Controles. El MSP no halló ratas en el barrio donde vivía el joven; la empresa en que trabajaba seguirá bajo supervisión

Familia de trabajador que murió de leptospirosis demanda por US$ 300.000

Con la voz quebrada y los ojos llenos de lágrimas, Omar Morales, padre de Ruben Eduardo, más conocido en el barrio como «Quico», dijo a LA REPUBLICA: «A nosotros no nos interesa la plata.

Lo que quiero es que se acuerden de mi hijo, porque con plata no lo revivo. No llevo la plata al cementerio y me lo traigo. La única forma de que se acuerden es haciendo algún tipo de problema, para que tomen un poquito de conciencia. Esto que pasó fue por negligencia, por ahorrar algunos pesos, por no fumigar o por no darle importancia. Quiero que cuiden a la gente y que esto no pase más». LA REPUBLICA visitó ayer la casa donde vivía «Quico», junto a sus padres y cuatro hermanos, en el barrio Punta de Rieles. Allí sus padres, quien aún no asimilan su pérdida, contaron lo que hace un mes comenzaron a vivir.

 

Doloroso proceso

«El empezó con que la comida le sabía amarga. No comía, se sentía cansado, le dolía la espalda y la madre le daba masajes, pero creíamos que se debía a las cargas muy pesadas que levantaba en el trabajo. Después tuvimos que llamar al médico, lo internamos y a los tres días se nos fue», contó Omar Morales. Su hijo fue internado el jueves 13 de marzo y en la madrugada del lunes 17 falleció a causa de haber contraído leptospirosis.

«Quico» había conseguido hace un año, gracias a unos amigos, trabajo en la empresa Rotondaro, que se dedica al reciclaje de cartón y papel y está ubicada en Zum Felde 2274. Su padre, que es quien, quizás por fortaleza anímica, prefirió llevar la voz cantante, narró: «Sabemos que fue una tragedia, una casualidad, pero lo importante es que esto no vuelva a ocurrir, porque estamos convencidos de que fue por negligencia». También recordó lo que su hijo muchas veces les contaba al regresar del trabajo.

«En el lugar hay muchísimas ratas. El venía y contaba que hasta jugaban al fútbol con las ratas. Les decían parrilleras, y hasta los gatos les disparaban».

Los padres también dijeron que, según saben, en noviembre del año pasado otro operario de la fábrica también contrajo leptospirosis e incluso estuvo internado.

En febrero se dio otro caso, pero fue más leve.

Laura, la madre de «Quico», comentó que en el año en que él trabajo en la empresa «nunca vio o supo que fumigaran»

Uno de los aspectos que los abogados de la familia subrayan es que a los trabajadores no se les brindan los elementos necesarios para evitar este tipo de contagios, como por ejemplo cubrebocas. «Todavía tenemos el uniforme, que es un pantalón, una remera, una camisa y un gorro. Nunca les dieron tapabocas», dijo el padre de «Quico».

 

Demanda

Uno de los abogados de la familia, el doctor Rafael Silva, dijo a LA REPUBLICA, que en menos de dos semanas se realizará la audiencia de conciliación, en la que se notifica a los demandados del inicio de la acción por «daños y perjuicios». El basamento de la demanda es que el muchacho habría contraído la enfermedad en el trabajo y que fue por negligencia de la empresa. «Vamos a acreditar en la demanda que se enfermó en el trabajo y no, como dice la empresa, que pudo haber sido en su casa o en su barrio, pues allí el Ministerio de Salud Pública (MSP) hizo un relevamiento y no se encontró nada», aseguró Silvia.

Sobre este punto, LA REPUBLICA contactó a la doctora Raquel Rosa, directora de la División de Epidemiología del MSP, quien confirmó que se hicieron relevamientos en la casa y en el barrio donde vivía el joven y que no se encontraron ni ratas ni cepas.

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