LA NOTICIA Y SU PRETEXTO

Tener razón no siempre es reconfortante. Hay veces en las que uno hubiera deseado equivocarse, pues siempre es preferible tragarse las palabras que oficiar de pájaro agorero.

Tal es el caso. La semana pasada, en esta misma columna, escribí algunas reflexiones generales a propósito de los rumores. Por piedad, o por no tener los arrestos suficientes, preferí no detallar la sarta de bolazos que por estos días atraviesan a la sociedad uruguaya. Al parecer los oscuros maquinistas ya han echado a andar la locomotora. No termino de desmenuzar los objetivos finales de esta campaña, aunque imagino varios niveles de interés y de ambición: económicos, políticos e ideológicos.

La piedad debe dejar paso a la transparencia. A propósito del asunto, un conocido periodista me dijo el viernes de noche que esos bolazos tenían «olor demasiado rancio» y que le recordaban otras épocas. No quiero hacer especulaciones, sino advertir acerca de la gravedad de este proceso, que seguramente habrá pasado inadvertida para muchos.

Sólo así –hablo de la distracción, el atolondramiento– puede explicarse la insólita práctica establecida por algunos medios de comunicación muy importantes, que levantan el rumor y le otorgan un estatus de credibilidad y certeza que, por sí misma, la especie nunca podría alcanzar. Hace unos días, el lunes de mañana para ser más exactos, un usuario del portal de Montevideo.com, en un comentario enviado a raíz del paro de Adeom, señalaba su indignación y proponía «ir a tirar la basura a la explanada municipal». A ese comentario le siguieron otros, de diverso tono y con distintas posturas y lenguajes.

Hasta ahí todo normal. En el libérrimo juego de las páginas web se lanzó la idea, fue comentada, festejada o denostada. Pero esa misma noche, es decir el día lunes 7 de abril alrededor de las 22:30, comenzó otra jugada. Mientras asistía a una sesión de la Junta Departamental de Montevideo me llamaron dos periodistas de dos medios distintos para comentarme que, a esa hora, estaba «circulando» un mail que exhortaba a la gente «para que vaya a tirar la basura a la explanada de la Intendencia». El resto de la noche, como podrán imaginarse los lectores, no fue muy apacible para quien esto escribe. Durante casi cuatro horas varios compañeros nos dedicamos a sondear en diferentes ámbitos la profundidad de esa «exhortación». Lo hicimos a través del teléfono. Realizamos en total más de quinientas llamadas telefónicas a usuarios habituales de correo electrónico, gente de muy diverso pelo político, de distintas profesiones, edades, lugares de residencia y hasta de muy diverso dominio en sus direcciones de mail. El único denominador común era que alguno de nosotros conocía y tenía buena relación con la persona, la suficiente como para preguntarle si había recibido ese mail. El resultado fue que en total detectamos a ocho personas (curiosamente eran ocho varones) que habían recibido el mensaje, el cual ya era una versión muy mejorada del original aparecido en la mañana en Montevideo.com, lo que lleva a imaginar que la idea fue recogida y retocada en el transcurso de la jornada del lunes.

Es claro que nuestras gestiones telefónicas de esa noche no tienen valor estadístico alguno. Pero también resultó evidente en la madrugada del martes 8 de abril que la «exhortación» tenía a esas alturas un alcance por demás limitado, y que en todo caso solamente había llegado a algunas decenas o cuando más a un par de cientos de destinatarios, en un universo de cientos de miles de usuarios. Sin embargo, a la mañana siguiente varios diarios brindaron la noticia con gran destaque: «circula un mail llamando a tirar la basura en la Intendencia». Yo puedo afirmar categóricamente que, desde el punto de vista semántico, la noticia era exacta, es decir que sí circuló un mail en el que sí se llamaba a la gente a realizar ese acto. Ahora, también debería analizarse si en lo conceptual la información era verdadera. La relevancia y difusión que tuvo esa noticia (los diarios la publicaron de forma destacada, muchas radios levantaron la nota, algunas abrieron los micrófonos para que los oyentes opinaran al respecto) constituyó un formidable eco amplificatorio de la iniciativa. Al fin y al cabo, fueron algunos medios de comunicación los que terminaron convocando a los vecinos a arrojar la basura en la explanada municipal. La ocurrencia adquirió una notoriedad fulminante aunque, curiosamente, después se desinfló hasta convertirse en nada. Al final fue un pretexto.

Es sano y necesario que cada periodista y cada medio valoren a su aire los contenidos con los que llenan páginas o minutos o bytes. Lo que es discutible –y como todos sabemos en algunos casos hasta punible– es la forma en que se ejerce semejante responsabilidad social. En el caso concreto, no se trataba de una iniciativa tomada por una persona o por un grupo identificado, sino de un panfleto electrónico anónimo que, además, incitaba a la comisión de actos que, cuando menos, resultarían en graves perjuicios para la salud de la población y para el normal funcionamiento de la vida social. El férreo acatamiento de la autoridad pública ha sido celosamente guardado y vigilado durante muchísimos años por los grandes señores de la comunicación. Los dueños de esos medios fueron por décadas verdaderos celadores del acatamiento a la autoridad. Sin embargo, en el caso que nos ocupa, no hubo ni desvelo ni cuidado. Ningún vigilante de la seriedad profesional en los medios de comunicación refirió el asunto. Muy por el contrario, se cebaron en él. Como si fuera un chiste, o peor, una nueva forma de hacer política.

Hubo otros rumores en las dos últimas semanas, a saber: que el intendente de Maldonado había muerto, que el de Montevideo iba a renunciar, que Mauricio Rosencof anunciaría una alianza política con Fernández Huidobro, que el presidente Vázquez tenía «listo» el decreto de esencialidad de los servicios de recolección de residuos, y pongo un etcétera para no excederme en el espacio de esta página. Todos esos rumores tuvieron varios elementos comunes. El primero de ellos es su falsedad. Esto, que puede resultar una obviedad, no lo es en absoluto, pues en muchas ocasiones los rumores son el resultado de informaciones veraces que no encuentran otro cauce para ser difundidas. En estos casos se trató siempre de feroces mentiras. El segundo elemento común es que todos los rumores fueron de carácter político. Resulta frecuente que circulen especies referidas a la vida íntima de algunos personajes públicos, y que esas anécdotas se mezclen con otras sobre movidas económicas secretas, y también que aparezcan en algunos mentideros versiones falsas sobre hechos políticos. Lo que es infrecuente, y alarmante en este caso, es que todos los rumores refirieran a la vida política uruguaya. Y doblemente alarmante es que todos tengan como sujeto al partido de gobierno y a sus principales figuras. Ese es el tercer elemento común: la izquierda es el blanco único de esas versiones. En efecto, no ha habido en ninguno de los bolazos ya citados otro daño posible que no sea a la izquierda en el gobierno. Los dardos tuvieron siempre una trayectoria preestablecida muy clara.

Es mi opinión que este estado de cosas es perjudicial para el ánimo de la sociedad. Afecta el discernimiento de los actores políticos, y altera la forma de ponderar los hechos por parte de la ciudadanía. No es bueno para la convivencia de una comunidad. No es útil para los ajetreos del presente, pero tampoco es bueno para el futuro. La historia, empecinada, así lo demuestra.

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