LA COHESION SOCIAL EN URUGUAY
La cohesión social es un tema central para alcanzar los objetivos del desarrollo y para garantizar los derechos civiles, políticos y sociales de los ciudadanos, que definen principios básicos de la democracia. América Latina es la región del mundo con mayor desigualdad en la distribución del ingreso aunque Uruguay siempre fue el menos desigual. Ello es consecuencia de las características especiales del país, sin diferencias étnicas, con propietarios nacionales en el sector exportador que permitían la utilización interna del excedente económico y, especialmente, un temprano y precursor Estado de Bienestar que nos diferenció nítidamente del resto de los países de la región. Este Estado de Bienestar, anterior al de los países nórdicos de Europa, facilitó un alto grado de integración social derivado de las acciones en materia de educación, salud, vivienda y seguridad social.
La cohesión social presenta una estrecha relación con las desigualdades sociales. Estas derivan de diversos factores, entre los que destacan:
a) Las relaciones de poder, con mucha influencia de los factores internacionales, que permiten a determinados sectores apropiarse de beneficios económicos relevantes. Pero además las relaciones de poder influyen decisivamente en el accionar del Estado, que en muchas ocasiones son un reflejo de las mismas.
b) La concentración de la propiedad de los medios de producción es otro factor relevante en la distribución del ingreso. En el futuro puede pesar la concentración que se está originando en la propiedad de la tierra, inclusive modificando la relevancia de los propietarios nacionales en la medida que ahora deriva de propietarios extranjeros.
c) La heterogeneidad estructural y productiva donde conviven simultáneamente actividades de alto nivel de productividad con actividades de muy bajo nivel de productividad. Esto nos lleva a dos consecuencias relevantes sobre la distribución del ingreso:
i. La existencia de empleos con alto nivel de productividad y empleos con muy bajo nivel de productividad. Se originan también los problemas de precariedad, subempleo e informalidad, que son muy relevantes para interpretar las causas de las desigualdades.
ii. Las diferencias salariales derivadas de las diferencias en los propios niveles de productividad. En ellas pesan también las relaciones de poder, la fuerza de los trabajadores y la propia acción del Estado.
iii. Los niveles de empleo productivo y de salarios son determinantes para el análisis de la distribución funcional del ingreso, o sea para analizar la participación de los salarios y de las rentas de capital en el PBI.
d) El papel central del Estado, especialmente a través del gasto social, para atender los problemas de la pobreza e indigencia, de la educación, de la salud, de la vivienda y de la seguridad social.
e) En la actual coyuntura sectores de la exportación se ven muy beneficiados por los altos precios internacionales. También los importadores se benefician de la actual política cambiaria.
Hay que tener en cuenta todos estos elementos para interpretar la concentración del ingreso en el modelo chileno y, de acuerdo a nuestra visión, en el Uruguay de 2007, donde la distribución del ingreso se hace más regresiva.
El Uruguay de 2008 presenta características estructurales vitales para el diseño de las políticas que buscan la integración y cohesión social, entre las que destacan:
a) Los problemas demográficos, como el envejecimiento de la población, la baja tasa de natalidad y la emigración de activos jóvenes y calificados.
b) Las nuevas características de las familias, donde además de los tradicionales hogares nucleares pasan a tener importancia los hogares unipersonales, monoparentales y las familias extendidas, a lo que se agregan las uniones concubinarias favorecidas por la aprobación de la reciente ley.
c) Los problemas intergeneracionales vinculados a la infantilización de la pobreza y a la atención de los pasivos. Como lo muestra un excelente artículo de Barreix y Roca, el 50% de los niños menores de 5 años está por debajo de la línea de pobreza y recibe sólo el 5,5% del gasto social. En el otro extremo solamente el 5% de los mayores de 65 años vive bajo la línea de pobreza pero recibe el 65% del gasto social. Roca reitera que los jubilados que pagan más por el IRPF que por el IRP son solamente el 10% de los pasivos, pero que por su nivel de ingreso se ubican en el decil más alto, o sea en los sectores más ricos de la sociedad uruguaya.
d) La historia de la seguridad social se basaba en regímenes contributivos que ahora tienden a desfinanciarse y a requerir mayores aportes fiscales. Los problemas demográficos del Uruguay actual ya analizados desmejoran la relación activo/pasivo. A ello debe agregarse la heterogeneidad productiva, que conduce a que la mitad de la fuerza de trabajo no cotice por su condición de desempleados abiertos e informales. Entre estos se encuentran la gran mayoría de los pobres, quienes al no cotizar se ven afectados de recibir la protección social más adecuada, como ocurrió con la reforma de la salud.
La atención de la cohesión social en Uruguay no es ajena a la conformación del futuro modelo de país, del proyecto país, del proyecto nacional. Está vinculada a la conformación de la estructura productiva centrada en la competitividad y el empleo productivo. La competitividad es central para la inserción internacional y el crecimiento. El empleo productivo es el elemento clave de la justicia social. La atención de la cohesión social no es ajena a que las políticas macroeconómicas deban atender estabilización y crecimiento y permitan la implementación de políticas activas, sectoriales y selectivas.
Para la cohesión social el papel del Estado es central con funciones de agente de desarrollo, de integración social y de redistribuidor del ingreso. Y esto, a su vez, está ligado a las restricciones fiscales derivadas del elevado endeudamiento en moneda extranjera y el gasto en seguridad social, que abarcan el 60% de los ingresos fiscales. Por lo tanto se vuelve imprescindible reanalizar la presión tributaria porque el gasto social es infinito; siempre se va a necesitar más para la educación, para la innovación, para la salud y la vivienda. Pero también se requiere la contribución de las rentas de capital a la reforma de la salud e inclusive, por razones de equidad, deben tener un tratamiento similar en la reforma tributaria a las rentas del trabajo. En última instancia, los sectores sociales dependientes de las rentas de capital se ubican en los sectores más ricos de la sociedad.
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