El 23% de las muertes del mundo se debe a factores ambientales
vulnerable al ser humano frente a las enfermedades y hacen reaparecer patologías relacionadas. Los expertos aseguran que se puede frenar el cambio climático con actitudes personales.
«La influencia del cambio climático en la salud va mucho más allá de lo que se percibe en la vida cotidiana. Tenemos cambios directos e indirectos», explico a LA REPUBLICA el representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), doctor Fernando Dora.
Influencias
Los cambios directos están relacionados, por ejemplo, con la radiación solar excesiva y el estrés generado por las temperaturas extremas. Los indirectos son todavía más importantes. Se trata de consecuencias de las inundaciones, las sequías o la tropicalización del clima. Los cambios drásticos del clima han logrado que ciertos animales e insectos que no son autóctonos se desplacen y afecten la salud de los seres humanos, la producción de alimentos o la calidad del agua.
«El cambio de hábito para cuidar nuestro entorno tiene que empezar hoy, para que nuestros nietos y descendientes puedan contar con un ambiente un poco más saludable», indicó Dora.
Actitudes personales
Según el representante de la OPS, el cambio no es sólo político, sino también personal. «En general cada uno cuida el ambiente solamente cuando hay una crisis. Pero se puede cambiar de actitud, como lo hicieron los uruguayos en referencia al tabaco», afirmó.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ayer cumplió 60 años de vida, el 23% de todos los fallecimientos en el mundo se debe a factores ambientales. Los factores climáticos influyen drásticamente sobre varias patologías, como los cuadros respiratorios, diarreas, problemas cardiovasculares e infecciones, entre otras.
También traen consigo vectores como los mosquitos, que trasmiten el dengue y la fiebre amarilla, y los ratones, que traen, por ejemplo, el hantavirus y la leptospirosis.
El director general de Salud, doctor Jorge Basso, realizó una reseña de los eventos climáticos recientes que han traído consecuencias al país. En agosto de 2005 una tormenta ocasionó víctimas humanas y pérdidas económicas.
En mayo de 2007 tres departamentos se vieron seriamente inundados con más de 110.000 personas afectadas y 12.000 evacuados. En ese mismo año Uruguay sufrió el invierno más largo que se registra y, como consecuencia, el centro hospitalario Pereira Rossell vio incrementada fuertemente la cantidad de ingresos de niños sanos con cuadros respiratorios.
Por su parte, el ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, ingeniero Carlos Colacce, propuso tres grandes cambios. En primer lugar, es necesario incentivar la información, educación y comunicación sobre el tema. En segundo lugar, se requiere vigilancia entomológica sobre todos los vectores, en forma permanente y en todo el país. Por último, sugirió implementar un grupo de trabajo entre expertos de la salud y del cambio climático.
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