce todo, se manejan todas las cuentas y números y se ven todas las cifras, con lo cual se podría llegar a pegar fuertemente en ese tema cuando se hace lo propio con nosotros, pero no creemos que eso le haga bien al sistema y por ello nos hemos mantenido en silencio. Queremos decir a los señores senadores integrantes de esta Comisión que no entendemos por qué se siguen utilizando los medios de comunicación masiva para contestarnos o para decir cosas sobre nosotros, ya que eso no es constructivo y genera en la gente un estado de alteración que a nosotros, como gremio, nos resulta muy difícil contener. Obviamente, con esto aludo a las declaraciones que sistemáticamente hemos escuchado y recibido hoy y siempre por parte de distintos miembros del Parlamento, aunque es la primera vez que lo planteamos públicamente. Esto se viene dando desde el año 1985, aunque es cierto que por aquellos años no existía el gremio.
Más adelante, el señor vicepresidente de Afucase, Daniel Arsia, reiteró:
Simplemente quería remarcar lo expuesto por el compañero Cleffi en ese sentido, porque a veces las personas no sólo se mueven por el dinero, y muchos sentimos la dignidad tocada con ese tipo de declaraciones. Es más: la prensa facilita los micrófonos si los titulares son grandes y se provoca el circo, pero no tenemos ese tipo de ánimo; ni queremos poner piedras en el camino o palos en la rueda de la democracia, del sistema político, ni del Senado, pero hay puntos en los que la tolerancia y la paciencia llegan a un límite. A pesar de que no queremos incurrir en ese tipo de respuestas, lamentablemente vemos cada vez más cercana esa posibilidad. Se trata de una expresión honesta de nuestra parte, para que los señores senadores evalúen en qué ámbito nos estamos manejando.
Como es obvio me siento aludido. No puedo no sentirme así. Públicamente aludido desde que estas actas son por suerte del dominio público y, entre otras cosas, se levantan para ello: para que todo el mundo se entere.
Me siento también clarísimamente amenazado. En perfecto idioma español y como para que nadie tenga dudas.
Percibo, además, el intento de un amordazamiento.
Y creo entender que, si me callo obedientemente como se me pide, no se darán a conocer cosas muy feas acerca de los demás senadores y de mí, que montan tal gravedad como para poner en riesgo las instituciones.
Y, por fin que, si acepto esa especie de chantaje, podremos seguir siendo felices cómplices. Acomodados usufructuarios de las «cosas feas» que permanecerán ocultas y en paz.
Debo aclarar que soy senador de la República. Electo.
A esta altura de la columna conviene aclarar ambas cosas. O recordarlas. Porque se han trastocado como en «El país de las maravillas».
Digo, por respeto a quienes represento, que rechazo terminantemente toda amenaza, advertencia e incluso aviso acerca del tamaño de la paciencia de nadie ni de nada. No me pienso ir a la cama luego de orinar.
Declaro que seguiré escribiendo y hablando de lo que se me antoje.
Y por fin exijo que si algún funcionario del Senado de la República tiene algo que denunciar respecto a mi persona o a la de cualquier otro senador, lo haga.
Por otra parte está obligado como lo estamos todos quienes ejercemos la función pública.
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