Mujeres
¿Viste el lío que armaron las mujeres en la feria de Tristán Narvaja? dijo el Cascarilla Batista, sacudiendo la modorra del boliche del Chiquito Otegui, que estaba en el fondo, destapando el excusado con una sopapa.
Ah, vos decís las que salieron a pedir cuotas en los cargos saltó Epifanio, que algo le había escuchado a la Sonia en la radio.
¡Pah, ‘tan locas! exclamó el Negro Collazo. ¡Si las oye mi tía Dorita o la jorobada Matilde, la amiga que es curandera…!
-¿Por…? preguntó el Facha Ruiz, rascándose la planta de los pies contra la pared de revoque grueso.
Y…pa’ ellas, las mujeres deben quedarse en las casas, cocinando y criando a los hijos…
¡Es una idea retrógrada y minoritaria, alimentada por el machismo! discurseó Epifanio, estimulado su verbo por la tercera grapa con porotos alubia que se había mandado de un saque.
¡Arriba la’ mujere’! gritó de pronto Ruedita, levantando los brazos.
Bajá las aletas, mugriento, que vamo’ a tener que pedir la coronaria le respondió Collazo, dándose aire con la mano.
¡E’ que yo la’ quiero en todo’ lado’! insistió Ruedita, que no necesitaba chupar porque hacía una semana que estaba en pedo.
De pronto todos se dieron vuelta. Entró un insoportable olor a mierda y, enseguida, el Chiquito, que no había concluido su sublime tarea en el excusado: Los estaba oyendo, guanacos. Siempre los mismos tarados. Esto se arregla con un plebiscito, que lo resuelva toda la gente…
No estoy tan seguro, che discrepó Epifanio, sin argumentar porque se atoró con la grapa.
¿Te parece? dudó el Facha.
¡Eso, eso que dijo el Chiquito! aulló Ruedita.
¿Y a vos qué bicho te picó? ¡Ni sabés lo que es un plebiscito! retrucó Batista.
¡Se vota, se vota, eso e’ lo importante!
¿Y ‘tonce?
¡Si la’ mujere’ son má de la mita’ de todo’ nosotro’! Ruedita pensaba mejor en dulce embriaguez. ¡Ganan al trotecito, nomá! Y ya te dije… ¡Yo la’ quiero en todo’ lado’! ¡Arriba la’ mujere’! ¡Mirá si engancho una!
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