Loco, loco, loco
El Chiquito Otegui estaba leyendo el diario, con la damajuana de clarete al lado, a medio llenar. Movía la cabeza a un lado y otro. Así lo encontró Ruedita, primero en asistencia.
-¿Qué pasa, vo’?
-Es que no entiendo… Yo me considero un tipo leído, trato de informarme para entender, pero…
-¿Qué cosa’? preguntó Ruedita, luego de darle un sopapazo a la damajuana, sacando ventaja de la distracción del otro.
-Primero veo a estos dos, Sanguinetti y el viejo Jorge, a los chupones…
-Y… ¡e’ la fórmula, mago!
-¡La fórmula, las pelotas! gritó el Chiquito que, de reojo, advirtió que el clarete había bajado y sacó la damajuana del mostrador. -¡Si pudieran se arrancarían los ojos, con lo que se odian!
-Bue’… tené razón… ¡si uno ya e’manco!
-¡¿Cómo?!
-¿Al Valle no le sacaron uno e’ lo’ do’ brazo’?
-¡Con vos no se puede hablar, pedazo de idiota mal terminado! chilló Otegui, para quien la política era cosa seria. Lo que no entiendo es adónde quiere ir el Partido Colorado con estas cosas…
-¿A la mierda…? preguntó Ruedita, humildemente y con pudor.
-Mejor hablemos de otra cosa… Lacalle, por ejemplo…
-¿Y ahora qué cagada hizo el Cuqui?
-No, al contrario… -contestó el Chiquito-, la idea no es mala. Pasa que suena medio rara…
-¿Cuál e’?
-Quiere formar un movimiento distinto de los viejos partidos políticos, más parecido a la sociedad que vivimos…
-¿Una socieda’ nónima?
-¡No, inválido mental! El dijo que debía ser algo parecido al Espacio 609 del Frente…
-¡Ah, ‘tonce Horacio Ferre’ tenía razón…!
-¿Quién? preguntó el Chiquito, más desorientado que Ehrlich frente a un contenedor del centro.
-¡El de la ladrada…!
-¡…ah, ya sé! ¡Balada, pelotudo, balada!
-¡Ése, ése…!
¿Y qué dijo Horacio Ferrer que tenga que ver con esto?
-¡Loco, loco, loco…! ¿’Tendé? ¡Tres vece’ loco, Chiquito…!
Otegui se dio cuenta de que por primera vez en su vida no sabía qué decirle a Ruedita y, como homenaje, subió la damajuana y se la dio sin cargo.
Compartí tu opinión con toda la comunidad